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22 de Mayo de 2021 - Nota vista 2255 veces

ELIANA MAFFI DE CAPRARULO (In memoriam)

Pasado casi un mes de su partida, rememorando a Eliana y a algunos de los lindos momentos pasados, evocamos impensadamente una conversación que tuvimos con ella cuando, en oportunidad de comentarle el deseo compartido por una de nuestras hijas con su hijo, nuestro nieto, de transitar el mítico Camino de Santiago, recordamos haber hablado del “Campo de las Estrellas” –Campus Stellae-, hoy Compostela, llamado así, según una tradición, por las muchas luces que señalaron la tumba del Apóstol, lo que permitió encontrarla.

Allí está el Finisterre (Finis Terrae), “el Fin de la Tierra”, según los antiguos romanos que bautizaron el sitio, hoy el nombre de la comarca y un cabo recostado en la llamada, precisamente, “Costa de la Muerte”. Nada había después de él.

Reflexionando se nos ocurrió que esto fue para el Apóstol Santiago El Mayor, dilecto compañero de Jesús, el fin de la vida material y de su misión evangelizadora en este mundo. Sin embargo, el lugar continúa siendo hoy uno de los tres destinos de peregrinación más visitados por la cristiandad, junto a Jerusalén y a Roma. Y la doctrina, que constituyó el interés central y la tarea vital de este Apóstol, se ha expandido más allá del “fin del mundo”, ha excedido a la muerte y, a 2000 años de su final físico, el Zebedeo vive, bajo otra forma, en el recuerdo y en la vida de muchas personas.

En una escala más pequeña naturalmente, pensamos que esto ocurre con los seres que habitaron este planeta y luego se fueron. Pasará probablemente con todos nosotros. Y dependerá de cómo se nos mantenga en los sentimientos y de cómo nos evoquen, el seguir existiendo bajo otra forma, la del recuerdo, independientemente de nuestro destino en la otra vida.

De esto, de lo que la memoria retiene y el corazón guarda, disponemos sin medida en nuestra relación con Eliana y Pino. Sabemos que es mucha la gente que, como nosotros, ha apreciado en Eliana la intervención siempre suave y generosa en sus existencias, la presencia sutil, los humores suaves y sin estridencias y, sobre todo, esas ganas de ayudar, de compartir, de alegrar y hacer sentir siempre bien a las personas con quienes estaba. De esta manera, y con estas cosas intangibles, se tejió nuestra relación que fue muy larga y rica, con los necesarios intervalos que la vida dicta y con, además, el aditamento de la literatura compartida, los libros mutuamente recomendados y comentados, algún viaje en cuyo destino coincidimos y disfrutamos, comidas, música y buenas conversaciones,… en fin, con las innumerables cosas que van surgiendo cuando recapitulamos y que hacen que, mientras camina sus nuevos rumbos, siga Eliana existiendo en nosotros con los sentimientos de siempre.

Por todo esto, querida Eliana, es nuestra seguridad que tomarás fuerzas de tu propio Campo de Estrellas, el que construiste a lo largo de tu vida, trascenderás ese engañoso Fin del Mundo e iniciarás con paso firme el otro camino que te está destinado y que, seguramente, no te será ajeno porque vos misma lo creaste. Tu recuerdo está seguro en nosotros.

Sandra, Luis y Familia

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