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28 de Agosto de 2020 - Nota vista 2166 veces

Homenaje a un hijo de Concordia

Me estoy refiriendo al Doctor Eduardo Gabe En la Revista Argentina de Cardioangiología Intervencionista, se publicó su fallecimiento, con un destacado y dolorido Homenaje.

El Doctor Pablo Stuzbach dijo: “Fue entre otras cosas, un extraordinario semiólogo, y tuvo una carrera exitosa en el Sanatorio Güemes, y en la Fundación Favaloro, y realizó una larga lista de colaboración, en nuestro país, y en el extranjero. Además, fue motor de la enfermedad de tabotsubo”.

También el Doctor Jorge Wisner comentó; “de su éxito en su carrera, y lo destacó, como una gran persona, a la que todos lo extrañaremos”.

Su semblanza

Eduardo Gabe, “Poli” como lo llamaban sus familiares y amigos, nació en Concordia el 9 de enero de 1953 y nos dejó el 29 de marzo de este año. Cursó sus estudios primaros en la Escuela Normal de Concordia, para luego hacer el secundario en el Colegio Nacional Alejandro Carbó; obtuvo allí -en el último año- la medalla que instituye el Rotary Club Concordia para el mejor compañero.

Posteriormente se trasladó a la ciudad de Córdoba para realizar sus estudios de medicina. Decidió especializarse en cardiología y fue fiel discípulo durante 32 años del Dr. René Favaloro; perteneciendo al staff médico del Sanatorio Güemes a fines del año 79 y posteriormente al de la Fundación Favaloro, con cargos de alta responsabilidad médica y humana. Durante esos largos 32 años realizó el doctorado en medicina en noviembre del 2006 en la UBA.

De más está decir que también obtuvo la graduación de la especialidad en cardiología y varios premios otorgados por la UBA y la Academia Nacional de Medicina (Premio Anual Luis Sívori en 1997 y Premio Anual Rosalía Garfunkel en el año 2000). También en el exterior obtuvo la especialidad como cardiólogo en el American College of Cardiology de Estados Unidos.

Luego de esta larga trayectoria, perteneció al staff de cardiología clínica del Sanatorio Otamendi, haciéndose cargo del área terapia coronaria y de todos los consultorios cardiológicos de la institución.

Al decir de la Revista Argentina de Cardioangiología en homenaje que se realizara post mortem, “Durante su paso por el Sanatorio Otamendi toda la gente joven, tanto residentes como staff clínico, disfrutó gratamente de su amplio conocimiento de la cardiología clínica y cirugía cardiovascular”.

El Dr. Pablo Stuzbach, quien compartiera con él su formación en la fundación Favaloro, lo definió entre otras cosas como “un extraordinario semiólogo”.

Existen largas listas de colaboración en libros y trabajos originales publicados en nuestro país y en el extranjero, siendo además miembro integrante activo del Comité Editorial de la Revista Argentina de Cardioangiología Intervencionista (RACI). En esta misma revista, uno de sus más cercanos amigos y colegas, el Dr. Jorge Wisner, escribió: “No es fácil para mí escribir algunas palabras tras tu fallecimiento, porque ha sido tan súbito e inesperado que he quedado muy abrumado, pero quiero darte el último adiós, agradeciéndote por la maravillosa amistad que nos profesamos durante más de 40 años... y a pesar de que tomamos distintos rumbos, la vida nunca logró separarnos. Desarrollaste una dilatada y exitosa carrera en el ámbito de la cardiología. La muerte es un acontecimiento que nadie puede evitar, sin embargo, es muy difícil de aceptar, especialmente cuando un amigo tan cercano como vos tiene que marcharse. No tengo la menor duda de que te encontrarás en un muy buen lugar, fuiste una gran persona a la que todos extrañaremos”.

Querido Eduardo dejaste un recuerdo imborrable en todos los que te conocieron y donde sea que estés te vamos a extrañar mucho.

Excelente hijo, padre, hermano y esposo. Todos los que te amamos y conocimos nunca te olvidaremos, por esa huella imborrable que supiste sembrar con creces.

Hijo de esta ciudad, a la que tanto querías y siempre que podías visitabas.

Sus compañeros y amigos concordienses lo recuerdan con admiración por todos sus logros, pero fundamentalmente como aquel amigo con muchas virtudes, que siempre estaba, siempre dispuesto a dar una mano.

Finalmente, Concordia le rinde un destacado Homenaje y Recuerdo, a este hijo de tan destacada trayectoria profesional a nivel Nacional e Internacional, que nació, estudió y volvió a ejercer en su ciudad natal. Posteriormente siguió sus estudios y sus perfeccionamientos en Bs As donde falleció.

Lamentablemente por la situación que estamos pasando su propia familia y sus amigos de acá, no pudieron despedirlo, por eso creo que es justo darlo a conocer esta noticia, que a muchos los sorprenderá, y sentirán una gran condolencia, por su partida, pero es una forma de acompañar a su dolorida familia.

Se fue sí, pero su huella quedará como un médico, que ayudó a tantos a vivir, y que quedará vívido, en sus recuerdos de tantos amigos, y de todos lo que lo conocieron y lo distinguieron como el mejor compañero.

Eduardo, descansa en paz.

Teresita Miñones de García.

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