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Por Lic. Mario Sarli - Psicólogo - 27 de Febrero de 2022 - Nota vista 926 veces

A través del tiempo

De generación en generación, a través del tiempo, resistiendo diferentes culturas, en nuestro mundo occidental se sucede un particular e inevitable proceso íntimo entre padres e hijos. Se trata: el de la satisfacción más profunda de los congéneres al descubrir aspectos similares en sus hijos, quienes con el crecimiento, irán tras la búsqueda de sus propio sesgos personales que le otorguen identidad y sobre todo los diferencia.

Es un proceso sutil, nutrido de afectos y algunos conflictos. Sostenido en la herencia genética, desde el nacimiento invariablemente los padres, familiares y amigos buscan distinguir en el vástago, los rasgos que le dan parecidos a uno y otra. Con el desarrollo, se harán visibles en los niños aquellos comportamientos y reacciones que expresarán con más claridad, cuanto poseen de similitudes con cada uno de sus padres. Es que al final de cuentas, distinguir en los hijos algo de lo que los padres son, produce un hondo y persistente orgullo que es acompañado por una silenciosa (no siempre) satisfacción.

Es cierto que estas gratas manifestaciones de alegría en los progenitores, en algunos, ocupan un lugar tan elevado del que no resulta fácil luego desprenderse. Es que este enaltecimiento que regala el niño, ya sea por sus buenas palabras, respuestas maduras o creativas, destrezas deportivas o facilidades numéricas al ingresar a la escuela, hacen brillar el llamado “ego” de los padres. Esto no es necesariamente un problema. Aunque si adquiere condición problemática, cuando las acciones de los niños y niñas, se modifican progresivamente, especialmente desde la pre-adolescencia o adolescencia propiamente, y emergen nuevos comportamientos que se alejan de aquello que tanto orgullo les daba. Es en esta etapa donde surgen las primeras formas de autoafirmación, en las que procuran afianzar su identidad sexual, mayor seguridad y confianza en sí mismo, haciendo que centre su interés en los amigos o grupos de referencia, donde prevalecen algunas condiciones que difieren de la familia. Así nacen diferencias, algunas discusiones y en ocasiones, conflictos que alteran lo que ha venido siendo desde el nacimiento.

Estamos asistiendo en esta etapa, a la hermosa y saludable condición de apreciar un sujeto en búsqueda de una identidad lo represente, lo afianze y sobre todo, lo conduzca hacia la felicidad consigo mismo. Tarea esta que no será a través de llanos caminos, ya que las contradicciones humanas, ambivalencia e inseguridades, se presentan en estos tiempos, con mayor presencia.


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