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23 de Febrero de 2021 - Nota vista 304 veces

Ley de las P.A.S.O. en la República Argentina

Por Ignacio Bard y Martín Federico Lombardo

 En el presente se hará mención a los diferentes efectos que la posible eliminación de las P.A.S.O. tendría en el sistema nacional de partidos políticos.

 La importancia de la Ley Nro. 26.571 en el ordenamiento electoral Argentino radica no sólo en la incorporación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, como método de selección de candidatos en el orden federal para cargos de: Presidente y Vicepresidente, Senadores Nacionales, Diputados Nacionales, Parlamentarios del Mercosur y Convencionales Constituyentes; sino también en el colectivo de normas que modificó dentro de las leyes 23.298 de partidos políticos y 26.215 de financiamiento partidario.-

 Tal es así que la citada ley incorpora que todas las fuerzas que quieran participar del proceso general, deben postular pre candidatos en las primarias, y luego de alcanzar el umbral del 1,5%, si participar de la elección nacional. Dejando atrás a aquellas fuerzas que no lleguen al piso establecido. Dentro de esta elección se ponen a consideración de los ciudadanos, las facciones de cada espacio, que sin lograr una lista común desean ejercer el derecho de sufragio pasivo, en concordancia con la garantía constitucional de ser elegidos. Esta elección es la selección de los futuros candidatos que representarán a las distintas fuerzas en las elecciones generales.-

Si el afán de los hoy legisladores de modificar la norma fuera sincero y no estuvieran guiados por intereses personales, éstos representantes del pueblo podrían interiorizarse en aspectos que van más allá de la suspensión o traslado de la fecha electoral del segundo domingo de agosto, a quién sabe qué día. Sería interesante hacer cumplir la legislación en lo que refiere al financiamiento partidario, respecto al sostenimiento económico de cada lista participante de las P.A.S.O. para su ejecución de boletas, sin necesidad de recurrir a la justicia, ordenando al estado nacional el pago que corresponde; o sería interesante también hacer saber a los legisladores de que los aportes para sostenimiento político-partidario han quedado reducidos a monedas, con el espiral inflacionario de los años, no pudiendo con el aporte estatal sostener el costo mensual de uno de los 12 meses del año calendario. En fin, esta breve introducción, va para hacer saber que si hay aspectos a mejorar, pero del modo y la manera que se pretende, deja a las claras, que el único fin de tocar las P.A.S.O. resulta para lograr un beneficio propio y no de la democracia en pleno. –Pero no solo desde el punto de vista técnico-legal esta intención de reforma presenta problemas, sino que también lo hace desde el punto de vista estrictamente político. La llamada “Faz agonal” o “Faz dinámica” de la política explica la existencia de los partidos como hecho social constante e histórico que se repite continuamente. Hay “partidos”, aunque se les dé otro nombre “facciones”, “tendencias”, etc., o no se les dé ninguno, siempre que se trata de la conducción de un grupo humano, porque siempre que se trata de la conducción de un grupo humano, aparece la necesidad de ponerse de acuerdo, de ser “partidario”, acerca de los fines del grupo y de los medios para alcanzarlos. Surge entonces, con la discrepancia acerca de los medios o de los fines, la necesidad de separarse y competir unos contra otros. Siempre hay, pues, “partidos”.-

  Los hubo entre quienes siguieron a Pericles y a Demóstenes en Atenas, y a Espartaco, Mario o Sila en la República romana. Constituyeron partidos los güelfos y los gibelinos en la Europa medieval, los tories y los whigs en la Inglaterra del siglo XVII, y los jacobinos, girondinos y montañeses, en los días de la Revolución Francesa.-

Pero si bien la existencia de “partidos”, es decir, de grupos que discrepan acerca de los fines o de los medios para conducir al respectivo grupo mayor del que forman parte, es un hecho constante en la historia, no puede decirse lo mismo de los partidos políticos que, caracterizados por un determinado tipo de organización y de funciones, han surgido como una consecuencia del régimen democrático representativo. Su nacimiento no era algo previsto ni tampoco querido por quienes elaboraron la doctrina de la representación política. En efecto, según esta última, tal como la expusiera originariamente el abate Sieyés, la comunidad está formada esencialmente por individuos – no por estamentos, gremios, familias o regiones – y como se supone que la soberanía reside en la comunidad y es imposible de hecho que la ejerza por sí misma, se llega lógica e inevitablemente a la conclusión de que, para expresar y ejercer la voluntad común, no queda otro camino que el de que los individuos designen sus representantes.-

