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10 de Noviembre de 2018 - Nota vista 1545 veces

Ruralistas ingresaron a una escuela para impedir una charla sobre agrotóxicos

Desde que el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos dejó firme la sentencia que prohíbe fumigar con agrotóxicos en cercanía de escuelas rurales, el lobby sojero a través de sus diferentes operadores comenzó una etapa violenta contra los ambientalistas que defienden la salud y la vida, responsables de los últimos pronunciamientos de la Justicia provincial que marcan un cambio de paradigma que pone en peligro el modelo vigente de contaminación.

Ahora, el blanco elegido por el campo fue uno de los emblemas de la lucha ambiental: Estela Lemes, la directora de la Escuela Nº66 “Bartolito Mitre”, de Costa Uruguay Sur, que desde hace ocho años convive con glifosato en su cuerpo producto de las fumigaciones con agrotóxicos en los campos lindantes al establecimiento educativo en el cual trabaja.

El último golpe lanzado en su contra provino de la Sociedad Rural de Gualeguay, que la semana pasada envió una carta al Director Departamental de Escuelas donde reclamaban que no se hiciera una charla informativa sobre agrotóxicos que Lemes y otros expositores tenían previsto dar en la Escuela Secundaria Nº 5, José González Grey.

“Exigían que ese tipo de charlas la dieran gente especializada del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) o, en su defecto, ingenieros agrónomos. Es absurdo ese pedido. ¿Acaso un médico no puede hablar sobre el tema? ¿No puedo hablar yo sobre el tema siendo alguien que vive con el veneno en su cuerpo”, contó Estela Lemes a ElDía.

Finalmente, y pese a la presión de los ruralistas, la charla se concretó.

Pero las intimidaciones continuaron: los dirigentes de la Sociedad Rural, productores de la zona e ingenieros agrónomos se hicieron presentes en la disertación y se ubicaron en el fondo del aula, donde ante cada afirmación que los expositores hacían en contra de sus intereses protestaban con un murmullo constante y molesto. Y como se había pautado desde un principio que el debate era entre los oradores y los alumnos, a ninguno se les permitió participar del mismo, aunque eso no frenó a los representantes del campo, quienes se encargaron de filtrar preguntas capciosas para que los alumnos las hicieran a los expositores.

“Fue una jugada ridícula que los dejó en evidencia. El hecho de decirles a los chicos lo que tenían que preguntarnos fue algo horrible y muy bajo”, reprochó, antes de aclarar que aún siendo capciosas pudieron ser retrucadas y refutadas en sus argumentos por los expositores, lo que despertó aún más el cuchicheo y los murmullos de los ruralistas en el fondo del aula.


Acostumbrada a luchar contra viento y marea desde que descubrió en 2010 que iba a tener que convivir de por vida con 1.8 de glifosato en sangre, es ahora la encargada de devolverle el golpe a los del campo: el viernes por la tarde le envió una carta documento a Luciano Olivera, presidente de la Sociedad Rural de Gualeguay para que se retracte públicamente por pedir que las escuelas públicas se remitan “a capacitar por profesionales con incumbencias sobre la temática a desarrollar” y por exigir el curriculum de los expositores, a quienes acusó de titular de manera “sesgada y errónea”, en referencia al uso de la palabra “agrotóxico”.(La Voz)

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