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18 de Julio de 2020 - Nota vista 933 veces

Conciencia sanitaria

El profundo concepto acerca de como es la conciencia que las personas tienen de sí mismo y del mundo que nos rodea, es ciertamente, de compleja indagación. Pero merece que lo abordemos. Al realizarse una investigación, este concepto surge con más claridad cuando al entrevistado se le formulan preguntas puntuales en un diálogo que también es abierto. Esta herramienta confiable, permite reconocer los niveles de conciencia que cada persona tiene sobre el tema propuesto.

Aunque es necesario recordar que comprender la conciencia de cuidados acerca de su salud que tienen las personas, no significa que la misma sea puesta en práctica. El ejemplo más claro es el de los fumadores, que tienen clara conciencia del daño que el cigarrillo provoca. Se podrá objetar que en este ejemplo gobierna el componente adictivo de las sustancias y los aspectos psicológicos que favorecen a tal comportamiento, y es cierta la observación, pero no se puede objetar que estas personas son conscientes del acto y sus consecuencias.

También la conciencia sobre los buenos hábitos alimentarios es un concepto extendido. Muchos tienen certeza del efecto que produce alimentarse con exceso de grasas o ausencia de frutas en las ingestas diarias o bien, las consecuencias dañinas de la abundante ingesta de alcohol, sin embargo esa conciencia no doblega las persistentes costumbres instaladas.

Podemos apreciarlo en numerosos ejemplos más. Existe una expresión muy difundida como consejo médico “debiera Ud. hacer actividad física”. También lo dicen muchas personas que anhelan cumplir ese objetivo algún día. Pero de saberlo a realizarlo, hay un trecho que a veces es extenso. No son pocas las oportunidades que la detección de síntomas clínicos extremos dan aviso urgente de suprimir ciertos hábitos. Se dirá que tarde llega la noticia. No es equivocada la expresión. Pero a muchos, este límite sin concesiones, les hizo vivir más y también mejor.

Por lo que resulta que la conciencia de la propia salud y del entorno ambiental, por ejemplo, está condicionada por una variable humana más compleja: llevar al acto lo pensado. Y esto abre el interrogante o debate sobre si alcanza el saber para cambiar los comportamientos. Está visto que no. O quizás debiéramos decir, a algunos les es suficiente, pero no a la mayoría. Y son las consecuencias de estos comportamientos lo que revelan, a nivel colectivo, como es la relación con la salud o el medio ambiente.

Si bien la conciencia es un concepto que proviene del universo filosófico primero y luego psicológico, donde se la estudió con mayor profundidad, ciertamente no es ajena a la mirada rigurosa de la neurobiología o la endocrinología, cuyos aportes, le otorgan más consistencia a su funcionamiento. Pero cierto es, que esta conciencia está atravesada por variables como la historicidad del sujeto, cuyos contenidos emocionales fortalecen los criterios de mayor cuidado o al contrario, la debilitan. Se suma también los efectos que deja la historia socio económicas en la cual, la apersona adquirió hábitos y comportamientos protectores de sí y de otros. Esta variable histórica, puede contribuir de manera positiva o no.

Haciendo este análisis y al acercarnos al tema sobre cómo nos cuidamos, incluyendo a los demás y al entorno ambiental, arribamos a unos de los mecanismos psíquicos más profundos y complejos que se relaciona con las acciones que genuinamente protegen. He aquí que nos encontramos con una ligadura emocional que garantiza con firmeza tales cuidados. Me refiero al conocido sentimiento de autoestima, el cual se asocia a la autovaloración y cuidados de sí mismo. Este es el responsable de activar los comportamientos pertinentes para ejercer las acciones saludables y protectoras. En ellas están incluidas, la alimentación, actividad física, controles médicos y protección del entorno ambiental. Todo ello implica un modo de tratarnos a nosotros mismos y al resto, es decir, a las personas que nos rodean y también al medio ambiente. Siendo que está estrechamente conectada a la autoestima, cuando esta es elevada, es muy probable que se desplieguen los mejores cuidados para la preservación y mejor vida de cada uno y de los demás.

Así podemos comprender como se instala y funciona la conciencia sanitaria, tan necesaria ante esta pandemia. Más allá de las propuestas que los equipos técnicos especializados envían a los gobernantes y que se convierten en políticas sanitarias, ellas son las que orientan el comportamiento esperado de la ciudadanía. Pero cada persona inscribe con mayor o menor conciencia estas orientaciones. Por esta razón los que tienen mayor desarrollo de su conciencia y prácticas de cuidados, están más afirmados, más protegidos y con menores posibilidades de sufrir afecciones. Ya que no le resultan ajenas las pautas higiénicas y pueden implementar la distancia social, con mayor facilidad.

Está comprobado hasta hoy, que si se cumplen satisfactoriamente estas pautas sanitarias, se incrementa los beneficios para la salud propia y también de los otros.

Quedarse en casa y estar menos expuesto al contagio en este peculiar tiempo de pandemia, no debiera ser tan complicado. Sin embargo para algunos no ocurre así. La pérdida transitoria de los cuidados es producto de una concesión riesgosa de la baja autoestima y autovaloración de sí mismo. Sin embargo, la sociedad ha mostrado que en su mayoría, prevalecen los cuidados. Solo que los que se amontonan y olvidan el uso de barbijos, adquieren más visibilidad.

Podría afirmarse por los resultados colectivos logrados y aunque la presencia del virus se extienda, que somos una sociedad con mayoría de habitantes portadoras de autoestima fortalecida que privilegia la protección y cuidados de sí mismo y de los demás.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

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