 Tal razonamiento no conducía, sin embargo, a la conclusión de justiciar la formación de partidos políticos. Por el contrario, parecía que contradecía la esencia de aquella doctrina que se formaran organismos especiales para servir de instrumentos o intermediarios en el mecanismo representativo. “Al fundarse los Estados Unidos, dice Friedrich, se consideraba al pueblo capaz de actuar como unidad y es por eso, agrega, que el reconocimiento de los partidos ha minado el dogma democrático de la unidad del pueblo”. Aquel recelo que esta patente en “El Federalista” y en el discurso de despedida pronunciado por Washington, no fue exclusivo del mencionado país, sino que en todas partes, a medida que se iba implantando y ejerciendo el régimen representativo, el surgimiento de los partidos políticos era mirado como “una real desnaturalización del esquema democrático de gobierno”.-

 Algunas décadas después y especialmente en los Estados Unidos de América, que fue el primer país que los tuvo, comenzó a admitirse que, aunque eran un mal, no podía prescindirse, en el régimen representativo, de los partidos políticos. En La democracia en América decía Tocqueville que “los partidos son un mal inherente a los gobiernos libres”.-

Se ha llegado luego a admitir que, sin ser necesariamente un mal, los partidos políticos son indispensables para la existencia del régimen representativo. Puede afirmarse que en la actualidad no hay discrepancias al respecto. Bryce, Ostrogorski, Kelsen, Laski, Neumann y Sartori, para citar diversos autores de distintas nacionalidades, épocas y tendencias se han expresado en tal sentido. Burdeau ha afirmado al respecto “Los partidos son prácticamente indispensables para que el pueblo pueda expresarse; la disciplina que introducen en la agitación de las ideas mediante sus doctrinas y sus programas permite abrir paso a la voluntad nacional”.-

 Es en esta línea, en la República Argentina, los convencionales constituyentes de 1994, incluyeron en el primer párrafo del artículo 38 de la constitución que: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático”.-

 Ahora bien, como es sabido, los partidos han sufrido una transformación fenomenal en su organización interna desde que los primeros “Partidos políticos” vieron la luz como “partidos de notables”, para luego convertirse en “partidos de masa”, es decir partidos integrados a la sociedad, encargados de movilizar las ideas de los ciudadanos hacia los órganos de poder. Es justamente esta clase de partido la que reside en el imaginario popular, aquel con afiliados que deciden mediante votaciones internas quienes han de ocupar los cargos internos y quienes serán los candidatos en las contiendas electorales. Sin embargo, una simple mirada al panorama político internacional nos indica que este tipo de partido, si bien no está completamente extinguido, cada vez es más extraño en la política.-

Diversas transformaciones en las tecnologías de la comunicación y difusión de contenidos han dado lugar a lo que los expertos han dado en llamar “Partidos Catch-al”. Con esta terminología inglesa se hace referencia al fenómeno actual en el cual los partidos contendientes en las elecciones no representan un cumulo de ideas determinados, sino muchas a la vez, en donde los mismos no están integrados por personas de determinada clase, región o religión, si no más bien que apuntan a obtener votos de todos los estratos sociales poniéndose el disfraz que más convenga a la situación.

 Es así que especialistas han dado a llamar al actual sistema político creado por estos partidos “Democracia televisiva”. Ya que el votante no se comporta como anteriormente lo hacía, participando dentro de los partidos que luego llevarían esas ideas al poder, sino que ahora su comportamiento se asemeja más al de una audiencia televisiva, votando por la oferta electoral del momento, pero sin tener verdadera influencia sobre el diseño de dicha oferta.-

