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8 de Junio de 2020 - Nota vista 1978 veces

Solo Sigmund Freud nos ayudaría a entender el comportamiento de buena parte del periodismo argentino

El oficio del periodista ya no es violento, como tituló alguna vez Rodolfo Walsh, y está lejísimos de ser “el más lindo del mundo”, como lo definía Gabriel García Márquez. Ni violento ni lindo. El adjetivo ahora podría ser: “doloroso y negocio”.

Buena fecha para preguntarse cuál es la obligación del periodismo, y así comprender su comportamiento actual.

“No puede haber una ley superior en el periodismo que decir la verdad y afear el mal”, escribe Walter Lippmann. Entre los “modos de decir la verdad”, Hannah Arendt incluye “la soledad del filósofo, el aislamiento del científico y del artista, la imparcialidad del historiador y del juez y la independencia del buscador de hechos, el testigo y el reportero”. Michael Schudson interpreta que Arendt hace del reportero la culminación de su lista: “El reportero ocupa un lugar especial entre quienes se comprometen a buscar las verdades de las que dependen las personas dueñas de sus actos”.

El polaco Ryszard Kapuściński dice que “el trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”.

Esta síntesis muestra que el periodismo no es más que el sistema que las sociedades han creado para suministrar información.

Pero ¿qué diferencia al periodismo de otras formas de comunicación? ¿Cuáles deberían ser sus principios básicos, sus elementos fundamentales?

Bill Kovach y Tom Rosenstiel, dos periodistas norteamericanos con una amplia trayectoria profesional, establecen que los elementos son una serie de principios bien definidos: verdad, lealtad, verificación, independencia, foro público, significante sugerente y relevante, exhaustividad, respeto a la conciencia individual, control independiente del poder.

Esto constituye la esencia del periodismo y alientan a los ciudadanos a reivindicar una información de calidad que les permita ser capaces de gobernarse a ellos mismos, de ser libres.

Este principio también lo reivindica Tomás Eloy Martínez al afirmar que: “El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”.

El periodismo, en muchísimos casos, ha experimentado una grave crisis de conciencia, de confianza y, sobre todo, de objetivos.

 Esto es observable cuando utilizan las palabras y los conceptos como instrumentos de la violencia simbólica. Lo peor es que lo hacen conscientemente para violentar la capacidad de conocimiento de mucha gente, para confundir las mentes, y en última instancia para imponer cuestiones que se contradicen con la realidad.

Construir al otro a la medida de lo que es capaz de atacar, constituye el modelo de la basura informativa del grupo Clarín con sus diarios, radios y canales de televisión; junto al diario La Nación, el grupo América e Infobae.

 Ya no se busca la exactitud, imparcialidad y verdad, es más, en estos medios y sus periodistas impera el “periodismo de interpretación opinativa” por sobre el “periodismo de verificación”. Trabajan sobre los prejuicios de sus lectores y oyentes.

En muchas oportunidades, en sus portadas centrales dedican las mismas palabras porque el objetivo es atacar a quienes están en contra de sus intereses y demoler la imagen del gobierno. Totalmente desquiciados.

Se puede plantear una pregunta lógica: ¿qué los mueve a estos medios de comunicación con sus fake news, con no disponer de base fáctica muchas veces sobre lo que informan, con distorsionar la realidad y desprestigiar con un catálogo de odios?

Una respuesta posible puede pasar por recordar que en este país los principales medios periodísticos se han degradado a meros aparatos de manipulación que patrocinan mentiras y abusan de sus desinformaciones.

 Las noticias falsas y la desinformación actúan sobre sentidos y razones ideológicas. Otra es que los dueños de esos medios son multimillonarios que hacían negocio con Macri y además fugadores de dólares y tenedores de bonos de la deuda externa argentina, caso Clarín.

No obstante, resulta un ejercicio cuanto menos curioso el detenerse a observar cómo los operadores periodísticos de esas corporaciones mediáticas, periodistas de derecha y macristas, que prostituyen la dignidad del periodismo, como Luis Majul, Fernández Díaz, los Leuco, Longobardi, el gordo Lanata, el gordito Viale, Feimann, Wiñazki, Morales Solá, Pagni y otros tantos más, utilizan a diario en sus editorializaciones expresiones que no cumple el principio periodístico de la neutralidad.

Dirigirse a una persona o grupo como “autoritario y cuasifacista” “peste populista” “cuarentena de izquierda fascista” es aplicarle una calificación impropia del periodismo informativo.

Estos periodistas convierten a la economía en planteamientos de las noticias en términos de lucha. Alfredo Zaiat, periodista económico de Pagina 12, sostiene que muchos periodistas económicos no informan, sino que “comercializan con información económica”. Parte de ellos tienen conchabo con empresas acreedoras, como lo es el multimedio más grande del país.

Es recurrente la anécdota del magnate Randolph Hearst, propietario del The New York Journal e inspirador del personaje que Orson Welles inmortaliza en la película Ciudadano Kane, y su corresponsal enviado a La Habana a cubrir la guerra hispanoamericana.

Cuando este le insinuó volver a la redacción porque no había guerra, Hearst le respondió: “le ruego que se quede, proporcione ilustraciones que yo proporcionaré la guerra”. El empresario sabía que estaba ante una oportunidad económica magnífica que no podía desaprovechar. Una formidable analogía entre Magnetto y los Mitre y sus escribas.

Seguro que este día periodistas como Horacio Verbitsky, Víctor Hugo, Cynthia García, Navarro, los jóvenes periodistas de C5N. Medios como Pagina12, el destape, cohete a la luna, garganta poderosa y ciento de medios y periodistas de todo el país y sobre todo los 4.500 periodistas que se quedaron sin trabajo bajo el régimen macrista, reivindicarán a La Gazeta de Mariano Moreno, a Rodolfo Walsh.

Alguien me decía: “tenemos que mirar a los medios como podríamos mirar a un auto impecable que querríamos comprar. Pero preguntémonos ¿qué hay debajo del capot?, porque el control del pensamiento es un negocio prospero”.

Opinión: Luis Edgardo Jakimchuk

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