APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Interés General

26 de Marzo de 2022 - Nota vista 100 veces

El Papa consagra Rusia y Ucrania a la Virgen María: «No es una fórmula mágica sino un acto espiritual»

El Papa Francisco se comprometió el pasado lunes con Zelenski a hacer «todo lo posible para detener la guerra». Como líder espiritual ha apostado por un gesto de enorme peso en la tradición católica: Consagrar Rusia y Ucrania al Corazón inmaculado de la Virgen María.

Durante la ceremonia ha aclarado que naturalmente «no es una fórmula mágica, sino un acto espiritual», que ha comparado con lo que hacen los niños pequeños, «que cuando están asustados van llorando a la madre para que les ayude».

«En estos días siguen entrando en nuestras casas noticias e imágenes de muerte, mientras las bombas destruyen las casas de tantos de nuestros hermanos y hermanas ucranianos indefensos», ha denunciado.

Se cumple un mes de cuando el Papa se plantó en la puerta de la embajada de Moscú ante el Vaticano para pedir el alto el fuego inmediato.

Este viernes, con una oración ante más de tres mil peregrinos en la basílica de San Pedro, y seguido por muchos más desde la plaza, simbólicamente el obispo de Roma ha llamado a la puerta del Cielo.

Para mostrar la gravedad de la situación, ha movilizado a sus nuncios y ha conseguido que todos los obispos del mundo se unieran espiritualmente a esta plegaria por «la paz mundial». En la Ciudad Eterna, de larga memoria, no se recuerda una convocatoria parecida por parte de ningún otro pontífice.

En paralelo, Francisco ha enviado un representante personal al santuario de Fátima en Portugal, el cardenal Konrad Krajewski, para que hiciera justo allí esta consagración en su nombre. Así se enlaza a una de las peticiones de la Virgen de Fátima durante las apariciones de 1917 a los tres pastorcillos: «Si se escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia», aseguraron que les había dicho.

Una de esas peticiones era «la consagración de Rusia a mi Corazón inmaculado» hecha «en comunión con todos los obispos del mundo». Los pontífices, desde Pío XI a Juan Pablo II evitaron hacerla explícitamente para no herir susceptibilidades en la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero ahora Francisco no ha tenido reparos.

«Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania», ha clamado el Papa en la basílica de San Pedro, con voz emocionada, sentado ante una imagen de la Virgen de Fátima. El obispo de Roma ha mencionado a ambos países para que la consagración no fuera acusada de gesto político.

En la letanía de peticiones, ha pedido a la Virgen que inspire «proyectos y caminos de reconciliación»; que obtenga «la paz para el mundo» y que libre a la humanidad de «la guerra y la amenaza nuclear».

En la intensa oración, ha reconocido con tristeza que la humanidad ha «olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común».

«Nos consagramos a María para ponernos a la plena disposición de los proyectos de Dios», ha explicado. «Que nos guíe a través de los senderos escarpados y fatigosos de la fraternidad y el diálogo, que nos guíe por el camino de la paz», ha concluido.

En la misma ceremonia, antes de consagrar Rusia y Ucrania a la Virgen María, el Papa había presidido el tradicional encuentro penitencial que convoca cada cuaresma pocos días antes de la Semana Santa. Como otros años, el pontífice no sólo ha confesado individualmente a una decena de personas, sino que se ha acercado a uno de los confesionarios para pedir también él mismo perdón por sus pecados y recibir la absolución.

No ha sido una casualidad. «Si queremos que el mundo cambie, primero debe cambiar nuestro corazón», había explicado en la homilía. «Y para que esto suceda, dejemos que la Virgen nos tome de la mano», ha añadido rezando también por el fin de la guerra.

Contenido Relacionado