APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Interés General

7 de Diciembre de 2021 - Nota vista 518 veces

Cómo cambiar las dinámicas negativas con la familia en Navidad

En casi todas las familias suele haber dinámicas negativas en Navidad que año tras año se repiten. Forman parte de nuestras costumbres y rutinas dañinas. Ocurren en muchas ocasiones sin pensar y sin mala intención. Tienen la particularidad de que surgen de forma automática, solos, como si tuvieran vida propia. Cuando menos te lo esperas estás enzarzado en una discusión absurda sobre temas en los que no se te va la vida pero que terminan dividiendo a la mesa. Al igual que los hábitos personales, tanto los nocivos como los más saludables, también los hábitos sociales nos salen de forma automática.

Si deseas cambiar esas rutinas y disfrutar de unas Navidades más serenas, aquí te ofrezco una serie de consejos para cambiarlas

1. Las dichosas ‘imposición’ y ‘presión’

No suelen coincidir las necesidades o preferencias de todos los miembros de la familia en cuanto a cómo vivir la Navidad. A unos les gustaría pasar las Navidades más tranquilos, incluso solos. Otros quieren estar todos juntos. Los que desean juntarse y celebrar, suelen ejercer sobre los demás presiones manipuladoras “pero cómo no vais a venir, con las ganas que tenemos de ver a los niños”, “pero si tu hermana y tu cuñado se van a desplazar desde la otra punta de España”, “venga, no seas egoísta, qué te cuesta”.

Estas imposiciones, manipulaciones y presiones te hacen sentir egoísta y mala persona. Terminas cediendo a lo que no te apetece, acudes de mal humor y te arrepientes. Te prometes que el año que viene te impondrás, pero vuelves a caer en lo mismo.

Así que para el año que viene o para éste si estás tiempo declina con educación la presión familiar. “Este año no voy a acompañaros. Hemos decidido pasar una Navidad en casa, sin viajes”. No te justifiques, no trates de que te entiendan, no les digas lo mucho que lo sientes (sonaría hipócrita) porque no lo van a hacer, no les interesa entenderte. Les interesa conseguir su propósito de tenerte en casa a costa de tu bienestar. Y utiliza la técnica del disco rayado que consiste en repetir la misma frase, idéntica, con el mismo tono amable y respetuoso, sin argumentar más.

2. Conversaciones y sobremesa que acaban en tensión

Las sobremesas pueden resultar especialmente delicadas, tensas, incluso violentas. Pueden surgir conversaciones incómodas entre personas poco flexibles, dogmáticas, que versan sobre temas dicotómicos dividen la mesa. Antivacunas, política, religión… También se utiliza la sobremesa para sacar trapos sucios entre padres e hijos, entre hermanos, se cuestiona la educación a los nietos, se critican las notas, las decisiones que se han tomado, etc. Otro añadido en la lista de “cómo terminar mal en una cena de Navidad” es la falta de filtro mental, hablando así desde el sincericidio. Se dan consejos que no se han pedido, se critica y cuestiona a alguien…y se termina hablando a gritos.

Cambiar esta dinámica puede ser algo complicado, porque no depende solo de ti mismo. Os recomiendo pactar una serie de normas antes de sentaros a cenar, como qué tipo de temas evitar en las conversaciones, o pedir por favor que no se eleve el volumen a la hora de hablar. Podemos también reunirnos individualmente con la persona que saca trapos sucios, alecciona, aconseja, etc., y hacerle saber que es incómodo para ti y que te gustaría que por favor este año lo evitara.

En el caso en el que la dinámica vuelva a presentarse, puedes levantarte de la mesa excusándote con sinceridad: “me voy a sentar en el sofá. Estos temas de conversación y la dinámica que se genera son incómodos para mí”. No lo hagas como castigo, ni en tono de enfado, ni reprochando. Solo expresa el motivo por el que abandonas la mesa. Ya verás cómo algún que otro miembro de la familia te secundará.

