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14 de Enero de 2020 - Nota vista 1286 veces

La plaga de castores: un problema de dos países

Argentina y Chile luchan contra la plaga de castores en Tierra del Fuego. Recientemente han aunado esfuerzos en defensa del ecosistema patagónico.

La ONG Wildlife Conservation Society (WCS) logró capturar 96 castores. Lo hizo con la valiosa colaboración de diez estancias cercanas a la cuenca del río Marazzi. Así, recuperó casi el 100 por ciento de la población de esta especie en Tierra del Fuego. Dicha acción en suelo chileno se enmarca dentro de un esfuerzo conjunto de Argentina y Chile contra un enemigo común. Este es un animal hermoso, herbívoro y amigable. Por esta razón ha sido difícil convencer a los activistas de ambos países de que los castores son una plaga muy peligrosa.


Del lado argentino

Hace tiempo nuestro país lucha contra los castores con financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). Un grupo de siete cazadores se mete en el bosque a buscarlos. A las zonas más inaccesibles van en helicóptero. Pero no es fácil. Erio Curto, director de Fauna y Biodiversidad de Tierra del Fuego, no duda. “Ojalá pudiéramos acabar con todos. Pero no es la idea ahora. Hemos elegido siete zonas para ver cuánto costaría y qué efectos tendría eliminarlos por completo de Tierra del Fuego. La preocupación es que siguen subiendo y ya han cruzado al continente. Podrían extenderse por toda la Patagonia. Lo más interesante es que vemos que, donde hemos erradicado el castor, el bosque empieza a recuperarse”, cuenta. Aunque no lo parezca, los castores son peligrosos para el ecosistema en nuestro país. En Tierra del Fuego han destruido una zona equiparable a dos veces la ciudad de Buenos Aires, unas 30.000 hectáreas.


Del lado chileno

En Chile existe el Proyecto Gef Castor. Este tiene dentro de sus objetivos identificar las mejores metodologías para erradicar este animal exótico invasor conocido como castor. Dicho animal pone en peligro el ecosistema patagónico ya que provoca la destrucción de bosques, humedales y turberas, entre otros. 

El Proyecto GEF Castor cuenta con tres programas pilotos. El primero, en el Parque Karukinka, y otro, en la Reserva Nacional Laguna Parrillar. Ambas son áreas silvestres protegidas, de administración privada y pública respectivamente. El programa Marazzi, por otro lado, tiene la característica de intervenir estancias dedicadas principalmente a la ganadería. De hecho, es una extensa superficie de 45 mil hectáreas, según el coordinador de Investigaciones Terrestres de WCS. Alejandro Kusch decía que “es un piloto grande, en comparación con el de Karukinka de 18 mil hectáreas. Y también es grande en relación a los realizados en Argentina”.

Un problema de dos países

Tierra del Fuego es una isla compartida entre Argentina y Chile. El castor actúa tanto en un lado como en otro. Sus efectos han sido desastrosos para los ecosistemas naturales. No solo han provocado la pérdida directa de bosques, sino también disrupciones de cursos de agua. También inundación hacia caminos y conflictos en las bocatomas de plantas de potabilización de agua, entre otros. Ante este panorama, en 2008, se firmó un Acuerdo Binacional entre los Gobiernos de Chile y Argentina. Este estableció un marco de cooperación para contener y controlar las poblaciones del castor. 

Los castores construyen diques incluso sin existir un río. Basta que exista un chorro de agua de 10 centímetros de profundidad para que construyan un dique. A veces, por el solo hecho de sacar el castor, los diques se abrían, volviendo el cauce a su normalidad.

En consecuencia, ambos países trabajan conjuntamente. Tanto uno como el otro están seguros del resultado de la remoción de los castores de Tierra del Fuego. Cuando el castor no está, la naturaleza retoma su vigor.


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