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MISIONES - 14 de Octubre de 2019 - Nota vista 868 veces

Niño que camina varios kilómetros para ir a la escuela ahora lo hace acompañado

El año pasado, el niño fue fotografiado por una maestra mientras caminaba solo por un campo cubierto de escarcha y conmovió a todos. Actualmente, el niño continúa haciendo el mismo recorrido, pero ya no va solo.

En junio del año pasado había desafiado el frío para ir a la escuela y su diminuta figura en medio del paisaje cubierto de escarcha de las sierras de Misiones terminó siendo noticia. Fue porque una docente se conmovió con la imagen y la inmortalizó en una fotografía que llegó a la tapa de los diarios. Pero Axel Yamil Antúnez -ahora junto a su hermanito Alan- sigue atravesando desafíos. Cuando no es el clima, es el camino: puentes en muy mal estado, huellas que se desdibujan, a veces barro en abundancia. Y sin embargo, ningún obstáculo consigue detener la odisea cotidiana de Yamil.

Hace quince meses, ese instante captado por una maestra de la Escuela Rural 196 tuvo un enorme impacto en su vida y en la de su familia. Pasó otro invierno y ahora el sol misionero vuelve a castigar la piel, pero a Axel parece no importarle demasiado.

Esa fracción de segundo registrada con la cámara de un celular circuló con la velocidad de la luz. Picó en las redes sociales, generó los más diversos comentarios y hasta el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, salió a elogiar al pequeño estudiante misionero.

Las feroces críticas que recibió el político hizo que el posteo rápidamente desapareciera. Pero fueron muchos más los que destacaron el esfuerzo y las ganas de aprender de Axel.

El año pasado, un grupo de personas donó 30 bicicletas, pero como eran grandes, fueron entregadas a los chicos que cursan la secundaria. “Igual, mucho no duraron porque el suelo es muy pedregoso y se rompieron muy rápido”, sostuvo la directora, Andrea Ratti.

Pasado el revuelo, silenciosamente, mucha gente se acercó hasta la Picada Verde de la Colonia Caá Guazú -un lugar de ensueño enmarcado por las sierras misioneras- para aportar un grano de arena y hacer un poco más fácil la vida de los 30 chicos que asisten a la escuela primaria.

Pero, claro, hubo una atención especial para ese diminuto nene de seis años que ataviado con un camperón enorme y su pequeña mochila casi sin útiles pero llena de sueños en un paisaje más propio del centro que de Misiones, logró despertar la solidaridad en muchos.

Desde entonces, el Rotary les entrega una suma fija de dinero por mes a los padres para que a Axel no le falte ropa, calzados ni útiles escolares. Mes a mes, un rotario llega a la Picada con el dinero y se encarga de chequear que sea utilizado correctamente.

Axel ya está en segundo grado y la directora no duda en calificarlo como uno de sus mejores alumnos. Casi nunca falta y ahora comparte pupitre con su hermano Alan, que este año empezó primer grado. Es que en la Escuela 196 los chicos aprenden en los denominaos “grados acoplados” debido a la escasa cantidad de alumnos.

Pese a lo diminuto de su lápiz, Axel se esmera en realizar el copiado de las palabras con la mayor prolijidad posible. Apenas ve al equipo de Clarín, sonríe.

Todavía recuerda la visita anterior, cuando su fotografía opacó por un instante a Leo Messi y a resto de la Selección en pleno Mundial de Fútbol.

En poco más de un año hubo cambios en la vida de este pequeño guerrero y sus siete hermanos. Es que la Municipalidad de la ciudad de Leandro N. Alem también hizo su aporte y los Antúnez de Sosa ya no viven en un rancho con piso de tierra y lleno de goteras.

El intendente les hizo llegar una carga de tablas para que pudieran construir su nueva casa sobre una base de cemento.

A contramano de lo que le sucede a muchos argentinos, en los últimos tiempos, la familia de Axel pudo progresar a base de esfuerzo y largas jornadas de trabajo en la chacra que está en uno de los cerros.

El desvencijado rancho que los había cobijado apenas retornaron a la Picada Verde ya no existe más. Ahora los Antúnez de Sosa viven en una prolija casa de madera con techo de zinc y piso de cemento alisado. La energía eléctrica todavía es prestada por un vecino, pero Miguel, el papá de Axel, ya realizó los trámites para tener su propia conexión.

 “Estoy pagando 8.000 pesos en cuotas de 1250 pesos y tengo que conseguir los cables para poder unir la línea con mi casa. No está fácil pero de a poquito vamos avanzando”, dice sin que se le borre la sonrisa.

Axel asegura que ayuda en la siembra a su papá. Este año plantaron maíz, poroto y mandioca en un sector de la chacra donde prepararon la tierra con un precario arado tirado por un noble caballo que hace un poco más fácil la tarea.

La intención de Miguel era ampliar su sembradío y para eso limpió un sector que estaba cubierto de monte.

La leña todavía está apilada, a la espera de que aparezca algún comprador.

 “Si vendía la leña compraba el herbicida y las semillas”, se sincera mientras observa el lugar.

Ramona Fleitas, la mamá de Axel, se mostró preocupada porque los chicos cruzan por dos puentes peatonales que ya muestran cierto deterioro: el paso del tiempo hizo que algunas tablas se soltaran y quedaran huecos que podrían provocar alguna caída al cauce.

Axel conserva la frescura de siempre. Dice que le gustaría tener una camioneta como la que utilizó el equipo de Clarín para llegar hasta su casa y que su maestra es muy buena.

Miguel está preocupado porque en los últimos tiempos las changas se volvieron cada vez más esporádicas. Es por eso que le apunta con todo a la producción de su chacra. Sabe que una buena plantación implica comida segura en el mediano plazo.

El único ingreso fijo de la familia es la pensión “Madre de siete hijos” que recibe Ramona y los 1500 pesos mensuales del Rotary.

Más de un año después de la viralización de la foto, la directora de la escuela recuerda que muchas personas la llamaron y hablaron de un Estado ausente en ese alejado paraje rural.

Para Ratti, que enseña en ese lugar hace 17 años, “acá el Estado está presente porque hay una escuela, a los chicos se les sirve la copa de leche...”, enumera. Es que pocas personas conocen la realidad de Picada Verde como ella, que hace 17 años trabaja en esa escuela.

Y explica que desempeñar la tarea docente en un ámbito rural es muy diferente. “Los chicos llegan sin mucho estímulo y muchas veces nos toca trabajar con padres que no saben leer”.

En la Escuela 169 hay conexión a internet pero nunca llegó la denominada “aula móvil”, que consiste en un equipo servidor y netbooks, pese a que en el Consejo General de Educación figura que el equipamiento fue entregado.

Axel está ajeno a las cuestiones burocráticas.

Todos los días es el primero de los hermanos en levantarse para ir a la escuela.

Ahora su compañero de ruta es Alan, porque sus hermanos mayores salen más tarde, ya que caminan más rápido.

“A él le gusta ir a la escuela. Nosotros queremos que estudie para que tenga una vida menos sacrificada”, aseguran con convicción Miguel y Ramona.

Ajeno a todo, Axel juega con algunas piedritas en el patio. A lo lejos, en lo profundo del valle, se divisa la escuela, esa que un día volvió viral a este chico de la Misiones profunda.

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