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Por Luis Edgardo Jakimchuk - 8 de Junio de 2021 - Nota vista 618 veces

¿La hipocresía es el motor que hace funcionar a la política?

Los argentinos nos hemos acostumbrado a ver de manera completamente natural la profundísima y patente hipocresía en nuestra vida cotidiana. La política es el campo que se presta admirablemente a la hipocresía, el odio y la mentira.

No es el único, pero quizá sí sea el terreno en el que más se use, porque se considera un instrumento necesario y legítimo para la política y el político. La derecha neofascista para avanzar por sobre la decepción que dejó la gestión macrista, buscó uniformar las estrategias de desestabilización y manipulación para socavar la confianza y crear un ambiente de sospecha.

Para ello se sirven permanentemente de razonamientos escépticos y relativistas, con una manipulación tan agresiva, dolorosa y destructiva como pocas veces se ha visto. 

Es tan hipócrita y cínica la “preocupación por la realidad económica, de las Pymes, sanitaria, educativa y los derechos de los niños” de los dirigentes de CAMBIEMOS, que muestra, de este modo, que la hipocresía y el cinismo conviven con lo verdadero, no ya como dos opuestos antagónicos, sino como dos primas hermanas para ellos que le dieron la espalda a esas mismas proclamas cuando gobernaron.

 El macrismo ha dejado índices horribles en casi todos los órdenes:  49, 6% de los niños menores de 14 años en la pobreza y al 11,3% de ellos en la indigencia. Dejaron sin vacunar contra la Meningitis a 750 mil niños. Cerraron el Plan Conectar igualdad (computadoras para los chicos). Cerraron o se fueron del país más de 24.537 empresas y la pérdida de empleo industrial trepó a más de 145.000 trabajadores.

 CAMBIEMOS fue una máquina de producir desigualdades, y no solo de pobreza, sino de distancias cada vez más abismales entre los más ricos y los más pobres; acompañando por un relato centrado, entre otros elementos, en la condena de lo estatal y de lo político, y en la culpabilizacion de las víctimas.  

Macri, viene mostrando “esquizofrenia política” (en el sentido de “mente dividida en dos”). Digo esto para poder entender las inadmisibles y perversas desconexiones de todo territorio de la realidad. Mientras la otra “mente partida”, la encontramos en las hendiduras del orwelliano aparato propagandístico de “la cloaca informativa” adicta, que no cuelan los datos de la tremenda herencia que dejó al entrevistarlo.  

Está muy claro que la hipocresía y la irracionalidad de la política no funcionaría sin la hipocresía judicial y la hipocresía periodística. Son cómplices con quiénes compartir y, entonces re-mienten, su mentira original.

 Los medios de comunicación concentrados y parte de la justicia inescrupulosa, constituyen un eslabón fundamental de este dispositivo.

Un dispositivo que trabaja al servicio del falseamiento de la realidad, la persecución, el armado de causas y encubrir intereses espurios. Me refiero a un fenómeno en que lo falso probado como falso puede ser considerado verdadero, mientras que lo verdadero probado y constatado puede ser livianamente desacreditado. En eso consiste la hipocresía, en afectar una virtud, una idea, cuando en el fondo carece de tales y ocultan más de lo que muestran.  

Tengo la impresión de que algo parecido a La Metamorfosis, de Franz Kafka sucedió con los medios y el periodismo de derecha reaccionaria en Argentina. Cuando se ahogó la reelección del espía, endeudador e inútil Macri, se encontraron “convertidos en un monstruoso insecto”, dejando de servir a la deliberación pública con la verdad, para pasar a jugar la batalla para destituir.   

Sin lugar a dudas, la pandemia monopolizó la política y los programas mediáticos de los medios. Y teniendo en cuenta que no hay ninguna zona de la realidad, ninguna dinámica de la vida pública que no pueda ser modelada por las interpretaciones.

