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por Darío H. Garayalde - 20 de Junio de 2020 - Nota vista 525 veces

Manuel Belgrano: su triunfo en la derrota

El General Manuel Belgrano había dotado al ejército a su mando, de una disciplina verdaderamente notable. Sus hombres adquirieron una gran capacidad de desplazamiento y de acatamiento a las órdenes impartidas. Aun en la derrota, nunca perdían la armonía de sus batallones y fueron memorables sus retiradas sin jamás perder el orden.

La Campaña Auxiliadora al Paraguay al mando de Belgrano, ya en tierra paraguaya, en Campichuelo puso en fuga una partida de soldados apoderándose de la artillería abandonada por los paraguayos, una bandera y municiones. 

Puesto en marcha lo selvático del terreno y lo enmarañado de la vegetación le impedían orientarse y sin mapas actualizados ni baqueanos, su marcha era muy dificultosa. Al llegar al río Tebicuarí donde Ramón Espínola puso en fuga a 400 paraguayos con solo 50 hombres. Realmente impresionaban sus impecables uniformes, el orden y la respuesta inmediata al fuego enemigo. Entusiasmado con esta escaramuza, Belgrano no se dio cuenta de que solamente se trataba de fuerzas de observación; su error lo indujo a no esperar los refuerzos de 400 hombres que le traía el Gobernador de Misiones al mando del Coronel Tomás de Rocamora. Venciendo inconvenientes llegó al arroyo Ibáñez donde se le comunicó que se veía mucha gente a una legua. Tras cruzar el arroyo, desde un cerro constató por medio de sus prismáticos, la veracidad del informe.

Decidió librar allí el combate a fin de que sus hombres no se desmoralizaran por tanta marcha. Sus oficiales le hicieron notar la disparidad de fuerzas y que el sitio carecía de la posibilidad de recibir refuerzos. Sin embargo no cedió. Ya lo había decidido.

El 17 de enero de 1811 Belgrano ordenó oficiar misa. Se levantó un altar portátil en la cumbre del cerro, el capellán del ejército dijo la misa militar y el ejército paraguayo que llevaba adornados sus sombreros con cruces, en la creencia de que combatían contra herejes, la oyó arrodillado desde la planicie.

Decidió atacar al día siguiente, 18 de enero. Después supo que los paraguayos eran 6.000 hombres de caballería y 1000 de infantería atrincherados y con piezas de artillería, en tanto que Belgrano eran solo 460 hombres ya que había dejado efectivos en Candelaria y no esperó los refuerzos de Rocamora. Él sabía perfectamente su inferioridad. Pero era necesario probar su suerte. Nada ganaba retirándose, eso no agregaría hombres a la causa de Buenos Aires.

Como era su costumbre, a las 3 de la mañana recorrió el campamento y dio orden de marcha. Él se quedó en el cerro con dos piezas de artillería, sesenta hombres de caballería, dieciocho de escolta y los peones de las carretas, caballos y ganado. Los civiles tenían palos como armamento para que a la distancia parecieran fusiles.

A las 4 se abrió el fuego, que los paraguayos contestaron con tesón. El ataque expedicionario fue tan violento que pese a su inferioridad numérica, el centro enemigo fue quebrado. Al salir el sol, el Gobernador español Bernardo de Velazco había corrido 9 leguas en franco abandono, despojándose hasta de su uniforme; su mayor general Cuesta, fugado. La infantería había abandonado posiciones, refugiándose en los montes, mientras los patriotas se apoderaban de la batería principal. Belgrano se apoderó así de carros de municiones, de alimentos y de elementos de guerra. Para mayor refuerzo. Para mayor refuerzo Belgrano resolvió enviar al mayor general Machain con los 60 hombres de caballería de reserva. Fue un error porque ante la carga de caballería los patriotas pensaron que era en enemigo, al tiempo que alguien gritaba ¡Que nos cortan! Al ver eso Machain mandó retirada abandonando lo que habían logrado y los paraguayos que se habían escondido en los bosques, salieron a ocupar sus posiciones anteriores cortando por ambos flancos a los patriotas. Ciento veinte hombres debieron rendirse habiéndose perdido la quinta parte de sus efectivos. Ese cuadro llevó a Belgrano a disponer la retirada en orden. Sería esta su primera derrota, pero el principio del fin del poderío español en el Paraguay.

Tras marchar unos 10 kilómetros, siempre a la vista del enemigo que no osaba cortarlo, comenzó a anochecer. La explicación de no haber incorporado a las tropas correntinas se debió a su desconfianza de los soldados que no había preparado el en persona en las maniobras militares. Continuó Belgrano su marcha hacia Tacuarí. Destinó una fuerza de 100 hombres, al mando del capitán Perdriel, para que se apoderara del pueblo de Candelaria... Cruzó el Tebicuarí y comenzó a divisar al enemigo a la distancia. Resolvió detenerse en Tacuari, siempre con la esperanza de recibir auxilios. Más de 20 días estuvo allí, mientras el enemigo lo iba cercando e interceptando el ganado de Corrientes.

