APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Opinión

Edmundo Pedro Scattini - 11 de Agosto de 2020 - Nota vista 1833 veces

De la política y los políticos

Siempre curioso por el origen de ciertas actividades, y tratando de entender de una vez por todas, qué se entiende por político, encontré esta definición, que representa bastante bien mi forma de pensar, por lo menos en teoría: “En la mayoría de países el ordenamiento jurídico considera a los políticos elegidos o nombrados como representantes del pueblo en el mantenimiento, la gestión, y la administración de los recursos públicos.

Dicho ordenamiento considera que un político debe velar por el interés general de los ciudadanos y mantenerse dentro de una ética profesional de servicio al pueblo y no hacia sí mismo. La corrupción, la demagogia, el sectarismo y la incompetencia son males que afectan en mayor o menor medida a la clase política de la mayoría de países.”

Quiero dejar en claro, que la corrupción no es un monopolio de los políticos argentinos, pero creo que en muy pocos países se ha llegado a los niveles del nuestro, si hay alguno.

Yo tengo otra definición casera, poco sofisticada, pero más cercana a la realidad.

Por supuesto, pienso que hay muchas personas que se dedican a la actividad política, y que son beneficiosas para el país y su pueblo, cuyo comportamiento cae dentro de la primera definición, pero, en mi opinión, son los menos, y, por lo general, no tienen el control de la principal herramienta de la política: EL PODER.

Creo que muchos que se dedican a “la política”, se introducen en esa actividad por medio de la “democracia”, entendida como “ideología” (sistema de ideas y actitudes, con pretensión de objetividad y universalidad, que encubre los intereses de un grupo, una clase o una nación)… (Pero concebida como “forma de gobierno” acaso sea la más valiosa y justiciera que el hombre haya creado) dice Víctor Massuh en “La libertad y la violencia”.

Democracia no consiste sólo en emitir un voto cada dos años, por lo general con total desconocimiento por qué o por quién se vota. Después quien asume el poder, lo usa en forma discrecional y descontrolada, pensando que la mayoría de votos obtenidos, le dan un poder absoluto, que sólo puede ejercer quien detenta el poder ejecutivo.

Eso es, en el mejor de los casos, autoritarismo, o una “democracia delegativa”, definida muy bien por Guillermo O’Donnel, donde se considera que a quien obtiene la mayoría de los votos, y la mayoría parlamentaria, se le ha “delegado” un poder absoluto, sin límites y sin controles, para gobernar y para desconocer las instituciones de la República..

El tema daría para largo, pero para sintetizarlo, hay una gran mayoría de personas que se dedican a la “política, sólo como un medio de vida, que puede ser más o menos floreciente dependiendo de su habilidad para moverse en dicho ámbito y de su falta de escrúpulos.

Estos beneficios, en la mayoría de los casos, se pueden extender a sus familiares, amigos y colaboradores, que hacen posible su permanencia en dicha actividad. De algunos políticos, los menos, pienso lo mejor. De la mayoría, pienso lo peor. Pero pocos se animan a decirlo con esta claridad.

Para finalizar estas consideraciones generales, y entrar en el fondo de la cuestión, nuestro país tendría otra situación, si aquellos que trabajan honestamente, o más o menos, para asegurar su subsistencia, no tuviesen que mantener clases parásitas, encabezada por la “clase política”, que está en una estrecha complicidad, con otros grupos de dirigentes empresariales o sindicales que también comparten los beneficios de los que ésta disfruta.

Pero los que tienen los medios para cambiar el país son los políticos que manejan los cuerpos legislativos, y la justicia para hacer cumplir la LEY. Pero sólo un milagro los puede llevar a renunciar a esos beneficios que han enriquecido a muchos, en perjuicio de la mayoría del país, en especial de los pobres que han sido marginados de la sociedad, precisamente por aquellos que dicen defender sus intereses.


Contenido Relacionado