APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Interés General

Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 11 de Septiembre de 2021 - Nota vista 221 veces

El retroceso de la industria editorial argentina

Tal vez la época de oro de nuestra industria editorial se dio entre 1930 y 1970, gracias a la contribución de la industria local producida por el gran exilio de españoles radicados en la Argentina huyendo de la República Española primero y de la Guerra Civil después.

Editoriales como Sudamericana, Losada, Espasa Calpe y EMECÉ pasaron a dominar un mercado que era muy competitivo y luchaban por ingresar a nuestra industria gráfica que producía el 50 % de los textos en castellano en el mundo.

En los años 90, las empresas extranjeras ingresaron al mercado argentino. La Ley de Convertibilidad que regulaba la paridad cambiaria y el ingreso de capitales, corrió junto a la obligatoriedad del Estado de mantener una reserva de dólares equivalente a la moneda nacional circulante para asegurar los compromisos externos.

La producción dejó de ser prioridad, sino el aprovechamiento de los recursos materiales existentes, el escaso margen de ganancias destinados a la reinversión y por esa razón, las empresas extranjeras se vieron beneficiadas y la inversión de esas empresas extranjeras en la industria editorial la que a partir de ese momento se dedicó al mercado latino, donde ubicaron sus sucursales y no consideraron el desarrollo de la cultura y la industria nacional.

Así fueron absorbidas las editoriales locales, en un proceso de expansión hacia Latinoamérica. Entre 1998 y 2000 el grupo español Planeta, (que controla el 20 % del mercado argentino) adquirió EMECÉ, Tusquets, Minotauro, Paidos, Seix Barral, Ariel, Espasa Calpe, Crítica, Temas de Hoy, Destino, Martinez Roca, Becerra y Hernández.

El otro grupo Sudamericana, que es la segunda empresa líder en ventas sella la pérdida de competitividad de la industria editorial argentina, frente a las transnacionales al ser adquirida en 1998, por el grupo alemán Betelsman, que es también propietario de Penguin Ramdom House, Grijalbo, Mondadori, Lumen, Debate, Plaza & Janés

El grupo español PRISA adquiere Santillana, Alfaguara, Taurus, Aguilar, Altea, Richmond Publishing. Por otro lado, los capitales colombianos del Grupo Norma en 1994 adquiere Editorial Kapelusz que se suma a la adquisición de Tesis en 1991. El Grupo Zeta Ediciones B absorbe Javier Vergara Editores.

La prestigiosa Editorial Ángel Estrada fundada durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento por Ángel Estrada dedicada a la publicación de libros escolares y cuentos infantiles fue adquirida en 2007 por el grupo escocés Macmillan Publishers

Las grandes editoriales argentinas pasaron a ser de negocios familiares cuya prioridad era crear un catálogo de prestigio, teniendo como ejemplo el boom de los años 60, a focalizarse en el polo comercial de la actividad y considerar al lector como un “consumidor”.

Además es frecuente que muchos autores que adquieren prestigio en las editoriales más pequeñas, sean contratados por las grandes asegurándoles un piso de ventas con sus sucursales y cadenas de distribución que los pequeños no pueden competir.

Estas editoriales pequeñas o “independientes” son también emergentes de la década del 90, en parte gracias al abaratamiento de importación de los insumos y donde el escritor desconocido intenta publicar sus trabajos a veces con suceso y lograban trascender al gran público.

También es bueno preguntarse ¿Qué sucedió con la Ley de Fomento al Libro y la lectura sancionada el 27 de junio de 2001? ¡Hace ya 20 años!

Esta ley reclamaba la reducción de gravámenes al papel importado cuya calidad no se fabrique en el país y arancelar la importación de los libros y revistas. Subrayaba la gravedad de la situación contrastándola con los regímenes de países de habla castellana, que fueron hasta la década del 50 compradores de ediciones argentinas como he señalado antes.

Contenido Relacionado