3. Los excesos

En Navidad hay exceso de todo, incluso de amor e hipocresía. Se cocina, come, bebe y regala de más. Es una alegoría al consumismo, a la ostentación y a la falta de moderación.

El consumismo estresa, comer de más nos genera culpa, el exceso de alcohol provoca imprudencias y hasta mala educación. Tratemos este año de ser más responsables y prudentes con el consumo. Tanto si cocinas tú como si acudes a casa de alguien, haz hincapié en todo lo que sobró el año pasado, en sugerir cocinar algún plato menos o elaborar menor cantidad. Elabora un menú y una lista de la compra responsables. No incites a beber con frases como “venga una copita, si son dos días”. Si vas a consumir alcohol, que sea con responsabilidad y para disfrutarlo. Lo de beber por beber es un despropósito para la salud. Sinceramente, lo de copa y puro en mano queda ya hasta rancio.

Es un despropósito comprar regalos por comprar. Hasta los niños necesitan menos regalos de Reyes. No saben qué hacer con tanto juguete, dejan de darles valor, abren regalos por abrir, a veces sin curiosidad por lo que el regalo contiene. Poneros de acuerdo a la hora de regalarles, buscad regalos con sentido, que les hagan ilusión.

Y a pesar de que para algunos adultos el amigo invisible sea estresante, más estresante suele ser comprar regalos para todos. Acaba con la creatividad y economía de cualquier familia y se termina comprando en cadena.

4. Los malos rollos en pareja

Muchas parejas terminan discutiendo en Navidad por las decisiones que tienen que tomar respecto a dónde pasan las fechas señaladas. Todos se sienten ofendidos, la pareja, los padres, los suegros, hasta los amigos que han planificado un final de año contigo. Tomes la decisión que tomes siempre hay una queja o un mal rollo y alguien que se disgusta.

Tomar estas decisiones en el último momento genera aún más ansiedad y malestar. Trata de pactar con tu pareja un plan de acción que incluya dos años, un año decide uno y al año siguiente decide el otro. Siempre siendo considerados y empáticos con la otra parte. Decidid esto en octubre, noviembre…. No lo dejéis para los días de antes. Y tened en cuenta circunstancias especiales, como que alguien esté enfermo o una de las familias esté atravesando un momento complicado.

5. Las quejas

No se trata de promover la felicidad sí o sí. Pero en las fechas señaladas igual podríamos centrarnos más en lo que suma. Hay personas que no paran de verbalizar que no les gusta la Navidad, que les falta fulanito, que por qué no ha venido tu hermano este año, etc., y en lugar de disfrutar con lo que tienen y con las personas que los acompañan, se recrean en todo lo que les falta.

Trata de dar valor a lo que tienes o de pedirle a la persona que se queja que disfrute con lo que está viviendo en el presente. No le eches la bronca con frases como “siempre estás quejándote, esto es insufrible”, porque terminaréis enfados. Solo recuérdale algo así como “mamá, venga que estamos aquí el resto, estamos disfrutando, todos te queremos mucho”.

Existen muchas otras dinámicas negativas que afectan a nuestro estado de ánimo y serenidad, como el patriarcado, en el que siguen siendo las mujeres las que cocinan, sirven y recogen, la falta de educación generalizada, la falta de ilusión por estas fechas que contamina a quien sí las disfruta o por lo contario, la obligación de estar alegres cuando a uno no le apetece o mal utilizar el humor para hacer burla de los que están presentes.

Sean sensibles estos días, y, sobre todo, empáticos. ¡Qué necesidad tenemos de generar mal humor, mala educación y pasarlo mal! Y, sobre todo, respeten. Respetar es dejar que cada cual tome la decisión de vivir la Navidad como le apetezca, con quien le apetezca y dónde le apetezca.

(Patricia Ramirez-ABCes)

Contenido Relacionado