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11 de Abril de 2020 - Nota vista 709 veces

Contagiar armonía

La palabra armonía deriva del griego,  (la diosa Harmonía), que significa acuerdo, concordancia ​ y éste, del verbo ἁρμόζω (harmozo), que alude a ajustarse, conectarse.

Desde una perspectiva general, la armonía es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, y su resultado siempre connota estética y belleza.

Particularmente la armonía interior consiste en alcanzar una concordancia interna, un equilibrio de proporciones entre los elementos que conforman la vida psíquica.

La Psicología Positivista nos dice que la persona logra una armonía cuando une lo intra - personal con el entorno. Esto propicia que las emociones, las metas y lo aspectos cognitivos encuentren esa proporción adecuada para que se dé un equilibrio entre las partes del todo.

 La expresión “tener armonía con” o “vivir en perfecta armonía” significa tener un acuerdo, una buena amistad o relación de paz, comunicación y buena correspondencia o compatibilidad de diálogos y acciones con alguien o con un grupo.

La sabiduría oriental nos recuerda que la realidad está en constante cambio y que toda transformación viene desde el trabajo interior con uno mismo. Es llamativa y contundente la diferencia con Occidente. Sabemos que la medicina oriental es preventiva más que curativa; su escritura no forma palabras por adición sino que los ideogramas portan conceptos. Concluye que el espíritu y la mente alcanzan la felicidad mediante el equilibrio, el autoconocimiento y la meditación. 

De la misma manera, la relación del hombre con la naturaleza se da a través de la comprensión del equilibrio que existe en ella. En Occidente, en cambio, (el poder) solo pretendió conocer para alcanzar mayor dominio y obtener beneficios sin medidas (aún lo hace).

Más diferencias podemos hallar si afinamos la mirada. Pero nos detendremos en el análisis de la producción de armonía, lo cual se debe asociar a equilibrios. La vida en equilibrio es una persistente y necesaria tarea que comienza (y así debe hacerlo) en el interior de cada uno. Decididamente, no resulta externo (aunque a veces ayuda). Nace en lo más íntimo e implica, (atento a esto): dominar y doblegar los contenidos más impulsivos que todos portamos. Esto significa el dominio de los componentes primarios o infantiles, que tienden a ser ingobernables, especialmente cuando desde muy pequeños, no se han inscripto los límites, que los padres primero y la escuela después, contribuye a demarcarlos.

Por supuesto, cuando se crece mejor relacionado con los límites, las personas tendemos a un desarrollo social integrado. Razón por la que la convivencia laboral, familiar y de pareja, adquiere solidez y producto del establecimiento de vínculos maduros. Esto pone en funcionamiento la capacidad de relacionarnos con más amistad, empatía, comprensibilidad y sobre todo, racionalidad para la búsqueda de soluciones a las inevitables dificultades o conflictos que la vida social siempre promueve.

Armonía en los tiempos de coronavirus: estos tiempos exigen plasticidad psíquica, creatividad, tolerancia, motivaciones y buen ánimo. La conciencia de la profundidad del problema sanitario mundial, promueve capacidad individual para posicionarnos en esta realidad con nuevas o mejores disposiciones. Aun cuando sea una medida preventiva impuesta por las autoridades sanitarias y gubernamentales, es a partir de la propia conciencia de los hechos y adhiriendo activamente a las medidas, como nace un efecto de alivio. Se sabe cómo protegernos. Nadie quiere enfermar, sufrir y muchos menos morir. Por lo tanto este estado de comprensión cognitivo- emocional de la realidad sanitaria le otorga soporte válido a las acciones y por eso, las motivaciones cotidianas no se ausentan. Todo lo contrario, surgen innovaciones y prácticas postergadas o nunca realizadas, con el genuino interés de experimentar, crear y disfrutar de sus consecuencias.

Las familias se tornan más cooperativas, las acciones cotidianas del hogar invitan a realizar tareas pendientes, las cuales ahora, es posible ocuparnos. Por ejemplo ¿cuánta música ha dormido largo tiempo hasta que hoy al quitarle su cobertura y alojarla en el reproductor musical, nos deleita con melodías compuestas para que en este preciso instante, autor y oyente, se encuentren como quizás nunca lo hicieron? ¿Cuánta ineficacia tolerada por largo tiempo en manos incapaces de descascarar una papa, hoy logra destreza y además, diversión junto a su compañero o compañera? Si los arreglos y mejoras pendientes de la casa o el jardín tenían justificación, hoy, se terminaron las excusas.

Convivir armoniosamente es un acto de crecida fortaleza espiritual y psíquica. Las contingencias de la vida, nos han expuesto a estas democráticas condiciones del planeta, como pocas veces hemos vivido. Los ricos y los pobres, los del norte y el sur, sin distinción de saberes ni riquezas, horizontalizados ante el peligro de contagio, convivimos en un codo a codo simbólico, protegiéndonos y velando por el resto.

En cada casa donde habita un mundo, nos une la certeza que habrá soluciones y seguiremos avanzando. Y tal vez lo hagamos con la conciencia de saber que no nos hace falta excesivo consumo, ni tanto apuro, ni demasiadas metas materiales. Quizás, (y simplemente es un quizás), nos universalice la certeza que la humanidad no vuelva descuidarse y cerrar sus ojos a los afectos profundos que lo rodea, y deje de pensar que la alegría es una mera conquista individual, para entender finalmente que es el progreso cultural, el ascenso social, emocional y económico de las mayorías, la genuina y potente fuente de progreso personal.

 Lic. Mario Sarli

Psicólogo

psicosarli@gmail.com

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