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Carta Pastoral A la Iglesia diocesana de Concordia - 28 de Abril de 2018 - Nota vista 788 veces

Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional

Queridos hermanos y amigos de la comunidad diocesana

1 Vamos recorriendo juntos el Camino pastoral diocesano. Hoy quiero hablarles de un tema que preocupa y nos debe ocupar a todos: los adolescentes y jóvenes. Se trata de un tema social, cultural y pastoralmente muy importante; ¿ustedes me permiten que en esta carta me extienda un poquito?

Queridos jóvenes, los miro con afecto y pienso en ustedes desde una edad que, como dicen por allí, quisiera vivir con espíritu de “juventud prolongada” ¡Dios me conceda esa gracia! Rezo por ustedes. Escribo tratando de percibir el modo de mirar de ustedes.

2 La pastoral juvenil está en el corazón de la Iglesia. Un sector por el que nos debemos interesar particularmente en la pastoral diocesana es el de los adolescentes y jóvenes, y con ello empeñarnos en la prioritaria pastoral vocacional, que se inserta en el derecho de cada joven a propuestas claras sobre el sentido de su vida.

La pastoral juvenil ha sido asumida explícitamente en las Líneas de acción de nuestro Plan pastoral diocesano:

Anuncio Evangelizador: “Promover la participación y el protagonismo de adolescentes y jóvenes para que su participación, integración y compromiso se concreten en cada comunidad”.

Formación permanente: “Priorizar la catequesis con jóvenes y adultos para dar sentido cristiano a la vida, creciendo y madurando en la fe”.

Implícitamente el tema está presente en los diversos campos pastorales del Plan.

Es mi esperanza que prioricemos en la diócesis la opción por los jóvenes, y que esto se traduzca en programas y proyectos pastorales, con el anhelo de salir al encuentro de los adolescentes y jóvenes en sus ambientes habituales, generando espacios de encuentro, diálogo y reflexión, iniciando con ellos y desde ellos un camino de crecimiento y maduración en la fe. El deseo es provocar el encuentro profundo de cada uno con Jesús, impulsando procesos de integración comunitaria, formación cristiana, espiritualidad viva y compromiso misionero, favoreciendo el discernimiento personal y promoviendo una cultura vocacional.

Hoy queremos volver decididamente al objetivo expresado en las Líneas pastorales asumidas diocesanamente y recién recordado: “Promover la participación y el protagonismo de adolescentes y jóvenes”. ¿Qué nos reclama esto?

3 Los primeros protagonistas de la pastoral de juventud son los mismos jóvenes. A ellos dice la Palabra apostólica de Juan: “Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes” (1 Jn 2,14).

Los jóvenes tienen que recibir de los mayores la antorcha de la fe, y con ella vivir en el mundo en el momento de las mayores transformaciones de su historia. “Son ustedes los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de sus padres y maestros, van a formar la sociedad de mañana; se salvarán o perecerán con ella” (Del Mensaje final del Concilio Vaticano II a los jóvenes).

Los jóvenes deben ser parte protagonista de las decisiones pastorales de la diócesis y las comunidades. Será oportuno que en las distintas instancias diocesanas y parroquiales preveamos una representación del mundo juvenil, de tal manera que pueda expresar sus propias necesidades espirituales, e integrarse de un modo vivo y dinámico en la pastoral orgánica.

Nos decía San Juan Pablo II en su testamento pastoral, la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 45: “Es significativo lo que San Benito recuerda al Abad del monasterio, cuando le invita a consultar también a los más jóvenes: «Dios inspira a menudo al más joven lo que es mejor»”.

4 Pero la acción pastoral reclama también que toda la comunidad cristiana sienta como propio el mundo juvenil. Es necesario acompañar a los jóvenes a profesar una fe madura, a ser protagonistas de su proyecto de vida cimentado en los valores del Evangelio, a una participación activa en la misión evangelizadora de la Iglesia, y a ser actores de la construcción de la sociedad conforme a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, haciendo propia la opción preferencial y evangélica por los pobres y necesitados.

Debemos cuidar atentamente que la pastoral juvenil se realice en cada parroquia, y también en las zonas con propuestas inter-parroquiales.

¡Qué bueno cuando en una comunidad se estimula con iniciativas concretas el sentido de corresponsabilidad, que hace que juntos, jóvenes y no tan jóvenes, todos nos sintamos realmente activos y responsables constructores de la comunidad cristiana y de la sociedad!

