APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Salud

8 de Agosto de 2020 - Nota vista 1169 veces

La lactancia materna: un proceso que debe vivirse de a tres

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra desde el 1° al 7 de agosto, en más de 17 países, “La semana Mundial de la Lactancia Materna”con el objetivo de proteger, promover y respaldar la lactancia materna.

¿Por qué es importante la lactancia materna?

La lactancia materna le aporta al recién nacido muchos beneficios para su salud física y emocional, a través de una relación afectiva que lo une con su mamá. Propicia un sistema alimentario sostenible al ser el alimento más rico en nutrientes, ya que se encuentra formado por leche y todo el líquido que el bebé necesita para su desarrollo integral.

Por otro lado, la mamá, a través de la lactancia, le brinda al bebé los “anticuerpos”, que son los factores de protección necesarios para prevenir enfermedades, hasta que el recién nacido pueda generar sus propias defensas. De esta manera, el bebé amamantado tiene menos probabilidad de tener: infecciones del oído, diarrea, neumonía, sibilancia y bronquiolitis, como también otras infecciones bacterianas y virales (ejemplo: la meningitis).

Lo protege contra la obesidad, la diabetes, el síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL), asma, eccema, colitis y algunos cánceres.

Beneficios psicológicos de la lactancia

a)- Para el bebé:

Sus beneficios son a corto y largo plazo, ya que está muy relacionada con el desarrollo emocional del bebé, que influirá en su personalidad desde sus primeros días, luego del nacimiento hasta en la vida adulta.

El bebé luego de estar 9 meses en el útero materno, dentro de un ambiente cómodo y seguro, es impulsado a incorporarse a un mundo lleno de sensaciones nuevas: olores desconocidos, diferentes sonidos y con abundante luz.

Para facilitarle su adaptación a este nuevo ambiente, será necesario el contacto afectivo, cercano y seguro de su mamá, por lo que la lactancia se convierte en ese factor importante generador de la contención y protección.

Además, estar cerca de ella, ayudará a que el bebé pueda reconocer los estímulos familiares que percibía cuando se encontraba en el útero (por ejemplo los latidos de su mamá y su respiración), dándole una sensación de continuidad de la vida antes y después del nacimiento.

De esta manera, el bebé se irá adaptando progresivamente e incorporando nuevos aprendizajes, experimentando tranquilidad, protección, confianza y amor.

b)- Para la mamá:

La lactancia es buena para la salud de la mamá, ya que ayuda a liberar hormonas a su cuerpo, que promueven el comportamiento materno, ayuda a restablecer el tamaño del útero como estaba antes del embarazo y genera el gasto de colorías que produce la disminución del peso ganado durante el embarazo. También retrasa el reinicio del periodo menstrual, ayudando a mantener el hierro en su cuerpo.

Por otra parte, el posparto es un momento complejo en el que la mamá deberá adaptarse, ya que trae consigo muchos deseos, expectativas y miedos, e implica la culminación de un proceso que duró 9 meses. Habrá cambios de rutina, roles y funciones dentro del sistema familiar, además de sus cambios físicos. Por lo que la lactancia ayudará no solo al bebé, a poder adaptarse a este nuevo proceso, sino también a su mamá. De esta manera, la mujer se irá reasegurando como “madre capaz”, aumentando su seguridad personal y su autoestima. Así se irá desvaneciendo la ansiedad y el estrés emocional, producto de los cambios antes mencionados, disminuyendo el riesgo de la depresión posparto.

Concluyendo, la lactancia materna feliz y gratificante asegura el éxito de la primera relación madre e hijo siendo esta misma sumamente valiosa para el desarrollo físico y emocional del bebé.

Requisitos para una lactancia feliz y gratificante:

-se recomienda la lactancia materna hasta los seis meses de edad y hasta los dos años o más, con el agregado de alimentos adecuados para la edad del niño.

-la mamá debe estar motivada y tranquila, y el bebé sostenido y seguro.

-hay distintas posiciones, lo importante es variar para prevenir dificultades, pero sobre todo, es necesario que el bebé sea llevado al pecho de la madre, y no el pecho al bebé; que la cabeza y el cuerpo del bebé estén alineados con el abdomen de su mamá (“panza con panza”) y que la cara del bebé esté frente al pecho de la mamá, y su nariz contra el pezón, mirando a la madre.

Es importante la demostración afectiva: mirar al bebé a los ojos, hacerle caricias, hablarle con un tono de voz cálida, etc.

Es fundamental que la madre esté cómoda e hidratada.

El rol del padre en la lactancia

Sin dudas el padre tiene como la mamá un rol importantísimo para asegurar una lactancia feliz y gratificante. El padre es la figura de apoyo y contención de la mamá, sobre todo en las primeras semanas, luego del nacimiento, cuando el sistema familiar debe desplegar sus habilidades de comunicación, empatía, confianza, paciencia, tolerancia y amabilidad para facilitar la adaptación de un nuevo integrante a la familia y con él, los nuevos hábitos y costumbres. De esta manera, el proceso de adaptación y de conocimiento de los padres y el bebé se desarrollará en un clima saludable donde predominará el amor, la tranquilidad, la paciencia y la unión familiar.

Es necesario que el padre se involucre en la lactancia y que pueda conocer las ventajas de la misma, para favorecer dicho proceso y por sobre todo el desarrollo físico, cognitivo y emocional del bebé.

Por otro lado el padre ejercerá el rol de protector tanto con el bebé como con la madre, sobre todo ante situaciones que vulneren la sensibilidad de la madre, por ejemplo con los comentarios imprudentes, consejos reiterativos, sugerencias de personas externas a ellos, que generan ansiedad, miedo y preocupación.

Al formar un equipo el padre con la madre, será más fácil la tarea de la lactancia. Mientras la madre está amamantando, el padre puede colaborar generando un espacio cómodo y tranquilo, propiciando lo que la madre necesita (agua, almohadones, abrigo) o el bebé (cambiarlo, abrigarlo, arroparlo).

Por último, la madre debe incluir al padre en este proceso maravilloso de la lactancia, invitarlo a compartir con ella ese momento de entrega incondicional de amor y cariño. Es ella quien debe garantizar el vínculo paterno filial, y el padre con compromiso, motivación y responsabilidad deberá involucrarse en el crecimiento del bebé, en sus cuidados como así también fomentando esa unión afectiva, que irá fortaleciendo desde muy temprana edad una personalidad sana en el recién nacido.

Lic. Silvana Etchepare

M.P..1707


Contenido Relacionado