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1 de Junio de 2020 - Nota vista 1015 veces

Ser paciente (con uno mismo)

Que ardua tarea propone este artículo. Es cierto que resulta difícil explicarnos y aplicar lo sabido, es decir: los buenos y saludables efectos que produce la conducta de saber esperar. ¿A qué aludo con esto? Al modo en que administramos la incertidumbre, lo cual significa adosarnos a la mayor serenidad para enfrentar el inevitable interrogante mediato o inmediato que la vida provoca. Lo cual también significa, transitar con desconocimiento un cierto tiempo en el cual no se sabe cómo será lo que continúa.

Lamentablemente, al afrontar el misterio, los pensamientos se las ingenian para ubicarnos en estado de inquietud y temor ante ese porvenir. Con dosis más o menos elevada de ansiedad, pretenden resultados y exige que con rapidez se disipen las dudas.

¿Porqué el no saber lo que continúa adquiere efectos inquietantes o preocupante? Los rasgos más primarios del ser humano, proveniente del animal que nos habita, están escritas en una concepción biológica discutida por las ciencias, la cual habla de la idea que nuestro cerebro posee una triple estratificación, siendo la parte superior y más moderna el Neocortex, responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, la planificación, la abstracción, la percepción y lo que en general llamamos funciones superiores.

En esta estratificación, también existe un cerebro de mayor antigüedad, ubicado en la capa más profunda y es llamado: cerebro reptiliano. Encargado del control de los comportamientos instintivos y las actividades más básicas de la supervivencia incluidas la agresividad, la dominación, la territorialidad y los rituales. Sus respuestas son directas, reflejas, instintivas.

Trasladando estos aportes teóricos a la pregunta sobre la dificultad vigente de las personas para soportar la espera y sus efectos inquietantes, es posible pensar que ante la incertidumbre, sentida y vivida como peligrosa, se despliegue una respuesta no solo de orden inconsciente sino aún más primaria y que se asocia al peligro territorial de ser atacado. Y es en defensa de la vida que se debe estar atento para resolver favorablemente y no sucumbir. Aquella vieja condición animal de defensa y ataque para sobrevivir, tan necesaria para la defensa de la vida, sigue vigente, aun cuando las condiciones actuales de existencia del hombre no son iguales al tiempo primitivo. El sistema biológico, conserva antiguas conductas endócrinas y propias del sistema nervioso, tales como generar adrenalinas ante el episodio violento, activar la erección pilosa de la piel, incrementar las pulsaciones cardíacas, sequedad en la boca y tensar la musculatura para la acción. Si bien no estamos frente a un animal que nos ataca, la percepción de peligro dispara una andanada de respuestas biológicas porque la percepción de riesgo es sentida como real, aunque no exista un lobo feroz y hambriento al ataque.

La falta de tolerancia a la espera se nutre de contenidos fantasmales y hostiles. Ni siquiera se aprecian con claridad las fantasías temidas, como si no existiera una representación visible, pero el psiquismo se prepara para lo peor.

Aquello que inquieta no es igual para todos. Cada cual tiene su “bandeja de preocupaciones”. Las personas con temores a las enfermedades, tienen bajo esta pandemia, además de los factores de riesgos ciertos, un imaginario abanico de posibilidades de enfermar. Son los que menos salen a la calle, los que más medidas de higiene realizan y los que se están muy atentos a sus síntomas corporales. Por estas razones, padecen una cotidiana dosis de estrés y solo los tranquiliza el aislamiento o convincente distancia social, ya que así se protegen.

¿La Distancia Social Obligatoria produce efectos psicológicos? Por supuesto que sí. Con el correr de los días, se fueron incrementando las manifestaciones angustia, ansiedad, irritabilidad o alteraciones del sueño. Estos son los síntomas más frecuentes. También han irrumpido crisis de parejas (previamente inestables) por la convivencia diaria sin las organizadas separaciones que ofrece la vida laboral o las actividades planificadas de cada miembro.

Los hechos descriptos han producido un crecimiento de consultas a profesionales de la salud mental a través de entrevistas on line o video llamadas. Instrumentos y aplicaciones que a través de teléfonos o computadoras, adquirieron notable presencia en la vida cotidiana. Incluidas las personas mayores que desconocían su uso y se familiarizaron con ella.

Así como permite la comunicación entre familiares y amigos, también posibilita las entrevistas con psicólogos o médicos. Son espacios virtuales donde la intimidad y la privacidad siempre deben ser garantizadas para acceder a las íntimas palabras que buscan alivio al malestar, comprensión del padecimiento y mejoría anímica.

Hoy tienen mayor presencia, las manifestaciones de angustias, causadas por la incertidumbre laboral y económica. Las características propias del COVI19, en el que aún el sistema sanitario tiene desconocimientos vastos, excepto el distanciamiento social y la higiene personal como resguardo de contagio, no existen medidas fehacientes para predecir y concluir como será la continuidad de la pandemia. Ya que una nueva irrupción de contagios, provocaría inmediatos cambios en las flexibilizaciones otorgadas.

Esta incertidumbre del COVI19, con ausencia de vacunas ha declarado al Aislamiento Social y la higiene personal, como las herramientas más eficaces.

Saber esperar es contemplar el horizonte incierto con una dosis de paciencia y pensamientos positivos. Es posicionarse frente a la situación problema, con la creencia que los obstáculos serán resueltos.

El acto de pensar el porvenir inmediato en forma positiva no es muy diferente al pensar negativo. Hay un supuesto, lo que llamamos una representación imaginaria que construye lo que aún no es. Quien mira con optimismo el futuro, se ahorra el padecimiento psíquico que la mirada negativa produce. Si se suma a esta conceptualización el reconocido y reiterado pensamiento que solo podemos dar cuenta del presente, pues bien no hace atravesar los acontecimientos diarios, con nuestra mejor energía, que seguramente es la que nos ayudó a superar los diversos problemas que se presentaron en esta vida.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

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