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Ser + Humanos - 28 de Marzo de 2020 - Nota vista 2599 veces

Confianza en la incertidumbre...

Comenzamos compartiendo este relato basado en el cuento de Silvia García….

“Como a su nieta Lucía le encantaban los animales, un día su abuela decidió contarle la historia del Arca de Noé. Prepararon chocolate caliente con galletas y se sentaron delante de la chimenea. La abuela comenzó entonces a narrar la historia bajo la atenta mirada de la niña.

Hace miles de años, mucho después de que Adán y Eva llegasen a la Tierra, los hombres y mujeres se habían vuelto muy egoístas. Decían mentiras y se dañaban entre ellos. Dios, al ver esto, decidió limpiar el planeta de la maldad para que la vida volviese a comenzar.

De entre todas las personas, vio a un hombre justo y bueno. Era Noé, y una noche Dios le habló en sueños. Le dijo que iba a mandar un diluvio a la Tierra pero que él y su familia tenían la misión de preservar la vida. Para ello, le pidió que construyera un arca enorme, con sus propias manos, donde invitara también a una pareja de cada animal que existía en la Tierra. Noé, en medio de esa incertidumbre, simplemente confió en su corazón, puso en marcha su misión, y empezó a construir la barca para sobrevivir cuando llegase el diluvio.

Cuando la gente vio el trabajo de Noé, se burlaba de él y le decía que no hacía falta un Arca porque llevaban años sin lluvia. Él les decía que recapaciten, que no juzguen, que se acercaba un diluvio inmenso, pero nadie le creyó, pensando que estaba loco.

El día previsto, Noé abrió las puertas de su arca de par en par, y de todos los rincones del mundo, empezaron a llegar animales, de todas las especies, los tamaños y colores. Cuando estuvieron todos en el barco, Noé subió también a su familia.

Y en ese instante empezó a llover. El diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches. El agua cubrió ciudades, pueblos y montañas.

 Cuando la lluvia paró, Noé soltó una paloma blanca para que explorase el lugar al que habían llegado. Las aguas estaban bajando y la paloma volvió con una rama de laurel en su pico, como una señal de que podían bajar del arca con seguridad y confianza. Los animales salieron en tropel y repoblaron la Tierra. Noé y su familia encendieron una hoguera para dar las gracias, y en ese momento, apareció un bello arco iris en el cielo.

OCUPARNOS, NO PREOCUPARNOS

Así como miles de años atrás fue el diluvio, y luego vinieron otros grandes desafíos para la humanidad, hoy vivimos esta pandemia que nos pide – precisamente – entrar en nuestra barca (casa) y hacer cuarentena para cuidarnos y proteger la vida entre todos.

Ahora bien, ¿Qué actitud tenemos para hacer frente a esta situación?

Si nos preocupamos, seguramente nos llenamos de pensamientos negativos, y hasta alarmistas “antes” de que suceda algo real, y así, despertamos emociones como el miedo, la angustia, el enojo, la tristeza que nos paralizan y estresan más aún. La preocupación es una actitud negativa que no busca la solución del problema, sino que se queda pensando y pensando por miedo al fracaso, y temiendo que las cosas no salgan bien. Y allí, en ese estado de inacción, nos bloqueamos y no permitimos que la vida fluya; nos perturbamos y nos confundimos tanto, que no sabemos qué hacer o por dónde empezar.

Por el contrario, cuando nos ocupamos de la situación – así como hizo Noé - nos ponemos en movimiento, tomamos el timón del barco y empezamos a navegar aun en medio de las dificultades y desafíos, aceptando la vida tal cual se presenta y accionando, dentro de nuestras posibilidades, para transitar estos días de la mejor forma posible, generando entornos agradables y saludables. Cuando nos ocupamos, tenemos una actitud positiva; nos enfocamos en buscar soluciones, nuevas ideas, alternativas; accionamos y construimos desde la adversidad.

CONFIANZA

Una virtud fundamental que tuvo Noé en aquel momento, y que hoy, la Vida o Dios nos pide a nosotros, es la confianza, y que hagamos de nuestra casa, la más bella de las barcas, un espacio seguro, cuidado y saludable para navegar en medio de la tempestad.

Toda situación de cambio llega cargada de incertidumbre y a veces de procesos dolorosos que nos empujan a evolucionar, a ser diferentes y mejores. Por eso, en esta travesía, lo que nos mantendrá firme, es la confianza que todo pasará, y la esperanza que pronto volveremos a abrazarnos.

Pero así como Noé, pongamos manos a la obra y seamos responsables de nuestra Arca; no nos quedemos encerrados, tristes y desesperados, inactivos y expectantes, bloqueados y preocupados… esperando que Dios o alguien nos salve. Es necesario que asumamos la responsabilidad, y aportamos positivamente todo aquello que esté a nuestro alcance para acompañarnos y construir desde el amor, una nueva realidad.

Hoy, esta tormenta mundial nos empuja a quedarnos en nuestra barca, refugiados pero sin soltar el timón, nos pide que seamos los mejores capitanes, prudentes, creativos y flexibles para navegar en aguas inciertas, permaneciendo calmos y serenos para pensar con claridad y tomar las mejores decisiones cuando la Vida así nos requiera, y fundamentalmente, contagiando esperanza (y no miedo) a los demás tripulantes que nos acompañan.

Confiemos… de esta travesía salimos juntos.


COACH MARIA INES FRANCISCONI

LIDERAZGO Y VIDA CONSCIENTE

Facebook / Instagram: Ine Francisconi

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