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Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo, cuando un amigo se va, queda un tizón encendido que no lo puede apagar ni con las aguas de un río”.
Mencionar a Norita es recordar alguien que a pesar de su fragilidad física, supo ser columna y baluarte de un grupo de egresados de la gloriosa promoción 66 de la Escuela de Comercio Profesor Gerardo Victorín, siempre comentando, siempre gestionando, manteniendo viva la llama de la amistad, el compañerismo, con entusiasmo, alegría y esperanza. Norita partió y la despedimos con profunda tristeza, pero como tizón encendido su legado permanece, sus valores y su ejemplo, por eso decimos hasta siempre norita. Acompañamos a sus hijos y nietos en el dolor su partida.

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