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Por Darío H. Garayalde, para El Heraldo - 19 de Enero de 2019 - Nota vista 6762 veces

RECUERDOS DE LA INUNDACIÓN DE 1959, EN CONCORDIA

Voy a tratar de relatar a los lectores de El Heraldo mis recuerdos de esos dramáticos sucesos, tratando ser fiel a ellos y a la información que se obtenía por los medios de comunicación de ese tiempo y por haber colaborado personalmente en el auxilio de los afectados, igual que lo hizo mucha otra gente.

El 26 de marzo fue un Jueves Santo en ese año que amaneció nublado, con una tormenta eléctrica y luego comenzó a llover, aunque no era una lluvia importante sino persistente. Se iniciaba entonces con unas precipitaciones que ni siquiera eran intensas supuestamente transitorias, sin embargo se iniciaba el período de lluvias más duradero y catastrófico que conoció Concordia y la región en toda su historia.

Las pérdidas materiales fueron enormes para las personas, comercios, industrias y bienes públicos y como veremos después, en vidas humanas.

Las lluvias fuertes comenzaron el 1º de abril superando todos los registros de lluvias conocido. Un día llovió 150 mm, al día siguiente 60 mm, al siguiente 100 mm y con esos registros comenzó a transcurrir ese mes de abril sin un solo día en el que no lloviera. Con fuertes vientos y tormentas eléctricas. En ese tiempo nadie había oído hablar de la “Corriente El Niño” ni de su importancia capital en el registro de lluvias como sabemos ahora.

Se solicitó la presencia del Gobernador de la Provincia, Dr. Raúl L. Uranga para que pudiera apreciar la situación de Concordia donde media ciudad estaba inundada y miles de personas pedían ayuda. A pesar del temporal y en medio de una fuerte tormenta, arribó en un pequeño avión, quien vino acompañado por el Ministro de Obras y Servicios Públicos. Ingeniero Mario Bertozzi y al llegar pudieron hacer una primera evaluación de la situación crítica de la ciudad desde el aire.

“Debo asumir el comando y hacerlo antes de que sobrevenga el caos”, dijo el gobernador. Al hacer una recorrida, encuentra a los afectados en instalaciones de la Sociedad Rural, también en el local inconcluso del proyectado Policlínico de Niños en la Carretera Tavella (donde hoy está la Facultad) y en algunas escuelas. En un principio los alojaron en los vagones del ferrocarril, hasta que la creciente los alcanzó también allí.

Tomó entonces medidas urgentes usando el derecho de movilización de milicias, que otorgaba la Constitución provincial para impedir la alteración del orden, saqueos y especulaciones de los proveedores y formó una comisión con autoridades municipales, fuerzas militares y policiales que quedaron bajo la dirección del intendente de Concordia, Escribano Esteban Aníbal Gómez, el Secretario Municipal Dr. José Santos Muñoa y los Concejales Chervo, Cueva, Rodríguez Pujol y Juana Aldecoa.

El Dr. Uranga recorrió los sitios castigados y sobrevoló la zona costera del Uruguay, donde el panorama en Salto, Paysandú, Colón y Concepción del Uruguay era desolador. Autorizó el desembarco de fuerzas de marinería en Salto, evacuando a 1.500 personas del hermano país. Los radioaficionados de ambas orillas cumplieron una efectiva y valiosísima tarea, canalizando informaciones y pedidos de ayuda. Por este medio, los médicos daban instrucciones para atender picaduras de víboras venenosas, prevenir la fiebre tifoidea por el agua contaminada. Hasta que las emisoras radiales dejaron de funcionar al ingresar agua en sus estudios o antenas de transmisión. El Telégrafo de la Provincia también había dejado de funcionar ya que la creciente cubrió los postes que transportaban las comunicaciones. Correos y Telecomunicaciones siguieron operando con su telégrafo inalámbrico por lo que la comunicación con otras localidades se mantuvo.

Lo cierto es que la ciudad, o lo que quedaba de ella fuera del agua, parecía una isla. Encima de todo esto no teníamos salida por tierra. El Yuquerí desbordado cubrió el Puente Alvear, la antigua Ruta 14 estaba cortada en el Ayuí. El Yuquerí también cortaba Cambá Paso y la ruta a Federal estaba cortada en El Duraznal. Todo lo que recibía la ciudad se hacía por medio de los barcos que anclaban en el río Uruguay.

Las vías del ferrocarril por primera vez en su historia fueron cubiertas por la creciente. Los cálculos hechos por los ingenieros ingleses se basaban en las crecientes históricas y jamás se habían equivocado en la altura de puentes y terraplenes, pero esto superó cualquier previsión.

El Ejército realizaba los salvatajes de las casas de familia y de los comercios.

