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BERNARDO IGNACIO SALDUNA – Asociación “Justo J. de Urquiza” - Concordia (E.R.) - 24 de Noviembre de 2021 - Nota vista 888 veces

EL MISTERIO DE LA CRUZ CELTA

Gentilmente invitado por la Asociación Artiguista de la Región de Salto Grande, a través de Rubén Bonelli y su compañera Julieta, que hicieron de amables anfitriones, visité días pasados la localidad de Puerto Yeruá.

El motivo principal del viaje era conocer un sitio conocido en la zona como  la “Cruz Celta” o la “Tumba Celta”, ubicado en una barranca sobre el río, un poco al norte del poblado.

La tupida vegetación torna muy difícil arribar al lugar por tierra, es necesario hacerlo por vía fluvial.


LA EXCURSION

Se demora un poco más de media hora en llegar porque es necesario navegar contra la corriente.

Al tocar tierra es necesario ascender una empinada cuesta, dificultado el paso por el pasto alto, las ramas de árboles y las traicioneras “uñas de gato” que proliferan en la foresta.


FRENTE A LA CRUZ

Finalmente junto al sitio, se trata de una construcción en piedra, culmina en una cruz de más o menos tres metros de altura rodeada de una circunferencia, como dicen que era de tradición en las culturas celtas, las tribus que poblaron antiguamente lo que hoy es Irlanda, y parte de Inglaterra.

Al pie hay una especie de nicho con un hueco interior ¿sirvió en algún momento de tumba para enterrar allí un cuerpo humano?  No lo sabemos.

Lo interesante del caso -y por eso fui gentilmente convocado por los amigos que menciono- es que al pie del túmulo, en la parte de atrás,  figura grabada la leyenda “SALDUNA HIJO- MARTÍNEZ- 1935.

Adelante está escrita la palabra “DESCONOCIDO” (con las letras “s” al revés, casi como una “z”).

 

La historia y la leyenda dan lugar a un montón de versiones: por un lado, es cierto que, en aledaños del lugar, existía allá por los años 30 una quinta cítrica, una de las pioneras de esa actividad en Concordia, que pertenecía a una sociedad “Martínez y Salduna”.

Posteriormente, tengo entendido que Salduna habría comprado su parte a Martínez.

Se trataba, el primero, de don Juan Salduna, hermano de mi abuelo, es decir tío abuelo mío.


UN PERSONAJE SINGULAR

Alguna vez escribí en algún medio local parte de la interesante biografía de esta persona: me refiero a Juan Salduna.  

Hijo de Bernardo Salduna, un vasco francés venido a estas tierras allá por 1850, al fallecer su padre, -al parecer en circunstancias trágicas- hacia 1870, fue enviado a Francia, junto a sus hermanos varones, interno en un colegio de curas de estricta disciplina.

Que los chicos Salduna no soportaron, huyeron y retornaron a América, donde encararon su existencia cada uno,  con variada suerte.

El que nos interesa Juan Salduna siguió estudios en un colegio de Montevideo, donde trabó estrecha amistad, que se prolongó de por vida,  con el futuro jefe del Partido Nacional o Blanco don Luis Alberto de Herrera.

Muy jóvenes ambos, junto a otros compañeros, abandonaron las aulas para incorporarse a las huestes de  Aparicio Saravia que encabezaba desde Cerro Largo la rebelión blanca contra el Presidente  Batlle y Ordóñez, del Partido Colorado.

“Vamos a ver si los doctorcitos saben pelear”, dicen que fue el primer saludo del legendario caudillo gaucho oriental, cuando se le presentaron en el campamento.

Participaron en algunos combates, al ser muerto Saravia en Masoller y derrotada su revolución, Juan Salduna volvió a Concordia, donde trabajó en oficios varios.

En 1890 participó  junto a sus hermanos Bernardo (mi abuelo) y Pedro en la versión local de la Revolución del Parque que encabezara Leandro N. Alem,  y diera origen a la Unión Cívica Radical.

Más adelante, ya a comienzos del siglo veinte, fue electo en dos oportunidades Intendente de Concordia.

Le tocó presidir en tal cargo los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, e inaugurar el monumento a San Martín en la Plaza Veinticinco.

Hacia los años treinta adhirió a corrientes nacionalistas, entonces en boga.

Por aquel tiempo fue cuando en sociedad con un señor Martínez habría adquirido la quinta en cercanías de Puerto Yeruá donde se erigió la construcción de que hablamos.

Según alguna tradición familiar, lo fue en homenaje a su padre el vasco don Bernardo Salduna -mi bisabuelo- dueño de una flota de carretas en la que hacía largos recorridos, que llegaban hasta Paraguay o Brasil.

Dicen que habría muerto en Corrientes,  más precisamente cerca de Curuzú Cuatiá, algunos afirman que asesinado.

Eran tiempos violentos, todavía no había terminado la guerra de la Triple Alianza. En abril de ese año sería asesinado don Justo José de Urquiza  en el Palacio San José, y en Concordia sus hijos Waldino y Justo Carmelo.


VERSION Y CONJETURAS

¿Erigió la cruz Juan Salduna, en recuerdo de su padre, y de ahí  la inscripción “SALDUNA-HIJO”?

¿Y por qué la “Cruz Celta”? Refiere alguna versión que los Celtas están emparentados con los vascos, en un reciente viaje por aquellas tierras me llamó la atención la forma de sus cruces, tan parecidas a la “svástica” de los nazis.

Don Juan Salduna pertenecía a una Logia -la “George Washington”-  quizá el símbolo tenga alguna reminiscencia masónica.

Otra versión que ha corrido es que el sitio es una verdadera tumba: allí se habría enterrado el cuerpo de una persona encontrada en cercanías, probablemente ahogado.

Se trataría de un marino, incluso se dice afroamericano (negro).

De ahí la inscripción “desconocido”.

Nada se sabe a ciencia cierta, todo es misterio, o leyenda,  perdido en la noche de los tiempos,  en torno a la “Cruz Celta”.

Abierto el tema a la investigación y a la curiosidad de quienes interese o puedan aportar datos.


LA “IMPRONTA” ARTIGUISTA

Aprovecho de paso a mencionar que la zona está cargada de Historia: ahí cerca nomás, frente a Nueva Escocia, del lado oriental,  está la Meseta de Artigas,  el pueblo de la Purificación, desde don José Gervasio instaló su campamento y dominaba el vasto territorio de la “liga Federal” o de los “Pueblos Libres”.

Sería bueno que algún día las autoridades, o algún privado, organizara una especie de circuito turístico, por agua y tierra, tanto para ocasionales turistas, como estudiantes.

Que agregara a las muy hermosas riquezas naturales de la región, el necesario componente cultural.

 



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