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8 de Marzo de 2022 - Nota vista 730 veces

FMI, acuerdo y responsabilidades hacia el futuro

Por Luis Edgardo Jakimchuk

En un contexto de una horrenda crisis de construcción de sentidos colectivos, que impide un análisis correcto para resolver la sucesión de problemas graves sin resolver, empezó este lunes en la Cámara de Diputados, la discusión sobre el proyecto de ley del acuerdo técnico de facilidades extendidas con el FMI para pagar el stand by del 2018.

En términos prácticos, el FMI no reestructura sus deudas, sino que las refinancia. Es decir, presta plata al país deudor para que con ese dinero pueda pagar el propio dinero que le debe al organismo, más intereses por tratarse de un “acceso excepcional”. Históricamente este tipo de préstamos incluyeron la exigencia de reformas estructurales de tipo impositivas, tarifas, laborales o previsionales y privatizaciones, en esta oportunidad nada de eso ocurrirá.

“No olvidar como fue el endeudamiento con el FMI”, manifestó hace unos días el presidente a un grupo de jóvenes. Si la sociedad no ha tenido conocimiento de manera mayoritaria y contundente sobre el criminal endeudamiento y los tremendos ajustes que incluyo el promiscuo acuerdo Stand-By entre Macri y el Fondo Monetario en 2018, que implicaba la omnipresencia del Fondo en la economía y la política; y las barbaridades que hicieron luego de haber perdido las elecciones el 2019, es pura responsabilidad del gobierno del Frente de Todos, que no tuvo firmeza y claridad comunicacional para alterar los argumentos perversos que utilizo el macrismo, llegando tarde para despertar a los argentinos de una resignación impuesta por el engaño, las frustraciones y los fracasos.

Los argentinos sabemos que los endeudamientos con el FMI siempre fueron el denominador común de padecimientos y atrasos de nuestro país. Si es el denominador común de nuestra vulnerabilidad, esta deuda debe ser también el denominador común de una fuerza a movilizar conciencias ciudadanas contra una política de especulación y chantaje que el neoliberalismo nos sometió.

Está claro que el peronismo no puede ser cómplices de quienes acorralaron al país entre la quiebra de su economía y la miseria de su pueblo. El debate debe contribuir a la formación de la conciencia en el pueblo para impedir que la impunidad gane una batalla más en la historia de nuestras derrotas con los endeudamientos anteriores.

Se debe saber no solo los alcances del sacrificio que se someterá en el futuro próximo, claramente cuantificados en el acuerdo que el gobierno le presento al FMI sino, quienes son los funcionarios responsables, los beneficiarios para quienes las instrumentaron y cuáles son las acciones a seguir en los ámbitos judiciales y organismos internacionales. Resulta prudente conocer cuál es el camino de disminución del déficit fiscal sobre el PBI, que son metas de orden político, restrictivas, para estimar las eventuales consecuencias del fuerte ajuste en los próximos años y sobre quien recaerá. Lo que importa no es el orden cuantitativo del mismo sino el cualitativo. Saber cómo se avanzará sobre las desigualdades existentes.

El proceso debe sincerarse, porque los argentinos no pueden seguir admitiendo a la falacia y a la hipocresía como rasgo distintivo de nuestra vida política. Como lo decía el gran Eduardo Galeano: “no hay ninguna fórmula que te permita cambiar la realidad si la sociedad no empieza a verla como es”. La historia instruye que solo conociendo de dónde venimos sabremos hacia dónde vamos. En efecto, para que la sociedad vea, entienda y se reconozca en el espejo de las crecientes injusticias de las que hoy se vive, el gobierno, debe desandar la construcción paranoica de la realidad impregnado de desesperanza alimentada por augurios dramáticos de la oposición.

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El recorrido hacia el futuro del Frente de Todos

Hoy es innegable que el Frente está atravesando un momento de incertidumbre no solo por las distintas posiciones ante el acuerdo con el FMI, también se ensombrece día a día las perspectivas de sostener la unidad que fue lo que voto la gente para sentar las bases de un país más productivo y equitativo tomando medidas eficaces. El Frente de Todos no debe naturalizar el conflicto permanente. Los referentes tienen la obligación de cuidar la unidad, que no quiere decir ocultar las diferencias, pero se debe entender porque voto la gente al Frente. Comprender las urgencias de la gente que representan.

Las posiciones diferentes no debilitan al Frente, al contrario, lo fortalece si esas diferencias no se transforman en antagonismos, en una lucha de posiciones en el interior del espacio. Si no se zanjan las diferencias nada bueno se puede esperar que no sea la perdida de fe de sus votantes. Representar es interpretar realmente. No es emular la indignación legítima de la sociedad, sino responder a ese estado de ánimo social con compromisos y propuestas políticas.

La renuncia de Máximo Kirchner a seguir presidiendo el bloque en desacuerdo con la negociación con el Fondo Monetario, dio paso a una interesante discusión sobre la responsabilidad y la convicción que son dos máximas conductas bajo las cuales las personas pueden actuar en política. Lo cierto es que cuando un funcionario no está de acuerdo con una decisión política impulsada, tiene dos opciones, renunciar al cargo o defender la política desde la responsabilidad.

La responsabilidad que es política, en primer lugar, tiene un trasfondo moral, porque se da por sentado que esos actos no brotan caprichosamente de una decisión infundada, sino que se refieren a ciertos principios y valores que los justifican. Son estos presupuestos axiológicos los que proveen tanto, de una base de justificación a la acción política como de punto de apoyo a la exigencia de responsabilidad política. En política uno es responsable de las consecuencias de sus actos.

La reacción de Máximo puede ser razonable, aunque es discutible el momento que eligió. Está bien que no presida el bloque cuando cuestiona los varios errores tácticos para cerrar con el FMI. Pero debe tener en cuenta que forma parte (importante) de un proyecto colectivo. Si la postura es una estrategia para tener réditos más adelante, es una equivocación. Una mala decisión es funcional a Cambiemos, que se alimenta especialmente de los errores y las debilidades del gobierno. El acuerdo saldrá. No es el final de nada. Es el principio de un camino muy complejo a recorrer bajo la custodia del FMI, el lugar al que nos llevó Macri.

                                                                                    

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