El 23 de febrero de 1811 se le presentó un parlamentario del General Cabañas cuyo texto decía “Espero de VE todo reconocimiento al Rey Don Fernando VII, en cuyo nombre le reconvengo para que se rinda con armas y tropas, que en su nombre mando, asegurándole las vidas y el buen trato que se merece vasallo fiel, entendiéndose desde VE hasta el último soldado legítimo y para su cumplimiento lo juro bajo palabra de honor” A la intimación Belgrano contestó “He traído las armas (omitiré transcripción) que los patriotas venían para sacar al Paraguay de las cadenas en que se halla, quitarle el servicio de milicias, libertarlo de las gabelas, darle un comercio franco con todas las Provincias, desterrar ese inicuo estanco del tabaco, que nombre un diputado para el Congreso y que no sufran más los perjuicios de la estagnación de sus frutos”.

Terminaba diciendo: ”Las armas del señor Fernando VII que manejamos los americanos a nadie se rinden. Eso queda para los que manejan los Españoles Europeos en la Península”.

Estaba todo dicho y Belgrano se dispuso a librar batalla en el Paso de Tacuarí.

El 9 de marzo, al amanecer comenzó el fuego, que los patriotas contestaron. Belgrano sabía que iba al sacrificio. No obstante los partes adversos que le llegaban entre ellos que Machain cayó prisionero del enemigo. Al intimarle Cabañas nuevamente la rendición incondicional. Belgrano la rechazó con energía diciéndole al emisario: “Las armas no se rinden en nuestras manos. Dígale Vd a su jefe que avance a tomarlas”.

No era jactancia, sino cumplimiento del deber asignado. Tras una arenga, en su último esfuerzo, al tiempo de montar a caballo abandonó el cerro donde se encontraba, que desde entonces recibió el nombre de Cerro de los Porteños y le dijo a su ayudante “aún confío que se nos ha de abrir un camino que nos saque con honor de este apuro, y de no, al fin lo mismo es morir a los 40 años que a los 60” Había en sus tropas vocación de héroes y la infantería se batía con denuedo. El mediodía se acercaba y los paraguayos no podían vencer la resistencia y alcanzar el triunfo. Se llevaban más de 7 horas de combate y pese al escaso número de tropas patriotas lograban montar la resistencia.

Rápido en la apreciación de la situación, Belgrano comisionó un parlamentario señalando nuevamente las razones de la Junta de mandar esa expedición y puesto que así ellos no lo querían, rechazando a sus libertadores, había resuelto evacuar la Provincia y repasar el Paraná, instando al efecto sin molestar su marcha, proponía un cese del fuego que contuviese para siempre la efusión de sangre entre hermanos.

A la vez Cabañas recibió muy bien al parlamentario y no vaciló en tomar en cuenta las proposiciones efectuadas. Varias causas seguramente influyeron en su decisión: Evitar más derramamiento de sangre, contar con pocas municiones de artillería, los caballos cansados y casi topándose con las reservas de Belgrano que, aun siendo pocas se las veía dispuestas a morir combatiendo. Cabañas accedió con la condición de que al día siguiente, 10 de marzo de 1811, debían emprender la retirada.

Aceptó Belgrano iniciar la marcha al día siguiente …”pero si Vd gustase que adelantásemos más la negociación para que la Provincia se persuada de que mi objeto no ha sido conquistarlo, sino adelantarle medios sírvase decírmelo y le haré mis proposiciones''. Cabañas aceptó diciéndole “proponga VE lo que le parezca”. De esta manera se entabló entre ambos una correspondencia cada vez más amistosa y cordial.

El día 10 de acuerdo a lo convenido, con los restos de sus fuerzas reducidas a 300 hombres, algunos pertrechos y escasas carretas, Belgrano iniciaba la retirada hacia Candelaria. El Ejército Paraguayo, constituido por 2.500 hombres, le tributó los honores de guerra desfilando sus tropas frente a las huestes adversarias. Aquellas puestas en posición de firmes, le expresaban la consideración y el respeto a que su valiente acción los hacía acreedores, en medio del sonar de tambores y clarines. Rodeado de su Estado Mayor Cabañas salió con su cabalgadura al encuentro de Belgrano, ambos se apearon y se confundieron en un abrazo. Belgrano no perdió la ocasión de señalar los propósitos de Buenos Aires que tan solo eran de prestar ayuda a sus hermanos contra la opresión. Belgrano ofreció a Cabañas que aceptara de la caja militar $1.000 pesos para ser distribuidos entre las viudas y los huérfanos resultantes de los combates que Cabañas aceptó con agradecimiento. Al mismo tiempo Belgrano sacó de su bolsillo un reloj de repetición que había traído de España y le suplicó que lo aceptara en memoria de ese día. En ese breve encuentro, Belgrano aprovechó para lamentarse ante Cabañas del triste estado en que se encontraba España totalmente invadida por Napoleón lo que motivó la formación de la Junta de Buenos Aires. Caló hondo en el General Cabañas lo hablado con Belgrano. La correspondencia no se interrumpió entre ambos por mucho tiempo. Después de Tacuarí, Bernardo de Velazco fue destituido y el Paraguay se declaró libre e independiente de España.

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