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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 23 de Abril de 2022 - Nota vista 2226 veces

Un crack concordiense

En la historia del deporte de Concordia, y especialmente del fútbol, permítaseme recordar una figura rutilante de este deporte. Cuando niño oía hablar de este genial futbolista que produjo nuestra ciudad, pero después lo fui olvidando, como a tantas otras cosas.

Pero una persona cercana a mi afecto, y me estoy refiriendo a Susana Cano de Cutro, esposa de quien fuera mi amigo y quien me enseñó a volcar en estas breves notas semanales, mis vivencias y recuerdos personales con el solo objetivo de que esos recuerdos no se pierdan. El Dr. Oscar Cutro supo plasmar en sus notas y libros, mucho de su vida profesional adornado con curiosas anécdotas producto de su observación entrenada para eso. Tuvo también la virtud de estimular en mí esa pasión maravillosa que es escribir relatos y que me obliga a recordar cosas vividas, que son bastantes, ya que mi actividad me puso también en contacto con mucha gente y cada uno tiene a su vez, algo que merezca ser relatado.

No me quiero ir del tema del deportista que quiero evocar, motivo de esta nota y me estoy refiriendo a Luis Eduardo Arrieta, el “Pintado” Arrieta que era tío, hermano menor de la madre de Susana Cutro y que hace poco me lo recordó.

Haciendo tal vez una innecesaria aclaración, y es que jamás lo vi jugar. Solo escuché de la gente grande de ese tiempo, contando sus anécdotas. No podía ser de otra manera ya que Luis Arrieta había nacido el 17 de julio de 1914, cuando la primera guerra era una realidad inminente en Europa.

Nació en una familia los primeros vascos que fueron poblando el Barrio Nébel, en la que la mayoría de los hermanos Arrieta eran todos grandes jugadores de fútbol, Juan, Bartolomé y Dionisio. O sea que Luis tuvo en su propia familia ejemplos de virtudes deportivas dignos de imitarse.

El Club Atlético Libertad, club este de la que fue muchas veces campeón, lo contó como integrante de las divisiones inferiores. Y fue allí, en esa escuela de campeones donde aprendió a “mover” la pelota el gurí de los Arrieta que ya pintaba para crack.

Fue en 1926, cuando tenía 12 años en que comenzó a jugar en campeonatos oficiales para el Club Libertad, en un campeonato interno de quinta división.

Gran atractivo tuvo ese campeonato, por la calidad de los chicos que intervinieron, ya que había varios que eran prometedores. Allí pues Luis Eduardo fue ascendiendo de categoría y destacándose por ser un virtuoso natural y el público ya lo distinguía. Con el apodo de “Pintado” y con él fue trascendiendo en el ámbito futbolístico. Arribó así a la primera división del club donde también comenzó a destacarse.

No era un jugador intrascendente. En su entrega al deporte también se advertía su calidad y por esa razón se ganó la titularidad del equipo de la Liga. A su actuación allí, en parte se debió el triunfo de la Liga de Concordia.

En el año 1939 lograría su trascendencia en el ámbito nacional, cuando comenzó a actuar en Buenos Aires consiguiendo en poco tiempo consagrarse como una de las revelaciones mayores en el fútbol de su tiempo. Un dirigente del Club Atlético Lanús (D.A. Rottili) le hizo firmar un contrato por 18 meses a préstamo, que después se haría efectivo jugando para Lanús varios años. Sin embargo en Buenos Aires Luis Arrieta ya no era el “Pintado” Arrieta, sino “Patas Blancas” y así fue conocido por usar tobilleras blancas y con ese apodo comenzó a maravillar a los que lo vieron jugar.

El torneo debut jugó 32 partidos y consiguió 31 goles. Fue el máximo ídolo del Club Lanús. En los 136 partidos que jugó como titular de Lanús, convirtió 120 goles. Sería Arrieta el máximo goleador del campeonato de 1943 con 23 goles, junto a Ángel Labruna (River Plate) y Raúl Frutos (Platense). Le marcó 5 goles a dos equipos, a Ferrocarril Oeste en 1939 y a Estudiantes de La Plata en 1940. Convirtió también tres goles para Lanús en un partido histórico en el que le ganaron a River Plate por 3 goles a 0.

Fue convocado a la Selección Nacional ya ese año 1939 para jugar la Copa Rosa Chevallier Boutell en San Pablo y en 1940 para la Copa Roca en Lima (Perú), por la Copa Presidente Roque Sáenz Peña (Santiago de Chile). Este partido lo ganó Argentina 3 a 2, convirtiendo el concordiense los tres goles para el triunfo. Por la Copa Presidente Roberto M. Ortiz, este último en Buenos Aires. Durante todos sus años de actuación fue requerido por clubes grandes, pero los dirigentes granate de entonces Juan Raseto, Antonio Rottili y Alejandro Lanusse fueron un duro obstáculo para que Arrieta pudiera progresar, a pesar de lo que le aportó al club.

Recién en 1944 sería transferido, cuando ya tenía 30 años y su destino no fue un club grande; fue transferido a Ferrocarril Oeste donde jugó un campeonato y se retiró de la práctica del fútbol. Un año después regresó a Lanús, pero ya como entrenador de la reserva. Fue socio de Lanús y también miembro de la subcomisión de fútbol. Nunca dejó de ir a ver a Lanús a la cancha, como un hincha más, hasta que falleció el 9 de Julio de 1972. Solo tenía 58 años.

74 años habrían de transcurrir en la historia del Club Lanús, para que el correntino José Sand lo alcanzara con 120 goles.

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