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por Darío H. Garayalde para El Heraldo - 8 de Agosto de 2020 - Nota vista 1490 veces

Cuando el Indio Amarillo amenazaba tomar la vecina ciudad de Salto en 1853

Este es un episodio que ha sido contado de distintas maneras y por diferentes autores pero fue un suceso que sin ninguna duda existió.

El comienzo de este suceso se inicia en Montevideo cuando el presidente Juan Francisco Giró, aliado del Gral. Urquiza, comienza a ser presionado por el sector unitario (Venancio Flores, Fructuoso Rivera), como continuación de los sucesos en Buenos Aires del 11 de septiembre de 1852. El presidente Giró intentó formar la Guardia Nacional, pero no pudo hacerlo y se vio obligado a renunciar al cargo y de inmediato sustituido por Venancio Flores como presidente acompañado por Fructuoso Rivera y Juan Antonio Lavalleja, quien falleció muy poco después, el 22 de octubre de 1853. Este triunvirato ocupó el Poder Ejecutivo y la Comandancia General del Ejército de Campaña. Juan Carlos Gómez asumió el Ministerio de Gobierno en lugar de Bernardo Berro. Sin embargo ya desde julio se sucedieron noticias de levantamientos armados en los distintos departamentos. Juan Francisco Giró solicitó asilo en la legación francesa.

Ese acontecimiento tuvo honda repercusión en casi todos los departamentos, especialmente Tacuarembó, Paysandú y Salto.

Ante el cambio de gobierno, se produjo también la remoción de varios jefes cercanos al depuesto presidente, entre ellos el de Salto, Bernardino Alcain. Tomás Gomensoro asumió en su lugar el 8 de octubre como intendente provisorio. Mientras tanto, llegaron noticias a Salto de que el capitán Javier Amarillo estaba en las cercanías de Salto con intenciones de tomar posesión de la ciudad. El capitán Amarillo se había hecho conocer por su campamento en los montes de Mataojo sobre el arroyo Solís y desde allí sorprendía partidas sueltas de contrarios a los que sorprendía con sus hombres. Javier Amarillo era originario del Departamento de Soriano.

La indefensión de Salto ante esa amenaza era considerable ya que carecía de una fuerza militar para su resguardo, salvo la fuerza policial que contaba con escasos 30 o 40 efectivos mal armados al mando del comisario Marcos Salvatella. Con el agravante que hacía 9 meses que no cobraban sus salarios y los sueldos eran pagados por un grupo de comerciantes. Esa era precisamente la preocupación de Gomensoro, ya que esta situación determinaba que las fuerzas policiales respondieran a los comerciantes y no a las autoridades.

Gomensoro reunió a los más caracterizados vecinos para exponerles lo que seguramente debían hacer frente. Los vecinos ofrecieron de manera personal para sumarse a la defensa.

Uno de los puntos de reunión fue la casa de Llovet en la Plaza Vieja (hoy Plaza 33) y allí se convocó un grupo de más de 15 personas, algunos de ellos armados, otros no, pero todos querían contribuir a la defensa de la ciudad. Otro grupo se sumó a este en el mismo lugar pero sobre la calle Uruguay, donde estuvo la carpintería de Galimberti. Una partida importante de voluntarios se apostó en los altos de la casa de José Gervasino. También en la calle Daymán un entusiasta grupo de voluntarios había sido reclutado entre los vecinos y allí tomaron posiciones. También había un joven italiano de apellido Mallone que había arribado a Salto hacía poco tiempo en un barco a vela para establecerse con pulpería en la calle Brasil, junto a un grupo de connacionales en un número de 70 personas estaban dispuestas a luchar. Todos los días a la puesta del sol, quedaban todos en alerta.

Una nota enviada por Gomensoro al Ministro de Gobierno preocupado porque los policías del departamento no cobraban sus salarios desde hacía nueve meses, y los sueldos se los pagaba un grupo de comerciantes. Para Gomensoro era preocupante porque suponía que las fuerzas policiales responderían a los comerciantes y no a él. Por su parte, Juan Carlos Gómez hizo público su apoyo al coronel Venancio Flores y exigió que se mantuviera en el cargo al comandante Ambrosio Sandes, Jefe Político y de Policía de Paysandú.

