Las dos razones
En estas vísperas electorales, internas para definir candidaturas, o una especie de primera vuelta, según como se mire, hemos asistido a una suerte de duelo verbal entre los dos principales candidatos opositores.
Al mejor estilo del dúo Pimpinela, se lanzan epítetos cruzados Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, ambos altos aspirantes al sillón de Rivadavia (o de quien sea, según el moderno revisionismo). Lo curioso es que, a poco que se analice, ambos parecen guardar razón de sus respectivas posturas, en apariencia antagónicas.
Lo tiene Patricia Bullrich cuando sostiene la necesidad de marcar diferencias claras con el oficialismo. Es de estricta lógica que, si se cuestiona con fuerza la política oficial, debe quedar bien expuesto que quienes presentan una oferta alternativa, o son mejores, o pueden manejar mejor las cosas. Tanto desde el punto de vista ético, como de la eficacia en la conducción del Estado.
Eso es verdad indiscutible.
No es que trate de ponerme en ecléctico, pero lo cierto es que también guarda razón Rodríguez Larreta cuando sostiene que tal estrategia, si bien sirve para ganar una elección, se presenta dudosa cuando llega el momento de gobernar.
Es que más allá de lo que uno piense, lo que resulta fuera de discusión es el panorama oscuro que ha de presentarse a las futuras autoridades en el próximo diciembre: cifras alarmantes de alta inflación.
Y, casi escalofriantes al verificar los índices de pobreza y marginalidad. Algo inédito en Argentina, que rondan más de la mitad de la población
Y. para peor, casi sin un dólar o un peso partido por la mitad, en las arcas del Banco Central. Sin contar que las cuentas serán peores al momento de la transición, y encima se va acumulando deuda, externa e interna, que habrá que pagar, o re-renogociar.
A eso, sumemos los temas de seguridad, educación, droga y narcotráfico, y larga lista de etcéteras.
No se trata de ser agorero: pero, objetivamente la futura tarea de gobierno ha de presentarse muy dificultosa, casi insuperable.
No nos olvidemos que aún si la oposición logra un triunfo contundente en las urnas, - las encuestas muestran que no es seguro- en el orden nacional, podrá quizá, obtener la mayoría en Diputados, pero difícilmente en el Senado.
La mayor parte de las Provincias, estará en manos del Peronismo, así como muchas municipalidades.
También la porción más importante de los sindicatos, y con marcada influencia en grupos piqueteros, con aptitud de manejar cortes de calles o provocar barullos de magnitud.
Resulta evidente que, si no se cuenta con un consenso político sólido, y lo más amplio que fuera posible, resultará difícil salir del pozo. Frente a ello, Larreta apuesta, con fuerte argumento, a una suerte de acuerdo con el llamado “peronismo republicano”.
Pero esta expresión, replican los de Patricia ¿no es un oxímoron? ¿algo así como “helado caliente” al decir del recordado Pinti?
Parece que “a priori”, rechazarían la eventualidad de acuerdo con el “populismo”. Objetivamente, y en esto coinciden en líneas generales politicólogos y sociólogos, el republicanismo, parece la parte más floja del Movimiento que fundara ochenta años ha el general Perón. Hacer lo que es necesario en el país, sin acuerdos amplios consensuados, no será tarea sencilla.
Tampoco lo es para el que quiera acordar o consensuar con un interlocutor no del todo confiable.
Sea que se adopte uno u otro camino las dificultades se presentan enormes.
Pero ¿no están precisamente los políticos para empeñar esfuerzos en resolverlas?
Por eso, más allá del chicaneo y los mutuos dardos sería bueno que los candidatos principales de la oposición se ocuparán de ir explicándonos como harán, si les toca ganar, para mejorar, al menos en pequeña parte, la vida de sus futuros gobernados.
BERNARDO I. SALDUNA - M.I. N° 5.834.041

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