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Por Darío H. Garayalde para El Heraldo - 17 de Octubre de 2020 - Nota vista 456 veces

El prodigio del descubrimiento de un nuevo mundo y el arribo de los vascos a América

Cristóbal Colón no es solamente el descubridor de América sino también el héroe que abre horizontes, insospechados hasta entonces e inmensos para la humanidad.

La economía y la historia misma del mundo cambian con este colosal descubrimiento. Ya nada será igual. Creo que hasta cuesta advertir que fue mucho más importante que la llegada del hombre a la Luna, por ejemplo. No se alcanza a percibir el beneficio de tales alardes de tecnología que valoramos, naturalmente, pero que no es suficiente para igualar el hecho de haber partido hacia lo desconocido. El rumbo al Oeste era marchar hacia el final de todas las cosas, sobre el que los portugueses afirmaban “Sabido e que enviajando ao poente, o mondo acaba e os navíos caem no mesmo abismo em que o sol e as estrelas caem todos os días”, Sebastiâo Gomes de Souza Ribeiro, Cartógrafo de la Corte de Portugal. Esa fue sin lugar a dudas una de las razones de peso, además de las pretensiones de Colón en cuanto a beneficios y honores, para que la monarquía portuguesa no apoyara la propuesta del Gran Almirante

De todas maneras viajar hacia la Luna o Marte será siempre viajar hacia algo que conocemos, que estamos percibiendo visualmente, por eso digo que sin duda, por ahora al menos, es sólo un avance tecnológico.

Los vascos. Curiosamente Colón, a pesar de ser genovés, no hablaba italiano ni escribía en ese idioma. Sí en cambio hablaba portugués, castellano y vasco, lo que no llama la atención, pues era ésta en realidad la jerga de los marineros y de los puertos.

Cuando se realizan las crónicas históricas se menciona siempre a las tres carabelas, pero la nave que tripuló Colón no era una carabela sino una nao, más dos carabelas. La “Pinta”, aunque carabela, era también embarcación de gavia, es decir con cofa, que al parecer no tenía “La Niña”, aparejada de velas latinas. La nao, vale decir la “Santa María”, tenía dos castillos, uno a proa y otro a popa; era de aparejo redondo y tenía cofa, (igual que “La Pinta”) y era de propiedad de Juan de Bengoa “El Vizcaíno”, notable cartógrafo y explorador. El nombre anterior de la nave era “La Gallega”. Juan de Bengoa ofreció su nave a Colón, y su tripulación era de vascos en su mayoría. Vemos allí apellidos y procedencias como: Galarza; Martinez de Azoca, Ruiz de la Peña, y Txautxu= gorrión, todos de Deva; Altube y también Arrue, de Plencia; Axpe, de Santurce; Etxebarría, de Erandio; Zabaleta, de Zumaya; Arana, Bizcarra y Barrena, de Lakeitio; Arriaga, de Mundaka; Encío, de Luchana; Bergara, de Motrico; Bilbao de Larrabezúa; Perez Vizcaíno y Urrutia, ambos de Bilbao; Arraez de Sopelana y Lete, de Iruña (Pamplona).

Juan de Bengoa tuvo dos apodos, uno era “El Vizcaíno” y el otro era “Juan de la Cosa” este último, por un error histórico se tomó como apellido. Fue el más hábil guía de Colón, el mismo Almirante lo afirmaba, como aseguraba también que los marinos de la “Santa María”, a la que el designó capitana, eran todos pescadores, balleneros y navegantes. Esta fue la primera nave que tocó tierra en América.

En el segundo viaje de Colón, la flota que hizo preparar el Rey Fernando el Católico se construyó en los astilleros de Bermeo (Vizcaya), bajo la dirección técnica de otro marino insigne, muy hábil en el arte de la arquitectura naval: Iñigo de Artieda. Y una de las naves que salieron en el tercer crucero de Colón era vizcaína e iba gobernada por Pedro de Ledesma.

Juan de Bengoa fue el autor del primer mapa de América, y fue sin duda el más eminente cartógrafo de su siglo, exploró las tierras del vasto continente, tanto con Colón como con sus intrépidos capitanes mostrando siempre como sello distintivo de su noble etnia, la decisión, el coraje y la hidalguía de su corazón. Murió en el hoy territorio colombiano sorprendido por los indios y allí pereció acribillado a flechazos el afamado marino vasco.

Destaco el hecho de que muchos de los tripulantes eran pescadores y cazadores de ballenas, porque los pescadores vascos del Cantábrico o del Golfo de Vizcaya le contaron a Colón que cuando el viento soplaba muchos días desde el Oeste, llegaban flotando maderas que ellos no conocían en Europa. De manera que es posible que le comentaran que existían tierras desconocidas al Oeste del Cabo Finisterre.

En los muchos viajes realizados por Colon con anterioridad a su fantástico descubrimiento, había viajado en flotillas comerciales por el Mediterráneo, desde el Mar de Liguria (Génova) al Adriático (Venecia) que eran los centros del comercio del mundo. Se embarcó luego en una flota comercial que se dirigía a Inglaterra. Conoció Irlanda (Galway) e Islandia (Tule) en 1477 como agente de la Casa Centurione. Navegó hasta las islas Madeira y Porto Santo a comprar azúcar. En estas islas debió Colón relacionarse con navegantes entre los que era general el convencimiento de la existencia de islas en el Atlántico y tierras más allá de las conocidas.

El diario de a bordo de Cristóbal Colón, comentado por Fray Bartolomé de las Casas comienza diciendo desde la partida del Puerto de Palos el viernes 3 de agosto de 1492 “Partimos viernes 3 días de agosto de 1492 años de la barra de Saltes a las ocho horas; anduvimos con fuerte virazón hasta el poner el sol hacia el Sur 60 millas, que son 15 leguas; después al Sudueste y al Sur cuarta del Sudueste, que era el camino para las Canarias” Sudueste=Sudoeste.

Así se iniciaba la más formidable hazaña que conoció la humanidad y de la que participaron los vascos en principalísimo papel; el descubrimiento de un Nuevo Mundo para la Corona de Castilla…

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