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Columna de opinión - Por Alberto Rotman - 8 de Agosto de 2020 - Nota vista 2155 veces

“Queca” Kofman. Un ejemplo de vida

Con mucha pena y gran dolor nos enteramos de la infausta noticia de la desaparición de Celina Zeigner de Kofman conocida como Queca Kofman. Militante social y de los Derechos humanos, que formó parte de Madres de Plaza de Mayo desde sus comienzos.

Le teníamos un gran cariño y guardábamos por ella un gran respeto. Fue directora de la Escuela Belgrano de Concordia, donde concurrieron tantos niños, entre ellos, nuestros tres hijos.

En junio de 1975 su vida dio un vuelco, cuando de la cotidianeidad entre la Dirección de la Escuela, los quehaceres hogareños y su vida familiar y social, es sacada bruscamente.

Una patrulla militar en Tucumán ha secuestrado a Jorge su hijo menor, cuando se dirigía en un colectivo de línea hacia la Ciudad de Córdoba donde lo esperaba su esposa embarazada (hija de un matrimonio médico, muy amigos nuestros, ambos profesores de la Universidad) y un hijo.

Su secuestro la llevó a recorrer cárceles, cuarteles y juzgados.

 A visitar iglesias y despachos de políticos en busca de ayuda que le permita recuperar a su hijo desaparecido, por haber sido partícipe, como muchos jóvenes soñadores de aquella época, “del grave pecado, de no pensar como el poder de turno y aspirar a un mundo mejor y más justo”.

Estando todavía en Concordia, se suma a la APDH (Asamblea Permanente de los Derechos Humanos) y posteriormente pasa a formar parte de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, ese grupo único, que en plena dictadura militar salieron a desafiar al poder, con un solo lema “aparición con vida de sus hijos” y con su única arma “el Pañuelo Blanco”.

Esta lucha por la recuperación de Jorge, su hijo desaparecido, la acompañó hasta el final de sus días transformándola en una protagonista destacada en Santa Fe donde estaba viviendo desde 1988 y en el país todo, donde de manera ininterrumpida militó por la Memoria, Verdad y Justicia apoyando y acompañando su lucha y sus reivindicaciones.

En el año 2001, por serias divergencias con Hebe de Bonafini, opta por retirarse de la Organización de Madres.

“Yo no pertenezco más a la Organización, pero seguiré usando el Pañuelo Blanco porque toda mi vida seré una Madre de Plaza de Mayo”. Así lo relata en su libro “Historias y Recuerdos de una Madre de Plaza de Mayo” donde cuenta su historia.

Hace menos de tres años me encuentro en forma casual con Queca donde entre otras cosas, me cuenta detalladamente este hecho y su decisión muy penosa para ella, como era dejar esa Organización donde había militado tan visceralmente y que le infiere su verdadera identidad que marcó el rumbo de su vida estos años.

Con Queca se va una cabal representante de una lucha desigual entre este grupo de mujeres, que arriesgando no solo su vida, sino que algunas pagaron con ella, que saliendo en su ronda semanal por la Plaza de Mayo, donde contaros al mundo la triste realidad de nuestro País y quienes auto titulados dueños absolutos del poder que se atribuyeron el derecho a matar, torturar, violar, robar bebés y desarrollar los métodos más aberrantes con tal de lograr su cometido, al mejor estilo del nazismo.

Queca transitó coherentemente y sin desvíos ese camino hasta que su paso por este mundo dijo basta, queda su ejemplo de vida, de construcción, de transformación de la tristeza en lucha y de la rabia en alegría.

Se fue una “indispensable” como lo refiere Bertold Brecht, son aquellos que “luchan toda la vida”.

Guardo como un tesoro y con mucho cuidado el libro que Queca me envió, “Historias y Recuerdos de una Madre de Plaza de Mayo”, donde relata parte de su vida, acompañada con una afectuosa dedicación.

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