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Según el Lic. en Psicología, Daniel Goleman - 29 de Agosto de 2020 - Nota vista 4136 veces

El 80% del éxito en la vida depende de la Inteligencia Emocional (IE)

Inteligencia emocional Daniel Goleman (psicólogo estadounidense) considera que la gestión positiva de las emociones es más determinante para el éxito en la vida que el coeficiente intelectual.

Para él, la IE es “la capacidad de reconocer nuestras propias emociones y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. Considera la importancia de potenciar dos habilidades importantes para el desempeño personal, social y profesional de cada persona. Por un lado y a nivel personal, considera imprescindible la “capacidad para la auto-reflexión”, es decir, la habilidad que nos permite identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada. Por otro lado y a nivel social, resalta el valor de la “habilidad para reconocer lo que los demás están pensando y sintiendo”, a través de las habilidades sociales que incluyen la empatía, asertividad, comunicación no verbal, el liderazgo, entre otras.

La inteligencia emocional desempeña un papel central no solo en el éxito o el fracaso de todo tipo de relaciones humanas (desde las sentimentales y familiares hasta los vínculos laborales) sino también en el éxito o fracaso de los proyectos personales. Una persona con una inteligencia emocional fortalecida, podrá adherirse a su objetivo principal, superar los obstáculos, evitar rendirse o abandonarlos.

Los componentes de la IE, según Daniel Goleman son:

El Autoconocimiento emocional: hace referencia a nuestra autoconciencia emocional, es decir, a la capacidad de reconocer nuestras emociones, e identificar como las mismas nos influyen. De esta manera, sabremos como nuestro estado de ánimo afecta nuestras conductas y actitudes. Por ejemplo: si una persona se percibe triste y angustiada, lo más probable es que desee evitar reuniones sociales y realizar alguna actividad deportiva. En cambio, una persona se percibe alegre, se sentirá más motivada y predispuesta, por lo que podrá comprometerse de la mejor manera a su actividad laboral y/o académica, fortaleciendo sus lazos afectivos y sociales.

Autocontrol emocional: es la capacidad de autorregulación. Primero identificamos la emoción que se encuentra activada con gran intensidad y luego la dominamos. Implica saber gestionar, conducir, controlar nuestras emociones. Por ejemplo: en un contexto de discusión, una persona con autocontrol emocional, elige no continuar la conversación bajo un estado emocional de enojo e ira y, considera prudente continuarla, en otro momento, cuando haya disminuido el malestar.

Automotivación: la motivación es un estado interno que impulsa nuestra conducta hacia una meta. La automotivación implica enfocarnos en nuestras metas personales, para ser proactivos y actuar en consecuencia, con entusiasmo e iniciativa, siendo capaces de superar los obstáculos que se nos presenten. De esta manera evitamos procrastinar (es decir, evitamos posponer responsabilidades por actividades más gratificantes pero que son irrelevantes. Ejemplo: miramos una serie completa durante tres días seguidos sin enfocarnos en un proyecto laboral. Lo posponemos, porque preferimos mirar la serie, luego nos angustiamos por no haber realizado el proyecto laboral).

Reconocerlas emociones en los demás: implica la capacidad de ser empático con los demás. Es decir, ser habilidoso en identificar la emoción que expresa la otra persona, de manera racional y objetiva, “es ponerse en sus zapatos”, sin juzgar, ni mantener prejuicios. Es correrse del lugar del “sí mismo” e identificarse con el “lugar del otro” y desde ahí, interpretar la situación usando su propia perspectiva. De esta menara, vamos creando vínculos afectivos cercanos, fortalecidos desde lo emocional y racional.

Relaciones interpersonales: implica las habilidades sociales que nos permiten generar vínculos interpersonales estables, consolidados en valores de solidaridad, asertividad, respeto, gratitud, humildad, amistad, etc. Son aquellas habilidades que nos permiten brindar respuestas adecuadas al entorno y nos permite relacionarnos mejor con las personas que nos rodean. Por ejemplo, una persona habilidosa socialmente puede, en un contexto de tensión, mantener la calma, expresar su emoción (ya sea de enojo, frustración, o decepción) y su opinión con respeto evitando agravar el conflicto.

Por lo antes expuesto, se concluye, que es importante fortalecer la IE ya que facilita la satisfacción personal y nos permite cultivar nuestra felicidad. Una persona que pueda controlar sus estados emocionales negativos (enojo, culpa, frustración, ira, tristeza, ansiedad, etc.), podrá experimentar una mejor salud psicológica, física y social. Además podrá asimilar mejor la experiencia, y podrá actuar racionalmente, ya que su sistema cognitivo, pudo controlar su accionar y con él, las consecuencias negativas.

Por otro lado, en esencia, la emoción, es un impulso que nos moviliza a la acción y cada persona, tiene una predisposición automática y biológica hacia la acción. El contexto en el cual nos desenvolvemos y las experiencias vitales, van moldeando esta “programación genética” que irán definiendo nuestras respuestas y manifestaciones ante los estímulos emocionales actuales.

La manera en como reaccionamos (la conducta) estará definida por cómo nos sentimos y como cognitivamente, percibimos la realidad. Por lo que, si una persona, logra fortalecer su inteligencia emocional, alcanzará un control racional y conductual de las situaciones que vive diariamente (experiencias vitales). Por ejemplo: una persona con altos niveles de ansiedad y angustia, tendrá menos posibilidades de lograr el éxito profesional, por lo que esta frustración aumentará su malestar. Por lo que será necesario: identificar la emoción (además de su intensidad y frecuencia), las conductas que retroalimentan el malestar y analizar como interpretamos (analizamos, juzgamos) los estímulos actuales, que alimentan la ansiedad y angustia. Sin dudas, una persona habilidosa emocionalmente, este proceso de realiza de manera automática y espontáneamente.

La buena noticia, es que esta habilidad se puede aprender, trabajar, fortalecer e incrementar. Con un buen entrenamiento, una persona puede redefinir su esquema cognitivo, regular mejor sus emociones y conducirse por su vida, de manera asertiva. De esta manera, la persona alcanzará éxito personal y profesional, disfrutar de una salud plena y mantener el equilibrio emocional.

El secreto para afrontar este desafío es automotivarse para lograrlo y estar dispuesto a poder entrenarse junto a un terapeuta cognitivo conductual, que lo pueda guiar en este proceso de aprendizaje.


Lic. Silvana Etchepare

M.P. 1707

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