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    Efemérides - Memorias del horror

    “Tengo cierta memoria que me lastima, y no puedo olvidarme lo de Hiroshima, cuanta tragedia, sobre esta tierra” (Víctor Heredia “Sobreviviendo”)

    12 de agosto de 2023 - 02:30
    Efemérides - Memorias del horror
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    “La lucha del hombre contra el Poder, es la lucha de la memoria contra el olvido”, ha dicho el extraordinario escritor Milan Kundera.

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    Del Poder de aquellos hombres y de aquellos países que voraces, insaciables, se convierten en “Lobos del hombre”, que salvajes, inmorales, pierden todo rasgo de humanidad y son capaces de aniquilar, sin escrúpulos a miles de semejantes.

    Que el hombre sea “lobo del hombre”, es quizás, una metáfora injusta o imprecisa.

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    Tal vez Hobbes, no pensó que los feroces caninos,no matan a los de su especie, si los vencidos ofrecen la yugular como signo de la derrota.

    No pasa lo mismo en nuestra especie, a la que se suma otro espantoso rasgo, la crueldad, el goce en el sufrimiento, o al menos, la imperturbable e insoportable insensibilidad, ante el dolor del “semejante”. Aunque, para ejercer su sadismo y para exterminar a otros, la débil conciencia, necesita despojarlo de sus rasgos humanos, quitarle la igualdad en la condición de semejante, transformarlo en una molesta plaga.

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    “Nosotros no matamos personas, matamos subversivos”, decía con serenidad un asesino que ocupó altos rangos en la Dictadura Argentina.

    Cualquiera de nosotros, al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo, se puede encontrar en su cama, convertido en un monstruoso insecto.

    Esa fue la oscura percepción que Kafka desplegó en su insuperable obra literaria, “La metamorfosis”, en la que un hombre puede transformarse, a la mirada del otro, en una repugnante cucaracha.

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    Esta horrorosa intuición de la atmósfera nazi que ya asfixiaba a toda Europa, fue una realidad inconcebible para cualquier sensibilidad, demasiado poco después, cuando los perros guardianes de Auschwitz, escupían esa palabra a sus hermanas. Porque la Memoria nos recuerda que existió Auschwitz, y como dijo Primo Levi, infortunado morador del infierno, “Si existe Auschwitz, no existe Dios”. O para decirlo al modo de Discépolo “¡Dios! Busco tu nombre… no quiero que tu rayo me enceguezca entre el horror”, es la convicción o la pregunta ante la maldad humana y su capacidad de destrucción. Es que los que vinieron a salvar a la humanidad, pretendieron hacerlo arrojando dos bombas atómicas: una el seis de agosto de 1945 en Hiroshima, la otra el nueve de agosto en Nagashaki, Japón.

    Los norteamericanos no tenían una necesidad bélica, si ya Alemania e Italia estaban derrotadas y Japón desesperaba por firmar su rendición. Su “necesidad” era, como se dice, geopolítica; exhibir su poderío, la posesión de la bomba atómica, a la Unión soviética. Las bombas arrojadas sobre esas ciudades indefensas, no significaron el final de la segunda guerra mundial, sino el inicio de la guerra fría. Esta “estrategia” de dominar el mundo y la amenaza comunista, pergeñada por los “cerebros de máquina”, funcionó, como dice Juan Gabriel Vásquez, durante 4 años… ”En septiembre de 1949, la Unión soviética anunció su propia bomba”. Y nuestra época, se convirtió en una carrera por mostrar al “otro” los dientes afilados y su capacidad de eliminación, si era “necesario”, de todo el planeta, con solo apretar un botón. Y esa espantosa historia comenzó ese trágico 6 de agosto, en el que una bomba borró de la faz de la tierra una entera ciudad, con sus cientos de miles de habitantes, aterrorizados seres humanos, en cuestión de minutos.

    Fue el ocaso de Dios, y también de la fe en el Hombre. Tibets, uno de los pilotos que comandó la operación, del “Enola Gay”, vivió sintiéndose un héroe, hasta los 92 años.

    Pudo ser convencido de que lo que había allí abajo, entre las tinieblas de los gases, no eran personas, sino plagas que había que eliminar.

    Como todos aquellos que matan y reprimen a sus semejantes, necesitan deshumanizarlos y deshumanizarse.

    Hay que ver, sino, cómo se enfundan en espantosos uniformes, que los convierten en tortugas repugnantes, como se colocan cascos y escudos que los transforman en horrorosas máquinas exterminadoras.

    Etherly, el otro piloto que arrojó las bombas, se volvió loco, murió atormentado en un Hospital Psiquiátrico, repudiado por los soldados y la población de ese país que asesinaba en nombre de la libertad y la democracia.

    En la conciencia desgarrada de Etherly, tal vez se encuentre esa esperanza en Dios, que Levi perdió en Aushwitz, esa fe a la que apela Chaplin, cuando en “El gran Dictador” se dirige a la conciencia de los soldados, gritándoles que “no son máquinas, son humanos” y los convoca a desobedecer a los hombres máquina que los envía a la muerte y a matar, en nombre de sus intereses.

    No sé si tiene sentido ese llamado, desde que el hombre, como dijo creo, alguna vez Nietzsche (y sino alguien debiera decirlo) “el hombre no busca la felicidad, sino el poder”. El pacifismo, la denuncia del “crimen de la guerra” viene perdiendo, desde los inicios de la humanidad. Sin embargo, aquellos que pretendemos estar más cercanos a Etherly que a Tibets, no dejamos de manifestar, con Chaplin, nuestro deseo de luchar para “libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales. Para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

    Luchar por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad” (Chaplin ''El Gran Dictador''), aunque parezca una utopía, o precisamente por eso.

    Y recordar, con el arma de la Memoria y la búsqueda de la verdad y la justicia, los episodios en los que aparecen los colmillos afilados, la bestialidad y la crueldad del Hombre, es un deber ético en esa lucha. Y porque ese horror nos toca de muy cerca, es también urgente, conmemorar, más aun siendo Psicólogo, el día del “Psicólogo/a víctima del Terrorismo de Estado”, instituido por la Fepra (Federación de Psicólogos de la República Argentina) en homenaje a Beatriz Perosio, presidente de la institución, desaparecida por la Dictadura Cívico, Militar y Eclesiástica, un 8 de agosto de 1978.

    Su “delito” fue proclamar y defender que la salud, era un derecho de todos los seres humanos, y denunciar las injusticias y desigualdades que azotan este mundo.

    En estos tiempos de deterioro ético, donde nadie está a salvo de caer en Olvidos y negacionismos, el recuerdo y el homenaje a la Psicóloga que se jugó por la dignidad, es un acto de extrema perentoriedad.

    Sergio Brodsky

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