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La locura incendiaria y el juego del peligro - 24 de Noviembre de 2021 - Nota vista 700 veces

El ataque a Clarín ocurre en un contexto donde los medios independientes vienen siendo apuntados desde lo más alto del poder

El ataque al edificio de Clarín está en plena investigación judicial, pero las primeras conclusiones están claras y son indiscutibles: no fue un hecho de un individuo sino de un grupo numeroso; no fue un ataque por un arrebato del momento sino organizado; no se trató de un “escrache” que terminó en un ataque a pedradas, sino de una intimidación con bombas incendiarias que, obviamente, primero debieron prepararse y trasladarse hasta el lugar.

La Policía busca más imágenes de los autores para ver si alguno de ellos puede ser identificado y habría una huella dactilar en una de las botellas usadas como explosivo que no alcanzó a estallar, aunque los peritos tratan de establecer si el material hallado alcanza para una identificación completa. De todos modos, y termine como termine la investigación, es difícil no asociar el ataque a un contexto general donde los medios independientes vienen siendo apuntados, incluso con nombre, desde lo más alto del poder político.
El gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, acaba de volver a proponer “regular a los medios de comunicación, porque la gente empieza a pensar en lo que los periodistas proponen”. Es decir, lo que él propone es “regular” el pensamiento. El mismo Capitanich había roto en pedazos varias páginas de Clarín en una conferencia de prensa oficial y delante de las cámaras cuando era jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, en febrero de 2015.
Hace un año, la Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, Miriam Lewin, creó un observatorio llamado Nodio para monitorear la información de los medios porque “el discurso del odio, la desinformación y las noticias maliciosas promueven la polarización social y la violencia colectiva”.  Una interpretación literal de aquello podría ser: “Si no informan como a nosotros nos gusta, aténganse a las consecuencias”. Mucho más acá, el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, amenazó en un acto público, después de perder las PASO: “Un día el pueblo se va a levantar contra los medios… no tengo duda de eso”.

A su lado aplaudían el presidente Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof, en señal de aprobación. Es un símbolo que entraña un peligro latente. Si los ven aplaudir al Presidente y al Gobernador, ¿no podría un grupo de trasnochados autopercibirse “el pueblo” y sentirse avalados a cometer cualquier desatino en esa dirección?
El Presidente tuiteó hoy expresando su “repudio al episodio ocurrido frente a la sede del diario Clarín”, y agregó: “La violencia siempre altera la convivencia democrática”. Condenó en la práctica y ante un hecho intimidatorio contra el diario, dos meses después, el discurso de Ishii que aquella tarde había aplaudido. Hace un mes Cristina Kirchner acusó a los medios de “poner nerviosos a los argentinos”. Y criticó en un acto público una nota del “gran diario argentino” -en alusión a Clarín- sobre gastos en la zona franca de Río Gallegos.
El error de información fue de ella: era una nota de La Nación .(Por Héctor Gambini) 

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