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Jorge Luis Ciucio - 27 de Junio de 2022 - Nota vista 293 veces

Maquiavelo, el pensador que alertó sobre la corrupción, el sectarismo de los políticos y los autoritarismos

Hace 495 años que fallecía el escritor, filósofo y funcionario. Por siglos lo acompañó el estigma de haber impuesto un pensamiento “maquiavélico”, cuando en realidad expuso las verdaderas características de la política tal cual era, defendió la democracia, las libertades y alertó de los peligros de la tiranía.

  No hay que dar muchas vueltas. Casi quinientos años después, hay quienes sostienen que para arreglar las crisis que enfrentan las democracias en el mundo, hay que leer a Nicolás Maquiavelo, cuya obra ofrece varias claves para los dirigentes, guiños para los ciudadanos y llamados de atención para los políticos que sueñan con un poder desmedido. Su prédica no iba dirigida a los tiranos sobre cómo manejarse con un poder ilimitado, sino que buscaba abrirle los ojos a los ciudadanos sobre lo que éstos eran capaces de hacer si no se les ponía un límite.

 Sus pensamientos escritos en el 1500, en los que daba la voz de alerta sobre las consecuencias de las malas decisiones de los gobernantes y las instituciones corruptas, harían hoy acomodarse nervioso, una y otra vez, a más de un político en su sillón en las oficinas del poder. Es verdad que entonces sus opiniones apuntaban a sus compatriotas florentinos, pero sus agudas observaciones bien pueden aplicarse a otros escenarios, aún actuales.

 Maquiavelo, quien ha sido definido como un símbolo del Renacentismo, autor impío, inmoral, referente de la concepción moderna de Estado, patriota y republicano, ¿era realmente maquiavélico?

Hijo de una familia de cierto renombre en Florencia, había nacido el 3 de mayo de 1469. Su papá Bernardo era un jurisconsulto que no tenía fortuna, pero tuvo familiares que habían desempeñado cargos de importancia en Florencia. Nicolás era un joven de mediana estatura, delgado, de ojos vivaces, cabellos oscuros, que solía tener la boca siempre apretada.

 Fue un gran lector de historia, de la que se interesaba no como pasatiempo sino para tomar sus enseñanzas y por qué no ver la forma de aplicarlas en el futuro. En su primera formación se nutrió leyendo a los pensadores antiguos, como Cicerón, Tucídides, Tito Livio, Polibio y Plutarco.

 Su primer puesto en el gobierno florentino fue administrativo. Se preocupó por alertar de los peligros que amenazaban a la democracia y cuáles eran los caminos para evitarlos. En 1506 organizó una reforma militar florentino, armando una milicia nacional y prescindiendo de mercenarios, que cambiaban de mando al mejor postor. Su obra “Diálogos del arte de la guerra” es una anticipación teórica de los modernos ejércitos nacionales. Cuando en 1512 las tropas florentinas fueron derrotados por el ejército español al servicio del Papa Julio II su nombre apareció en una lista de conspiradores. Sin haber estado realmente comprometido -sí sus amigos Piero Boscoli y Agostino Capponi- fue arrestado y torturado. “He estado muy cerca de la muerte, he soportado todos los dolores, y Dios y mi conciencia me han salvado”.

 Maquiavelo era un defensor de la democracia y los que algunos vieron en sus escritos ideas y herramientas que les daba a los tiranos en realidad eran llamados de atención para desenmascararlo frente a la sociedad. Su frase “educar al príncipe”, en realidad apuntaba a “educar al pueblo”.

 Florencia era entonces una república con mucha presencia de decisiones populares que siempre pujó con la desmesurada influencia de los Médicis, que hicieron lo imposible por manejarlo todo. El haber sido funcionario en su ciudad y una de las víctimas de las persecuciones de esta poderosa familia, lo inspiró para escribir El Príncipe, llenándolos de ejemplos de hombres que no tuvieron escrúpulos para llegar al poder, tal vez empezando por un tal Juan de Médicis, que se había convertido en el Papa León X.

 Cuando asumió León X, no tardó en ser nuevamente arrestado y confinado en la granja familiar en San’t Andrea en Percussina, en el municipio de San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros al sur de su Florencia natal. Lo acompañó su esposa Marietta Corsini, sus cuatro hijos y sus aventuras extra matrimoniales.

 Para “El Príncipe”, se inspiró observando a la gente que iba a la posada “L’ Albergaccio” (La mala posada) contigua a su casa, donde concurría todas las noches después de cenar, vestido con ropas comunes. Se sentaba en una mesa al fondo, junto a la chimenea. “En compañía habitual del posadero, de un carnicero, de un mozo del molino y de dos peones de las canteras, me encanallo todo el día con ellos jugando a la cricca o al tric-trac” (un juego de dados). Se hacía preparar carne, cocida en vino, col negra e hinojos silvestres.

 También, en esta época, fue cuando escribió “Discursos sobre las primeras décadas de Tito Livio”, algunas comedias como “Clizia” y “La Mandrágora”, historias que giran en torno a conflictos entre un joven y un viejo por los favores de una muchacha. “El Príncipe” recién se publicaría cinco años después de su muerte.

 A lo largo de la historia, la obra de Maquiavelo no tuvo buena prensa. Ha sido señalado de ser el precursor de la perversión política y moral, a tal punto que en Gran Bretaña al Príncipe de las Tinieblas se lo llamaba “Old Nick” (viejo Nicolás) por él. Se soslayó su condición de humanista y de hombre del Renacimiento, formado en base a la lectura concienzuda de los autores clásicos. Fue a partir de éstos que Maquiavelo sostuvo que había que tomarlos como punto de partida para la enseñanza y explicación de la política.

 Pero Maquiavelo alertó sobre las crisis democráticas, y las atribuyó al sectarismo irreconciliable entre los políticos, que iban más allá de simples discrepancias, y a las profundas desigualdades que no hacían otra cosa que destruir la confianza del ciudadano.(Continuará)


autorizado por Adrían Pignatelli periodista de INFOBAE

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