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28 de Marzo de 2022 - Nota vista 685 veces

Con la heladera vacía y la huevera también

Cuando suenan las alarmas de otra crisis: “La guerra contra la inflación”. ¿Qué hacemos los argentinos ante la posibilidad de otra catástrofe económica y financiera? Lo que siempre hicimos: aguantar.

Habituada a situaciones extremas, el último derrumbe del peso activa las mismas estrategias políticas, en un gobierno fragmentado y mientras los argentinos sienten en la piel la inminente crisis, se ve en las calles un malestar y una situación de incertidumbre que recorre el país de norte a sur y de este a oeste. El malestar crece poco a poco hasta que se transforma en preocupación, luego en angustia y la realidad, finalmente, termina dando la razón.  En las calles de Buenos Aires se respira crisis y división en los homenajes del 24 de marzo, en el campo alerta, en los trabajadores depresión, en los jóvenes desesperanza, en los ancianos resignación y en la mesa de los argentinos hambre y angustia.

Desde el anuncio del presidente Alberto Fernández sobre “el inicio de la guerra contra la inflación”, el peso se desplomó un 30 %, los precios mayoristas aumentaron un 12 %, la nafta niveles insostenibles, los conflictos por las retenciones y las prohibiciones a las exportaciones encienden la brecha entre el campo y la ciudad, la disputa política entre un Presidente sin poder y un fantasma que arremete brutalmente para consolidar el suyo a través de requisitos bien definidos como “el intercambio de figuritas” desconcierta al pueblo.

Mientras tanto ¿Qué hacemos los argentinos ante la catástrofe? Lo que siempre hicimos: aguantar.

El Gobierno intenta contener la caída de la moneda local subiendo las tasas de interés bancarias, aunque sabemos que esta jugada ya colapsó la economía en el pasado, que el consumo se detuvo, que creció la pobreza y el desempleo, pero se empecina en el congelamiento imaginario de tarifas y el control de capitales. 

La interrupción de las importaciones de trigo y de maíz, el anuncio del aumento en las retenciones del 31 al 33 % tratando de sostener el déficit fiscal dentro de un límite razonable y otras tanta medidas más, construyen el escenario de la triste realidad argentina. El gran problema es que todo esto le pasa al Gobierno de Alberto Fernández a la mitad de su mandato, el gran interrogante es ¿cómo se soportará durante 2 años más una situación económica y social que tiende a empeorar? Es que, ni el gobierno genera confianza política, ni tiene un plan medianamente potable y tampoco una política internacional coherente.

Ahora anuncian que el desempleo bajó pero la recesión no cede y el argentino sigue aguantando con la heladera vacía y las pelotas llenas.

                                                                                          R.W.C.

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