 Es fácil observar la perversidad, el cinismo y las cuestiones de intereses de las “interpretaciones” de periodistas e editorialistas de medios opositores para la construcción discursiva, brindando indicios de la degradación ética-deontológica a la que han llegado.

La desinformación sobre el manejo de la pandemia del coronavirus es asquerosa. Interpretaciones siempre orientadas a un estado permanente de agresividad, de mentiras, de odio. No podemos pedirles “objetividad periodística” a tantos periodistas asalariados del poder económico –político.

 Sería una pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un río, que en un instante son y el siguiente dejan de ser. El proceso diacrónico de estos personajes (algunos son verdaderos psicópatas), se debe a que son ordenados por los intereses de los dueños de los medios, incluso al comercio de las noticias.

De estas “cloacas comunicacionales” como lo son, La Nación+, TN, A24, Infobae, radio Mitre, entre otros tantos de los grupos mediáticos, han sido invadido por “los todólogos y todólogas” (personajes que dicen saber todo). Personajes que son presentados como “fortalecedores de la república”, vociferan incoherencias a los solos efectos de atacar al gobierno.

 Tienen una peculiaridad: no tienen empacho en pronunciarse sobre política, economía, salud, educación y otros mil temas y esto sin ponerse colorado.  También no faltan los intelectuales, como el intelectual macrista Juan José Sebreli que comparó el triunfo de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri con la victoria de Adolf Hitler en Alemania.

A Sebreli (que llamó explícitamente a la desobediencia civil), le falta lo que alababa el profesor de Harvard, Joseph S. Nye “la prudencia como virtud moral”. Da mucha bronca ver que el sentido común está en retirada en la realidad argentina.  

También Kafka nos acercó a la justicia, en su obra “El proceso”, como metáfora de un mundo atrapado en hábitos sin tensión moral que dejan a las personas a merced de un sistema insensible a la súplica y la razón. F. Kafka nos plantea la hipocresía con la cual las personas pueden vivir en relación a la utilidad que una persona puede tener para nosotros.

Honoré de Balzac, en su novela “El coronel Chambert”, nos introduce en una sociedad enferma llena de hipocresía social, donde el sistema judicial sirve para arrebatar el honor y la identidad.

Esta afección social, lo observa muy bien el profesor Alberto Binder, presidente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), que sostiene: “Stornelli es el arquetipo de fiscales y jueces que convirtieron a la justicia federal en un circuito mafioso”, y que “el procurador general interino es sostenido por esos sectores a los que les conviene tener a un titular débil del Ministerio Público”.

El fiscal federal Federico Delgado puntualizó: “Es algo terrible y está bastante naturalizado. En Argentina desde hace tiempo hay un uso privado del expediente, algunos jueces o fiscales están usando los expedientes para fines propios y no pasa nada”. Esto revela la podredumbre de nuestro Estado de derecho. Si hay malos jueces y fiscales se debe a que hay muchos buenos jueces, fiscales, abogados y buenos ciudadanos que callan. Todos ellos son parte de esta justicia.

 El modelo inquisitivo que imperó durante el macrismo, con un juez como Bonadío y un jefe de fiscales como Casal, solo Dios te puede defender.  

En la cima de la hipocresía y la mentira, con una situación económica que se vuelve insoportable para muchos y una memoria frágil, es, al fin y al cabo, una sociedad más vulnerable a la manipulación.

La estrategia de la oposición girará alrededor del desprestigio de todas las políticas del gobierno, con un discurso anti política y la agresión al Estado.

Esto obliga al gobierno a repensar, con razón suficiente, un proyecto claro para cimentar nuevas reglas que construya una nueva estatalidad, que sea capaz de darle soluciones a la gente YA.

Esta es una nueva sociedad después de la pandemia. Cuando los proyectos son claros, cuando se sabe lo que se quiere y lo que se puede ceder para no caer en la incoherencia ideológica, es aceptado por las mayorías. No se puede seguir deshojando la margarita y prolongando “la tortura de la gota de agua”. 

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