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27 de Febrero de 2022 - Nota vista 685 veces

El mundo nos necesita

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

Dolor del Papa. Sabemos de la preocupación de Francisco por la paz en el mundo, por la vida fraterna, para que logremos ser una misma familia en la casa común. El jueves nos anoticiamos del comienzo de la violencia armada en Ucrania. El Gobierno de Rusia, desoyendo el pedido de la comunidad internacional, comenzó el ataque. El viernes 25 fue el propio Francisco quien se acercó hasta la embajada de Rusia en la Santa Sede y le expresó al embajador ruso su preocupación por la situación de “guerra en Ucrania”. Un gesto que busca paz y nos inspira para seguir trabajando donde estemos por la paz.

Dolor en Ucrania. Muchas voces nos han llegado compartiendo experiencias de muerte y destrucción. Gritos desesperados pidiendo ayuda ante el avance de esa destrucción y esa muerte. Políticos, religiosos, académicos, deportistas, la ciudadanía en su conjunto unida en un mismo ruego por la cordura y el llamado al diálogo.

El Santo Padre nos convoca a una Jornada de Ayuno y Oración por la Paz el próximo miércoles 2 de marzo, coincidiendo con el inicio de la Cuaresma el “Miércoles de Cenizas": “Quisiera hacer un llamamiento a los responsables políticos para que hagan un serio examen de conciencia ante Dios, que es Dios de la paz y no de la guerra; que es el Padre de todos, no sólo de algunos, que quiere que seamos hermanos y no enemigos”.

Con el ayuno experimentamos nuestra condición de fragilidad y nos unimos en el cuerpo a hermanos y hermanas que en Ucrania quedan sin comida, y nos hacemos solidarios con su dolor. Nos acercamos del mismo modo a los hambrientos y pobres del mundo. Con la oración nos ponemos en presencia de Dios para pedirle que balancee los corazones de quienes tienen en su poder las decisiones de elegir el camino del diálogo o la violencia.

En estas oportunidades experimentamos la fragilidad de los organismos internacionales, que no logran instancias adecuadas para la resolución de los conflictos.

Miremos al norte del litoral argentino, ardiendo en sus bosques y campos. Familias que han perdido sus viviendas, sus cultivos, el fruto de su trabajo. La pérdida irreparable de biodiversidad. Abramos el corazón a la vida entregada de bomberos, y otros hombres y mujeres que luchan en fuerza desigual ante el avance de las llamas.

En su mensaje, la Comisión Episcopal de Cáritas Argentina fue muy clara: “Al calor de ese amor expresado en la solidaridad, en la cercanía, también somos parte de ese ardor que quiere preguntarse por qué nos pasa esto. ¿Quiénes son los responsables de tanto desastre y quiénes de la dilación de las respuestas? Nos hierve la sangre sabiendo que muchas de estas situaciones podrían evitarse si fuéramos más cuidadosos en la preservación del medioambiente y en la previsión de inversiones de los dineros públicos para un combate efectivo de los incendios”.

Son de destacar las muestras de solidaridad que surgen desde diversos sectores del pueblo. Cáritas Argentina está promoviendo una campaña de ayuda. Podés encontrar cómo participar ingresando a www.caritas.org.ar/sumate

 Tal vez las posibilidades de sumarte estén más cerca de lo que pensás.

Que el dolor nunca nos sea indiferente.


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