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por Darío H. Garayalde para El Heraldo - 9 de Mayo de 2020 - Nota vista 2587 veces

La espantosa muerte de Francisco Narciso Laprida

Su historia: Francisco Narciso Laprida nació en lo que era en esa época la provincia de San Juan de la Frontera. Era hijo de don José Ventura Laprida, comerciante español natural de Asturias y de doña María Ignacia Sánchez de Loria, dama sanjuanina proveniente de una ilustre familia de esa provincia.

Se trasladaron a Buenos Aires para que estudiara Francisco en el Real Colegio de San Carlos (Hoy Nacional Buenos Aires). Después de completar sus estudios se trasladó con sus padres a Chile para estudiar leyes en la Real Universidad de San Felipe, donde se recibió de licenciado y doctor en leyes a principios de 1810.

Ya en 1812 radicado nuevamente en San Juan fue designado Síndico Procurador del Cabildo.

Posteriormente, junto al Gral. San Martín participó en la creación del Ejército de los Andes. Este cuerpo estaba integrado por contingentes cuyanos y chilenos emigrados, luego de la derrota de los chilenos en la Batalla de Rancagua.

Su primera actuación política en San Juan de este joven abogado, fue cuando se produce la designación del primer Teniente Gobernador que tuvo la provincia luego de la Revolución de Mayo, era el porteño Saturnino Sarassa. Laprida encabezó un movimiento local para destituirlo por no admitir más autoridades designadas en Buenos Aires.

Sarassa tuvo que huir a Mendoza por los disturbios y protestas en la ciudad de San Juan. Sarassa combatiría luego en el Paraguay bajo las órdenes del Gral. Belgrano con el grado de capitán.

Posteriormente el Triunvirato envió una circular a todos los Cabildos provinciales con el fin de que eligieran un representante al Congreso que se reuniría en Tucumán.

El Gral. San Martin apoyó desde un principio al Congreso de Tucumán, por su permanente prédica sobre la necesidad de proclamar la independencia cuanto antes, igual que el Gobernador José Ignacio de la Roza. El 13 de julio de 1815, San Juan eligió como congresal a Fray Justo Santa María de Oro, prior vitalicio de la Recoleta Dominica de Santiago de Chile, pero residente en San Juan.

Algún tiempo después advierten que por el número de pobladores (en ese momento 22.000 habitantes) a San Juan le correspondía un segundo congresal; por esa razón, el 12 de septiembre es elegido Laprida. Sin embargo, el mismo Laprida impugnó su propio nombramiento argumentando que no se había convocado a la campaña para dar su opinión, pero la nominación siguió en pie ante la urgencia de enviar los delegados. Santa María de Oro llegó antes y Laprida fue uno de los últimos en llegar. El 24 de marzo se inauguró el Congreso. Casi de forma unánime se eligió a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas. Allí se aprobó entonces el reglamento que regiría las reuniones del Congreso con una presidencia rotativa de sus integrantes, arribando entonces al 9 de Julio y tocaría a Francisco Laprida el alto privilegio de preguntar al Congreso –“¿Queréis que las provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de la España y su metrópoli??? Ante la respuesta afirmativa de sus integrantes, anunció –“¡Queda entonces declarada la Independencia de las Provincias Unidas!” y a continuación se labró el Acta de la Emancipación. El vicepresidente del Congreso era el salteño Mariano Boedo.

El Congreso se trasladó luego a Buenos Aires por la proximidad de las tropas realistas en Jujuy y Salta luego del desastre militar de Rondeau en el combate de Sipe Sipe.

Este traslado confirmó y proclamó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta declaración de independencia tropezó con una realidad, en cuanto a que no estuviera representado todo el territorio del ex Virreinato. Varias provincias no pudieron enviar representantes por estar bajo el control de tropas realistas, y se perdieron para siempre. Las provincias del Litoral pertenecientes a la Liga de los Pueblos Libres, ya había proclamado la Independencia en 1815. Por esa razón, ni Entre Ríos ni Corrientes ni Santa Fe ni la Banda Oriental estuvieron representadas en el Congreso de Tucumán y los delegados que enviaron fueron apresados por el Directorio.

Dos años después de que el Congreso fuera trasladado a Buenos Aires, fue aprobada una Constitución que tenía fuerte tendencia unitaria. Establecía si, la separación de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) pero prevalecía el poder de Buenos Aires, como habían propuesto varios congresales. Sin embargo inmediatamente fue rechazado por las provincias federales. El Congreso cesó en sus funciones cuando la Liga Federal derrotó a Buenos Aires en la Batalla de Cepeda. (Pero ese es otro tema y no el de hoy).

Laprida regresó entonces a San Juan donde ocupó el cargo de Gobernador en reemplazo de José Ignacio de la Roza que era su amigo. Su siguiente actuación fue representar a San Juan en 1824 en el Congreso General Constituyente siendo designado posteriormente su presidente. Laprida integró el Partido Unitario, pero cuando esa agrupación comenzó a desintegrarse por el desprestigio que adquirió, luego del fusilamiento del coronel federal Manuel Dorrego por Lavalle, Laprida regresó a San Juan.

En 1827, Laprida se estableció en Mendoza con su familia, escapando de la persecución de Facundo Quiroga que había invadido San Juan.

Ya declarada la guerra entre unitario y federales, Laprida se decidió por el bando unitario y se unió al Batallón del Orden

El 22 de septiembre, federales y unitarios se enfrentaron en un sitio cercano a Capilla de San Vicente (hoy Godoy Cruz). Allí los federales de José Félix Aldao derrotaron a los unitarios del comandante Pedro Zuloaga, quienes luego de una encarnizada lucha los federales lograron quebrar la línea unitaria que debió retroceder en desorden, y luego se desbandaron cada uno como pudo. Laprida junto a un grupo de unitarios, fueron perseguidos por una partida del Gral. José Félix Aldao, alcanzados y apresados Laprida junto a los otros.

El comandante del escuadrón, al reconocer a Laprida entre el grupo de los detenidos, lo hizo enterrar vivo hasta el cuello y haciendo pasar un tropel de caballos sobre su cabeza. Francisco Narciso Laprida tenía 43 años.

Según algunos historiadores explican que “Laprida fue muerto y llevado al cabildo mendocino. Allí fue identificado por la ropa por el entonces Juez de Crimen Dr. Gregorio Ortiz y envió el cadáver a un calabozo, hasta que la familia lo reclamara”.

Infortunadamente, Laprida, esa figura estelar de la Independencia Argentina, fue una víctima más de esas absurdas luchas entre hermanos sin demasiado sentido ni propósito específico. Finalmente Aldao moriría de la más cruel manera, vencido por una enfermedad contra la que sucumbió como cualquier otro mortal.

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