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13 de Junio de 2020 - Nota vista 454 veces

Asistencia Psicológica Online

Quién hubiera dicho que la abuela iba a manejar redes sociales. ¿Sorprende? No tanto. Un antiguo refrán, cuya etimología proviene de los romanos dice “la ocasión la pintan calva” y alude a que las oportunidades deben aprovecharse cuando se presentan.

La actual pandemia daña en múltiples sentidos. Produjo dolor en los que fallecieron y también en sus familiares que no pudieron despedirse como habitualmente se hace. Provoca un desmadre económico en países, empresas, familias y en personas que no pueden trabajar y ganar su sustento como lo venían haciendo, provocando síntomas en el plano emocional como angustia, irritabilidad o trastornos del sueño.

Es cierto que algunas actividades laborales se han incrementado. Ejemplo visible de ello son los jóvenes de las grandes ciudades que en motos o bicicletas muchas veces precarias (como son sus contratos laborales) recorren las calles llevando y trayendo todo tipo de pedidos. No solo comida transportan. Inusuales demandas se solicitan para que llegue a quienes necesitan al impedimento de desplazamientos.

Las instituciones medicinales suspendieron intervenciones quirúrgicas programadas, anularon consultas y postergaron, igual que los odontólogos, intervenciones más complejas.

El sistema administrativo de muchas empresas privadas y estatales, utilizaron en esta pandemia una herramienta resistida por jefes, patrones o gerentes: darle a sus empleados la posibilidad de trabajar a distancia. Conectados desde sus casas, muchos trabajadores desarrollaron con eficacia las actividades habituales. Todos comprendieron que la vida laboral funciona, resuelve y trae otros beneficios. Aunque se deben solucionar situaciones colaterales adversas, como el deterioro de los propios equipos, mobiliario adecuado, costos de internet y otros reconocimientos laborales.

Las redes sociales, también multiplicaron sus usos y costumbres. Se ampliaron plataformas de conexión y casi la totalidad del sistema educativo del país, hoy depende de la formación a distancia. Claro que es una consecuencia y práctica que necesita mejoras, discusión y debates, pero lo cierto es que alumnos primarios, secundarios y universitarios, no perdieron sus hábitos de aprendizaje y estudio, así como los docentes debieron velozmente amigarse con estas tecnologías.

También hubo una irrupción de propuestas de enseñanzas de todo tipo. Conferencias y capacitaciones pululan en las redes sociales, promoviendo actividades, que sin salir de casa como era lo previsto por las políticas sanitarias, están al alcance de mano.

Los artistas acomodaron sus honorarios e invitaron a recitales online, previo pago para escuchar su música, su canto o también enseñar pintura. Los escritores más expertos ofrecieron Talleres Literarios y hasta los sacerdotes dan sus misas a través de las redes. La Medicina estableció consultas a distancia y la psicología también. Aquí nos detenemos a un análisis más amplio.

Los profesionales de la salud, además de auscultar, detectar y suprimir el sufrimiento físico, también requieren del necesario andamiaje farmacológico así como de instrumentos sofisticados para confirmar o precisar diagnósticos y tratamientos. Todo el sistema sanitario se asienta en una compleja trama, donde la salud pública, las obras sociales, sindicales o clínicas privadas, se esmeran en llegar a cada ciudadano para el encuentro con uno de los actores centrales y no siempre bien reconocido en el ámbito sanitario, me refiero al médico, cuyo praxis profesional esencial es establecer la relación médico – paciente, otorgando a la necesaria escucha, buena atención y tiempo. He aquí una de las flaquezas del entramado médico institucional. Hoy las consultas son de corta duración, muchas copias automáticas de recetas y opresión institucional para que cada profesional atienda en el menor tiempo la mayor cantidad de pacientes, por lo que éstas prácticas, hoy no atraviesen buenos momentos. Hay excepciones, como siempre.

El campo de la salud mental, exceptuando las patologías más graves que requieren abordajes complejos, basa sus prácticas no solo en la estrecha relación profesional paciente, sino que este se convierte en el único y más trascendental instrumento. Hablar, escuchar y escucharse es lo que en cada entrevista psicoterapéutica se pone en juego. Yace aquí la clave necesaria para el éxito de los tratamientos. Nos referimos al acto de confianza y entrega de comunicar las intimidades ocultas y silenciadas, que en forma consciente o inconsciente han dañado las emociones de los asistidos.

Este acto de confianza en el profesional se formaliza en cada entrevista, otorgando elevado sentido y valor al encuentro paciente-profesional. Subyace aquí la más espléndida y saludable condición humana: el encuentro con el otro. En el campo de la salud mental, este encuentro está al servicio del mejoramiento de las afecciones psíquicas a través de la palabra. Tanto las que se emite como las que se escuchan, retornan re-significadas, ampliando sentidos y permitiendo distinguir lo que se ocultaba o impedía las mejoras.

Es un trabajo arduo y artesanal en el que el profesional se ampara en marcos teóricos, pero mucho más lo sostiene su concepción ética, la que le permite cuidar con delicadeza de orfebre, las palabras sutiles que descorren el velo de lo invisible y posibilita que cada paciente se disponga a los cambios deseados y al mismo tiempo, postergados.

¿Pueden los tratamientos psicológicos online ser eficaces? Por supuesto que sí. Esta eficacia, al igual que los tratamientos personalizados, se logra a partir de la presencia de una simbólica argamasa entre paciente y profesional: confianza y entrega. Cuando esto se produce a través de video-llamadas por Skype, Wathsapp, Instagram o Zoom, la ligazón entre ambos tiene el mismo efecto que las entrevistas personales. Es el acto sustancial que permite abordar los escollos emocionales que impidieron vivir mejor.

Finalmente, el encuentro profesional y paciente, como ocurre en forma presencial o a través de las redes sociales produce iguales buenos efectos así como decepciones, pero no por culpa de la tecnología, sino porque no pudo consolidarse la “argamasa” simbólica como fue expresado.

Si la empatía y confianza no se establece, el tratamiento psicoterapéutico no podrá avanzar. En cambio cuando se instala, en forma personal u online, las posibilidades de cambios y mejoría, crecen considerablemente.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

MN 6528

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