 Dentro de esta lógica de pensamiento, la ley nacional Nro. 26.571, que fuera sancionada luego de la derrota en la Provincia de Buenos Aires del Frente para la Victoria en la categoría Diputados Nacionales del año 2009, con Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Clotilde Acosta “Nacha Guevara” y Sergio Massa como candidatos, en manos del empresario Francisco de Narváez junto al hoy Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Ingeniero Felipe Solá, en lo que se llamó UNIÓN PRO; estas Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.) vinieron a poner un freno a este fenómeno. Obligando a los distintos potenciales candidatos a competir en internas (en principio con candidatos de su mismo partido o alianza electoral), se le da al ciudadano un pequeño poder de decisión sobre el diseño de la oferta electoral en las elecciones definitivas (generales).-

Fue también esta Ley de primarias, las que consagraron en elecciones generales el binomio Fernández de Kirchner - Boudou con el 54% de los votos positivos durante la contienda presidencial del año 2011.

Así también fue la que ordenó en la misma categoría presidencial la oferta electoral del incipiente frente CAMBIEMOS en el 2015, donde el Ing. Macri del PRO se impuso a Ernesto Sanz de la UCR y a la dirigente de la C.C. - Ari Elisa “Lilita” Carrió.

Luego tuvo su primer ballotage entre el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y representante del Frente para la Victoria, Daniel Scioli (el más votado) contra el segundo, Macri, que se impuso por escaso margen en Noviembre de 2019.-

Desde ya que el sistema actual adolece de múltiples falencias y se presta a diferentes “operaciones” que desnaturalizan su cometido, ya que, al ser abiertas, no es necesario estar afiliado a un partido para poder votar en sus internas, de modo tal que miembros de un partido rival pueden llegar a votar por el candidato mas débil del otro partido.

Es más, actualmente las diversas fuerzas políticas intentan no someter sus contiendas internas a una votación ya que es mucho lo que se pone en juego. Asimismo, cambiar las reglas electorales en un año electoral, es algo que no se hace o se debe hacer, máxime estando a poco más de tres meses del cierre de frentes electorales, que operan en el mes de junio.-

 Esta situación no es para nada nueva ni particular de Argentina, mas bien, el hecho de que exista una “Clase política” sobre la cual los ciudadanos (quienes en teoría deberían delegar el poder) tienen poca o nula influencia en la elección de sus miembros y mucho menos en sus decisiones. Para ser más precisos, este fenómeno es una de las pocas leyes que la Ciencia política ha podido encontrar y se la conoce como “Ley de hierro de la oligarquía”.

Si bien esta idea fue expuesta por distintos expertos como Mosca y Pareto, fue el alemán Robert Michels quien, por su parte, en una obra publicada en 1911 y que en la traducción al castellano lleva el título “Los partidos políticos”.

Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna postuló la idea de que “Por una ley social universalmente aplicable, todo órgano de la colectividad nacido como consecuencia de la necesidad de la división de trabajo, crea intereses peculiares propios, tan pronto como logra consolidarse. La existencia de estos intereses especiales trae aparejado un conflicto inevitable con los intereses de la colectividad” y continúa diciendo “La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía”. Corresponde aclarar que, pese a su crítica a la democracia, Michels no llegó a sugerir otro régimen menos malo.- Ahora bien, no es fácil notar que dicha “Ley de hierro” en tanto fenómeno social es contraria a todos los valores democráticos y republicanos que dictan que el gobierno debe ser del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, sin embargo, lo que Michels hace notar es que sin importar su valoración es un hecho que sucede nos guste o no. Pero que exista o suceda no implica que debe ser aceptada y no exista ningún intento para cambiar la realidad, al fin y al cabo, en eso consiste la política.-

 Las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.) en la Argentina, operan como un freno a dicho fenómeno, probablemente no sea el mejor ni el mas efectivo, pero es un freno al fin. Eliminarlas por el simple hecho de que la realidad conduce hacia otro destino es completamente ilógico.

Sería como si un egipcio en vez de construir diques para que el río Nilo no se lleve sus cosechas, simplemente lo dejara actuar ya que es un fenómeno inevitable. Precisamente, el derecho en tanto ordenamiento normativo tiene como fin la organización social de acuerdo a determinados valores, por supuesto que la norma opera en el plano del “Deber ser” y los fenómenos sociales en el ámbito del “Ser”, pero justamente el fin debe ser la transformación de la sociedad de acuerdo a determinados valores y no el simple reconocimiento de la realidad.

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