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26 de Abril de 2020 - Nota vista 2040 veces

Amigos de amarguras grises

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Los amigos nos hacen mucho bien, y en estos tiempos de aislamiento extrañamos los encuentros, diálogos, compañía. Pero también debemos reconocer que a veces (ojalá pocas) caemos en “darnos manija”, y nos potenciamos el enojo, la bronca, el escepticismo, la decepción… Pensá si alguna vez no te pasó… 

A los discípulos les sucedió algo semejante después de la muerte del Maestro. Jesús mismo les reprochó la “incredulidad y obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado” (Mc 16, 14).

Hubo dos de ellos que son emblemáticos. El Evangelio de San Lucas nos ubica el relato en el domingo de la resurrección por la tarde. Te recomiendo leer el texto completo en Lc 24, 13-35. Los dos amigos y vecinos van caminando de regreso a su pueblo, llamado Emaús.Van discutiendo sobre lo que había sucedido acerca de la pasión y muerte de Jesús, y cómo impactaba en ellos acrecentando la experiencia de la decepción.

Tal vez surgió también el cuestionarse “cómo lo explico en casa, qué le digo a los vecinos, cómo hago para recuperar el trabajo…”. Irse de Jerusalén no era solamente cuestión de kilómetros, sino alejarse de un sueño que les había calentado el corazón que ahora lo tenían invadido por la tristeza. Volver a Emaús significaba dar por terminado el discipulado, abandonar la comunidad de discípulos. Claudicar en la esperanza.

No solamente a ellos. La decepción a veces nos nubla la vista, nos enceguece y no nos deja percibir luz en las cosas que nos rodean.

Al contar lo sucedido es como si recitaran perfectamente el credo, pero sin abrirse a la experiencia de la fe.

Jesús mismo los estaba acompañando en ese camino pero no llegaban a darse cuenta. Y así, andando y conversando, Jesús les recupera el fuego del discipulado. Les muestra lo que era evidente en las Escrituras, pero ellos no lo veían.

Este episodio nos ilumina, a quienes somos creyentes, respecto de la importancia de encontrar a Jesús en la historia de la salvación, en la Palabra. No como un relato antiguo, de otro tiempo, sino como Palabra viva.

Nos dice San Lucas que al llegar a Emaús los discípulos piden a Jesús “quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. ¡Qué hermosa oración! Es un modelo de súplica a Jesús. Cuando se nos hizo tarde para modificar una decisión mal encarada, para la reconciliación en paz. Tarde para la luz. Pidamos con confianza a nuestro Amigo, “quédate con nosotros”.

Culmina el relato al partir el pan. En ese momento reconocen que Aquel Compañero de camino es el mismo Señor Resucitado, que les colma de alegría y los hace volver corriendo a Jerusalén para compartir la gran noticia con la comunidad de los otros discípulos.

Este Tiempo Pascual es un llamado a reconocer a Jesús Resucitado que camina con nosotros. Él nunca nos abandona. Aunque estemos transitando tiempos de decepción y tristeza sigue junto a nuestro lado.

Estamos viviendo en otoño. El paisaje de vuelve más despojado de colores. El amarillo y marrón van ocupando el lugar de los verdes. Los días son cada vez más cortos. Pareciera que toda la creación se va tornando gris. Cuidemos que en tiempos de aislamiento no nos invada la melancolía, el escepticismo y la amargura. Acudamos a Jesús que quiere darnos vida en abundancia.

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