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Conocido con el seudónimo Linares Cardozo - 17 de Febrero de 2021 - Nota vista 834 veces

A 25 años de su partida recordamos al maestro Rubén Martínez Solis

Todas las canciones tienen una historia y él compuso un tema que se llama PUERTO VIBORAS (Dpto. Villa Hernandarias) que es la zona donde se trabaja mucho con el yeso y hornos de ladrillo.
Justino Hernández

En la letra de la chamarrita nombra a Andrés Hernández y hace unos días el periodista amigo de Villa Hernandarias José Hernández, conductor del programa televisivo Argentinísima Satelital “El Gaucho y la gente” me mandó este informe porque la persona que habla en su canción Linares Cardozo, es de su familia.

El periodista José Hernández dice: “La historia de Justino Hernández recuerda que nació en los albores de 1900, de un siglo cuando la miseria y la necesidad jugaban descalzo en el patio de una Argentina que tenía la mirada distraída hacia el interior. Todo era doblemente difícil y la música y sus intérpretes eran una excepción a las reglas, cuando pienso que los grandes nombres de cantantes, compositores y bailarines del Folkore Nacional en su mayoría llegaron desde el corazón de la Patria.

En eso andaba el joven Justino Hernández cuando decía: “lejos de la pala y cerca del madero”, en alusión a su fiel guitarra (marca Tango) que llegó a sus brazos casi sin querer, durante un verano intenso donde despuntaban el vicio de la taba, el buen vino y las tertulias de la época.

Justino era un niño que como si fuera una yerra comenzaba a ser marcado por el destino cruel, que él mismo eligió y recordó hasta sus últimos días. Le dedicó al “madero” los 80 y tantos años que estuvo despierto durante su vida, convirtiéndolo en el mejor guitarrero - cantor de la zona. En su cancionero surgían obras creadas por él y otras del gusto popular, creaciones que viajaban por lo histórico, sentimental y hasta el humor. Eso sí, el “pago por sus actuaciones” eran un poco de comida y bebida (que no era alcohol, raro en aquella época).

La historia de Justino es larga, bella y dolorosa a la vez, muy rica en experiencias. Cuando despertaba el año 30 y “Discepolin” desparramaba poesías, el adolescente Justino era todo oído buscando información y letras de esos porteños ilustradores. Así aprendió una Ranchera que interpretaba Carlos Gardel titulada “El Tiburón”, que fue su caballito de batalla. Pero para aprender letras “ajenas” tuvo que “aprender a leer” y la escuela había sido algo esquiva en su vida por diferentes motivos. La música fue su maestra y su pasión.

En sus andanzas por fiestas y escenarios se cruzó con importantes figuras del tradicionalismo argentino y un desconocido llamado Linares Cardozo fue su compañero de coplas a quien invitó a conocer paraje Puerto Viboras de donde Justino era oriundo. Don Andres Hernández hizo de anfitrión y su amabilidad y gentileza hicieron que nazca una amistad con el invitado a tal punto que entre las obras de Linares Cardozo hay una que está dedicada a Don Andrés Hernández.

Justino era el hombre más afamado de la zona, invitado a todos los escenarios, y el sol era alguien desconocido para él, la noche competía con la guitarra y su amor. Si porque cuentan que no fue correspondido en este sentimiento y para “peor de males” el alcohol se había presentado en su camino y terminó siendo su peor enemigo, tanto para el amor como para su profesión. Linares Cardozo lo anduvo buscando durante varios días hasta que lo encontró y según contaba Justino era para ir al encuentro con un empresario de Radio Belgrano en Bs. As.

Pero el artista estaba remando por un “amor imposible” y desgastando su vida con el alcohol y también el cigarrillo que habían aparecido en su vida.

Lo recuerdo ver sentado en el patio de mi abuela con su guitarra en la falda, piernas cruzadas (2 veces por lo delgado que estaba) y su voz ya rugosa por el nuevo enemigo que era: el cigarrillo, diciendo esta frase: “ya lo ve… Linares se convirtió en el gran Linares y yo en un Borracho”. Aquel gran músico y cantor extraordinario del monte entrerriano murió solo, abandonado con su guitarra Tango recostada en el cabezal de una vieja cama con colchón de paja.

Dicen que encontraron su cuerpo por casualidad 2 días después de su fallecimiento. Su apellido quedó grabado en una chamarrita que se llama Puerto Viboras y dice así:

“Verde culebra de Dios nombré a mi pago costero, donde padece el yesero su destino con rigor, allí se forjó al calor la fibra del entrerriano y allí sentó el hombre macho la menta de su valor. Un barranco pa’ soñar un cardenal junto al río humilde pago querido querencia siempre será. Enancado al Paraná te va cantando mi copla, que tu entraña generosa es la flor de mi cantar.

Puerto Víboras… Puerto Víboras el polvo de tus moliendas va blanqueando una ilusión, mi temple no tiene mella porque soy Andres Hernández, de los que forjan tu huella libertario corazón. El chañeral despertó con repiques de cencerros, bajan carritos tumberos brillando su carga al sol, una picana, un silbar, un puentecito abajeño y los bueyes con su empeño van llegando a descargar. Talvez no sea lo mejor lo que les brinda mi puerto, canteras y hornos de yeso, es el pueblo de mi amor. Soy baqueano pa’ alumbrar tu esperanza bendecida y pongo el alma y mi vida por mi rincón litoral.

Yo te canto Puerto Viboras el polvo de tus moliendas va blanqueando una ilusión, mi temple no tiene mella porque soy Andres Hernández de los que forjan tu huella libertario corazón”. Letra y música: Linares Cardozo.

Agradecemos la gran colaboración que tuvo desde Hernandarias nuestro amigo, el Profesor de Música Oscar “Chango” Perez, quien nos alcanzó la letra y nos informó que esta obra fue grabada en 1981 en el disco Entrerriano en CBS por Linares Cardozo.


Por Comisión Homenaje Permanente a “Linares Cardozo” de Cdia.

Rosita Ramat- Ferré Registrada en INAMU Nº 7333.


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