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7 de Mayo de 2022 - Nota vista 424 veces

Alguien que nos ama de verdad

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

 Solemos vivir rodeados de sonidos, e incluso me animo a decir de ruidos. A veces elegidos por cada quien como música o un programa de radio o TV. En otras oportunidades simplemente lo que se escucha en la calle, el colegio, el trabajo. También hay voces que buscan llamar nuestra atención, sea para vendernos un producto, darnos un consejo, compartir una historia…

En la Pascua Dios tiene un mensaje que es fundante de la paz y la alegría: “Te amo hasta dar la vida y quiero estar siempre junto a vos”.

Esto es un gran consuelo y aliento en la esperanza. Hace tiempo leí una frase que me quedó dando vueltas en el corazón. “Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.” (Gabriel Marcel, dramaturgo y filósofo francés muerto en 1973.)

Mañana domingo celebramos la ternura de Jesús Resucitado, el Buen Pastor. El Evangelio proclamado en las misas nos muestra el vínculo con el cual Él quiere estar unido a cada uno: “Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos". (Jn 10, 27-30)

Escuchar la voz del Pastor requiere decisión. Cuando hay “muchas voces o ruidos" nos cuesta distinguir con claridad lo que nos dicen. Estamos acostumbrados a saltar de un mensaje a otro, sin darnos tiempo al diálogo. La voz del Pastor busca un encuentro. Quiere decirnos algo y entrar en comunión. Nos dice con claridad “yo las conozco", sabe cuáles son nuestros anhelos y ansias más profundos, nuestras búsquedas y fracasos. Nos conoce a fondo.

“Ellas (las ovejas) me siguen". Escuchar la voz, entrar en amistad con Él nos mueve a seguir sus pasos de cerca. Jesús nos desinstala y nos pone en camino. Nos saca del tedio y la apatía.

En todas las Parroquias y Capillas del mundo se celebra mañana el domingo del Buen Pastor, y se reza especialmente por las vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras de especial consagración.

En este tiempo que estamos transitando el camino sinodal, hay tres verbos que te quiero proponer: orar, discernir, decidir.

En la oración escuchamos a Dios, dialogamos con Él, nos dejamos interpelar por su Palabra. El Espíritu Santo es luz que nos ayuda a mirar lo profundo del corazón de la cultura, los dolores y angustias de nuestro pueblo, las esperanzas y alegrías.

Y es necesario dar el paso al discernir. ¿Qué puedo hacer yo ante esta situación? ¿Qué siento como reclamo? ¿Qué me está diciendo Dios?

Y tiene que entrar el tercer verbo. Decidir qué camino tomar y encararlo. No se trata de un ejercicio mental o de racionalizar la realidad, sino de involucrarnos.

Todos tenemos una vocación. El bautismo es el primer llamado a ser hijos de Dios, y esto inicia un dinamismo nuevo que nos acompaña toda la vida.

Jesús siempre está junto a nosotros, no nos deja solos nunca.

Renovemos hoy nuestra oración por los sacerdotes y diáconos; por los seminaristas, las religiosas y consagradas. Necesitamos que nos lleven al Encuentro con Jesús que nos habla al corazón.

Se realiza también en este día la Colecta de dinero para el sostenimiento del Seminario, lugar en el cual se forman quienes serán pastores en nuestra diócesis. Seamos generosos en el compromiso.

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