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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 16 de Abril de 2022 - Nota vista 409 veces

¿Hay manera de enfrentar el desastre?

De acuerdo a estadísticas propias, por lo cual tienen el valor que Ud. le quiera asignar, pero soy un seguidor de los informes de los institutos de geología de todo el mundo.

Debo decir que mi interés en el tema se lo debo al geólogo Juan Carlos Bertolini de Paraná quien despertó mi interés en la materia.

He seguido también con atención lo escrito por Gloria García Tovar sobre el tema de los volcanes, de la Universidad Autónoma de México y coinciden en señalar junto a Luis Rios de Rosario, todos ellos geólogos y geofísicos de nota que desde 1960 se ha empezado a notar un incremento de los volcanes que entran en actividad.

Actualmente se ha triplicado su número. Las megatoneladas de energía que expulsan son absorbidas por la atmósfera.

También la NASA de EEUU advirtieron que las rítmicas pulsaciones del centro fundido del planeta producen dilataciones y contracciones de la masa esférica. Con su corteza superficial provocando erupciones y terremotos. 300.000 terremotos anuales ha registrado el geofísico E.M. Fournier Arbe a cargo del Programa de Sismología y Geofísica en el Departamento de Ciencias Naturales de la UNESCO. Encargado anteriormente por ésta de largas misiones en México y en Pakistán. En este último país ha ayudado a instalar el Observatorio de Geofísica en la región de Quetta, singularmente expuesta a los terremotos (10/63).

Los geólogos del CONICET han determinado que las sierras de la provincia de Buenos Aires (Tandil y Ventana) están creciendo o se están elevando. Así lo han comprobado en muy completos estudios.

Por su lado, las fisuras de la corteza que atraviesa el lecho oceánico, hacen que se caliente el agua del océano a tal punto que modifica notablemente el clima atmosférico en distintas regiones. Además la radiación solar tiene notable influencia en la temperatura media que se viene incrementando desde 1710. Sigue la suma. El efecto invernadero de la contaminación provocada por la actividad humana. Si uno observa las resultantes de estas complejas actividades de la naturaleza, resulta que el comportamiento del clima toma las características de una onda completa sinusoidal cada mil años. Si verificamos en que punto de curvatura de la variante de la onda nos hallamos, vemos que desde 1850 subimos rumbo al período de calor que comenzaría en 2100.

Por lo tanto debemos entender que hay que preparar el territorio en el que han de vivir nuestros descendientes como sugiere Thomas Casadevall.

Hay que construir canales de desagüe para las llanuras que van a inundarse y la red de provisión de agua potable que va a faltar.

En tiempos no muy lejanos, los humanos que habitaban las bajas llanuras, que hoy se inundan, no construían allí viviendas sólidas ni permanentes, sino de tipo lacustre. Solo lo hacían en zonas elevadas y montañosas y ellos sabían por experiencia propia.

Como ven, no hay nada que no tenga algo de interés y sería deseable ir tomando nota del comportamiento futuro de nuestro espacio, si no por nosotros, por nuestros descendientes que deberán lidiar con un mundo bastante más hostil que ahora.

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