La idea de Amarillo como una amenaza para Salto figura en una nota enviada el 20 de noviembre por José Agustín Reyes, alcalde ordinario de Salto a Gomensoro, que la prensa reprodujo 15 días más tarde. En ella Reyes alude a las sublevaciones en Tacuarembó por “el traidor Barbat” y se refiere a la “desobediencia” del comisario Amarillo quien “vino con su reunión de vándalos sobre esta villa”.

Las versiones orales señalan que a eso de las 11 de la mañana (no hay coincidencia en la fecha) del 21 de septiembre, el capitán Amarillo y sus indios entraron al pueblo por la calle que entonces llamaban Real (Uruguay hoy) hasta rebasar la calle Sarandí, donde se detuvieron clavando sus lanzas en el suelo. Luego entraron a medio galope, dando gritos y constituían un grupo de más o menos 50 hombres melenudos, con vincha y pintorescos atavíos.

Los defensores del pueblo se dispusieron para combatir atrincherándose en los cantones.

Mientras Amarillo conferenciaba con sus amigos políticos, Bernardino Alcain, Juan Claveríe, Esteban Arenilla y otros.

Finalizado el parlamento y probablemente por indicación del grupo de civiles, el capitán emprendió la retirada, siempre por la calle Uruguay hasta la altura de la que se llamaba, las 4 esquinas, y que entonces era pleno campo, la indiada hizo pie para churrasquear. Poco más tarde, las dos compañías de populares junto con los policías de Salvatella, avanzaron hasta la Plaza Nueva (Artigas), tendiendo una línea con frente a esta.

Los vecinos con quienes hablara Amarillo, se presentaron ante Gomensoro y le sugirieron la conveniencia de que se pusiera en contacto directo con el jefe contrario, el cual de antemano estaba prevenido de la gestión y dispuesto a entrar en conversaciones. Para saber que resolvieron el jefe político, Amarillo a las 4 de la tarde estaría esperando en la esquina de la casa de comercio Luveras, cruce de la calle Uruguay con la antigua calle Cañas.

La conversación, principiada y seguida duró más o menos dos horas. Lo resuelto entre Gomensoro y Amarillo, quienes se despidieron con ademanes amistosos, fue que habían conciliado pareceres, había conseguido la palabra del capitán de que no atacaría el pueblo retirándose al día siguiente para seguir las operaciones en campaña. Esa misma tarde, a última hora, se vio que Amarillo, haciendo honor a su palabra, retiraba sus hombres de la orilla del pueblo rumbo a San Antonio. El día 24 entre las 10 y 11 de la mañana, toda la gente habían ensillado y marchaba rumbo a Daymán. Creía Amarillo que tomaría fácil contacto con los Jefes Blancos que como Barbat y otros se habían sublevado en Tacuarembó. Pero una mala estrella guiaba sus pasos. Aislado en Paysandú, con sus escuadrones muy mermados, entró en tratativas con el comandante José Mundell, jefe de vanguardia del jefe político Ambrosio Sandes. Acogido al indulto, Mundell lo retuvo a su lado junto con 7 de sus hombres más adictos. Parece no obstante, que el sometimiento fue solo una treta ocasional y que Amarillo solo esperaba el momento de darse a la fuga. En preparativos de realizarla envió a uno de los suyos a tomar noticias de la fuerza y caballos del capitán Soria, desprendido de la gente de Mundell, el bombero fue descubierto. Sospechando Mundell de las intenciones dudosas de su hombre, optó por remitirlo a Paysandú, donde estaría más vigilado. Una vez allí, Sandes que siempre pecó de expeditivo y duro, lo hizo fusilar el 1º de diciembre. Fin de la Historia del Indio Amarillo.

Revista de Historia para Todos – Año 5 Nicolás Duffau

 Diccionario Uruguayo de biografías 1810- 1940 Fernández Saldaña José María Montevideo Librería Anticuaria

Americana 1945 Página 57

Crónica General del Uruguay- Montevideo -Ediciones Banda Oriental 1980 Vol 3 Pág. 206- 207 Washington Reyes Abadie

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