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19 de Febrero de 2022 - Nota vista 1267 veces

Primavera en invierno y verano en otoño: la ONU ve el cambio en las estaciones como una amenaza inminente

En un nuevo informe, el programa de medio ambiente del organismo alerta de las repercusiones por el desajuste del ritmo natural de animales y plantas.

El texto también clasifica el ruido en las ciudades y los megaincendios forestales como un peligro ambiental.

El ritmo natural por el que se rigen los ciclos biológicos de animales y plantas está cambiando, y no lo hace de forma acompasada. No solo se trata de que haya árboles que florecen antes de tiempo o de que las migraciones de algunas aves se retrasen. En un medio ambiente perfectamente acompasado, esta desincronización entre fauna y flora tiene importantes repercusiones y acaba de ser clasificada como una amenaza ambiental inminente en un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), junto al ruido en las ciudades y los megaincendios forestales.

La naturaleza es un engranaje perfecto, pero el cambio climático está alterando los patrones de comportamiento de fauna y flora en todo el mundo y en todos los ecosistemas, incluyendo los marinos, poniendo en riesgo la supervivencia de poblaciones y desafiando incluso la producción alimentaria, dice el informe ‘Fronteras’, que ya en 2016 alertó sobre el riesgo creciente de enfermedades zoonóticas, cuatro años antes del estallido de la pandemia.

Por ejemplo, las aves deben tener a sus polluelos en el nido cuando hay abundante comida para nutrirlos y los polinizadores deben estar activos cuando sus plantas anfitrionas florecen. Pero algunas aves ahora tienen sus polluelos en el nido cuando el suministro de alimentos ya está disminuyendo, por lo que su reproducción tiene menos éxito, mientras que la desincronización de polinizadores y plantas impacta en la producción alimentaria.

«Las plantas y los animales suelen utilizar la temperatura, la llegada de las lluvias y la duración del día como señales para la siguiente etapa de un ciclo estacional. Sin embargo, el cambio climático se está acelerando demasiado rápido para que muchas especies de plantas y animales se adapten, causando alteraciones en el funcionamiento de los ecosistemas», dice Inger Andersen, directora Ejecutiva del PNUMA en la introducción del informe.

Estos desajustes fenológicos son cada vez más comunes. Las ballenas jorobadas del Pacífico sur oriental han adelantado su llegada al Parque Nacional Natural Gorgona de Colombia hasta un mes en las últimas tres décadas, sospechan los científicos que por los cambios en la disponibilidad de kril en la Antártida. Y en la zona este de América del Norte, la mariposa monarca ha retrasado su migración al sur seis días por década en las últimas tres debido al aumento de las temperaturas. Aquellos ejemplares que migran más tarde llegan menos a los lugares de hibernación, posiblemente debido a que encuentran desajustes en la disponibilidad de alimentos en el camino.

Los impactos de todos estos cambios, avisa la ONU, necesitan todavía mucha más investigación. La rehabilitación de hábitats, la construcción de corredores de vida silvestre para conectar poblaciones o el aumento de áreas protegidas pueden ayudar a frenar las consecuencias, pero solo servirán para retrasar el colapso de los ecosistemas, dice el informe. La medida clave pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y frenar el cambio climático.

Ruido y megaincedios

Además de los desajustes fenológicos, el informe Fronteras también llama la atención sobre el ruido en las ciudades y los megaincendios forestales. Los ruidos no deseados, prolongados y de alto nivel del tráfico rodado, los ferrocarriles o las actividades de ocio perjudican la salud y el bienestar humanos. Se manifiestan con molestias y trastornos del sueño, que pueden impulsar enfermedades cardíacas graves y trastornos metabólicos como diabetes, discapacidad auditiva y una salud mental más deficiente, recoge el informe.

Según destaca, la contaminación acústica ya provoca 12.000 muertes prematuras cada año en la UE y afecta a uno de cada cinco ciudadanos de la UE. Los niveles de ruido aceptables se superan en muchas ciudades del mundo, incluidas Argel, Bangkok, Damasco, Dhaka, Ciudad Ho Chi Minh, Ibadan, Islamabad y Nueva York.

Sobre los incendios forestales, el informe apunta que cada año, entre 2002 y 2016, ardió un promedio de 423 millones de hectáreas o 4,23 millones de kilómetros cuadrados de la superficie terrestre, un área del tamaño de toda la Unión Europea.

Además, alerta, debido al cambio climático se prevé que las condiciones que favorecen los incendios forestales sean más frecuentes e intensas y que duren más, incluso en áreas que antes no se habían visto afectadas por los incendios.

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