Yo en ese tiempo trabajaba en la sucursal de Philips Argentina, que estaba en la calle Entre Ríos 886 – 888, donde hoy está la armería y el local vecino más el subsuelo donde estaba el service y tenía su depósito frente a la Escuela Belgrano, donde fue la Ferretería Camaño. La empresa nos daba las tardes libres para colaborar con la situación. De cualquier manera no teníamos mucho que hacer allí ya que no recibíamos mercadería de Buenos Aires ni tampoco podíamos despacharla a los clientes. A veces colaboraba con los soldados, como muchos otros muchachos de ese tiempo o de lo contrario, en los camiones de Vialidad Nacional o de particulares ya que los estudiantes, que no tenían clases tampoco porque las escuelas servían para refugiar a los inundados, cumplieron dignamente con las circunstancias que les tocó vivir y salían también a colaborar la tarea de rescate. Como yo hacía solo dos años que había terminado la escuela, muchos de los chicos eran conocidos míos. De todos modos, en los almacenes que ayudábamos a trasladar nos regalaban latas de cornedbeef o de picadillo y galletitas, más alguna botella de algo para calentar el cuerpo, porque por la noche hacía frío y soplaba mucho viento, además de la lluvia que no paraba un instante. Yo salía todas las tardes movido por la pena de ver tanta desgracia. Siempre recordaba llevar una linterna. Pero lo que se veía por la noche era verdaderamente alucinante. En medio de la oscuridad, porque la usina había cortado la corriente en esas zonas inundadas, en esa penumbra autos, carros con ruedas grande, camiones en medio del agua entrando en las casas para rescatar sus pobres pertenencias. Era un hormiguero humano chapaleando en el agua turbia a la luz de linternas o los faros de los autos y un imponente croar de ranas y sapos como fondo y los miles de insectos alrededor de la luz. De todos modos, estas tareas de rescate las hacíamos hasta las 22 horas, ya que a partir de esa hora, regía el toque de queda y el Ejército colocaba centinelas con orden de hacer fuego a quien se encontrara cometiendo pillajes. Felizmente eso no ocurrió en ningún caso.

El pico de la creciente se registró el 18 de abril y nadie sabe la marca a la que llegó porque la escala de la Subprefectura medía hasta 18 m. y fue superada por la creciente. Se supone que pudo haber llegado a 20 o 22 m. frente al Puerto. Esa noche nadie dormía porque habían informado por radio que, si a las 6 de la mañana el río seguía creciendo, iban a tener que evacuar la ciudad saliendo por la única vía del ferrocarril que se podía utilizar para abandonarla. Sin embargo, a las 8 de la mañana del 19 de abril, el río comenzó a bajar. La creciente había finalizado y ya no llovía.

Para evitar los saqueos, el Ejército dispuso la ley marcial para quien fuera encontrado cometiendo pillaje. El Jefe del Regimiento 6 de Caballería era el Teniente Coronel Rafael Tiscornia y del Comando de la Segunda División de Caballería, el General Carlos Peralta.

Los daños materiales fueron incalculables, ya que en los vagones del ferrocarril no alcanzaron a sacar las mercaderías, y así el agua cubrió bolsas de cemento, de cal, cajas de cigarrillos, azúcar, harina, fideos, arroz y otras mercaderías.

Otra cuestión que provocó enormes daños, agregados a los propios de la gran inundación, fue la existencia en la costa del río de grandes aserraderos que trabajaban madera fina. Esa madera provenía de Misiones y del Brasil y arribaban a Concordia en grandes jangadas. Recuerdo haber caminado por encima de ellas hasta casi el medio del río. Eran enormes rollizos de pino Brasil, Cedro, Palo Santo, Lapacho, Nogal, Guatambú y estas se desplazaban por el río aprovechando la corriente a favor, conducidas por uno o dos jangaderos que tenían allí encima su ranchada. Estas jangadas se acumulaban hasta ser procesadas. He mencionado a los grandes aserraderos como el Aserradero Giralt – Matyc Maderas – Comaco – Verrazina&Sacchi – Juan Blasco y otros menores.

Estas jangadas se soltaron por la creciente y las tormentas constantes y quedaron en total libertad, llevando por delante ranchos y casas de material provocando su destrucción. Si se salvaban de una, detrás venía otra. Algunas fueron encontradas aplastando totalmente una vivienda ya que cada rollizo pesaba varias toneladas.

Los arroyos internos de la ciudad eran verdaderos ríos en sí mismos como el arroyo Concordia, en la zona de Plaza España por Laprida hasta la Escuela Normal.

El Manzores ya había inundado todo el Barrio Nébel, las calles Lamadrid, Bolivia estaban cubiertas hasta la Escuela Vélez Sarsfield. El hidroavión de Aerolíneas Argentinas fue remolcado hasta las cercanías de dicha escuela para poder ser abordado por los pasajeros.

El intendente Esteban A. Gómez, acompañado por el Senador Ing. Eduardo Nogueira, viajaron a Buenos Aires a entrevistarse con el Presidente Arturo Frondizi quien los recibió de inmediato otorgándoles un subsidio de $ 3.000.000. - de pesos de ese tiempo y comprometiendo toda la ayuda de la Nación. “Se aplicará con todo rigor el decreto 1941 que prohíbe poblar zonas comprendidas en la cota 14 que resulta anegadiza. También se prohibirá reconstruir aquellas viviendas que hayan quedado muy destruidas”. Poca memoria en la gente y en las autoridades municipales que 60 años después, con 11,50 metros ya tenemos inundados.

El saldo de la inundación del 1959 fueron 13 muertos, 30.000 evacuados y se anegaron 20.000 kilómetros cuadrados. Puede calcularse la magnitud del siniestro si consideramos que la población urbana de Concordia era de 56.700 habitantes.

Algunos barrios desaparecieron para siempre, como el Barrio El Paredón y también el Barrio El Dispensario o Aero Club (ahora Almirante Brown).

La heladera del Club de Regatas fue hallada frente al Parque Mitre. Eso da una idea de la magnitud del desastre

El gobierno de la provincia apoyado por la Nación hizo un barrio populoso que se llamó Barrio Ferroviario, frente al Club Hípico. Las casas eran de estilo semejante, pero dado el tiempo transcurrido, los propietarios las fueron modificando, aunque quedan varias en su modelo original. Otro barrio que se construyó, en ese mismo estilo fue el Barrio 6 de Febrero, cercano al Cementerio Nuevo al que concurrió el Gobernador Raúl Uranga al que asistí para acompañar los actos para su inauguración el 6 de Febrero de 1962, aprovechando que ese día se cumplían 130 años de la Fundación de Concordia.

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