5 Hay algo que estimo prioritario: atender a que en la diócesis no falte un buen número de sacerdotes, religiosos y laicos idóneos, dedicados al apostolado de la juventud. El acompañamiento personal, la dirección espiritual y el asesoramiento grupal o institucional que realizan los sacerdotes son claves en la pastoral juvenil.

Quienes colaboran en la pastoral juvenil caminan con los jóvenes como hermanos y amigos, pero al mismo tiempo como portadores de una verdad y de un ideal de vida muy alto. Sabrán comprender las aspiraciones de los jóvenes, sus puntos de vista y su modo de expresarse, pero sin condescender con ligerezas en el vano propósito de identificarse en sus modos para ser mejor aceptados por ellos. Se trata, más bien, de ayudarlos a abrir los ojos del alma a ideales elevados, claros y evangélicos.

Cuando carecen de una consciente orientación, muchos jóvenes quedan sujetos al influjo de opiniones diversas y de novedades ideológicas, por lo que con mucha facilidad se alejan de la Iglesia, para explorar caminos desconocidos o permanecer, inclusive, en el vacío existencial, o quizás llegar a la evasión en las adicciones.

Una de las dificultades que encuentra la pastoral juvenil en nuestra diócesis es la falta de bastantes dirigentes y el éxodo de los mismos por razones de estudio, trabajo, o por las obligaciones que impone el haber formado una nueva familia. Una de las prioridades debe, por tanto, ser la formación permanente de dirigentes con fe profunda, sentido eclesial, entusiasmo contagioso y suficientemente preparados para la misión. Esta tarea encuentra sus ámbitos propios en las parroquias y en los movimientos y asociaciones laicales; pero puede pensarse también en iniciativas a nivel diocesano.

6 Al contemplar el mundo juvenil miro con especial atención un ámbito muy amplio, el de los adolescentes y jóvenes estudiantes.

La pastoral educativa orientada a todas las escuelas, católicas o no confesionales, merece un cuidado atento a ellos, reconociendo que vivimos en un mundo plural y donde muchas veces el mensaje de la Iglesia se entiende como una opinión más. Cercanía, testimonio alegre, diálogo y anuncio desde la identidad cristiana serán nuestras actitudes de encuentro evangelizador. Entre los jóvenes, los estudiantes universitarios ocupan un puesto destacado y de gran interés apostólico, por las peculiaridades de su sensibilidad y ambiente.

En particular, se requiere dedicación muy grande por parte de los sacerdotes, consagrados y educadores en las escuelas católicas e institutos superiores, dado el gran número de adolescentes y jóvenes que se forman en ellos. Entre las formas más eficaces se encuentran, sin lugar a dudas, la catequesis, la enseñanza de la religión, la oración común, la celebración, los proyectos solidarios y misioneros, pero importa mucho la cercanía, el oído atento y el acompañamiento personal.

En el caso particular de las escuelas parroquiales, por su identidad propia, pido el esfuerzo fecundo de integrarse a la vida parroquial como una comunidad que participa de su ser y su misión. La pastoral educativa de la escuela forma parte de la organicidad misionera de la parroquia, bajo la efectiva autoridad del párroco, en comunión con el obispo.

7 Infinidad de realidades de esfuerzo y de esperanza, pero también de dolor y de angustia, nos desafían en el mundo juvenil.

Nos alienta encontrar a los jóvenes que estudian y trabajan con tenacidad, los que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de voluntariado, los que participan en la vida de la Iglesia, los que integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en nuestra propia diócesis o en otros lugares, los que toman en serio la familia y la vida. Los acompañamos para que recorran sus caminos con la Luz del Evangelio.

Nos desafía pastoralmente el mundo de los jóvenes que no encuentran trabajo, los “ni ni” (ni estudian ni trabajan) los que carecen de un ambiente familiar consolidado, los que se dejan ilusionar por los espejismos del consumo y las apariencias, los que no suelen encontrar respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas, los que han entrado en el tobogán de muerte de las adicciones. La imaginación pastoral y el corazón misericordioso nos ayudarán a acercarnos a ese mundo de jóvenes que claman, aún sin saberlo, por una Vida digna y plena, que sólo encontrarán en Jesús.

Doy gracias a Dios por quienes en la diócesis trabajan generosamente en la pastoral de las adicciones y le pido bendiga esta obra de amor que da pasos de esperanza en medio de tantas personas heridas.

8 Se trata de salir al encuentro de los jóvenes allí donde ellos están. También en el mundo de relaciones o de aislamiento que engendran las nuevas tecnologías de comunicación. Las nuevas tecnologías, las redes sociales, la mensajería instantánea, Internet, nos incorporan a un mundo inmenso y diverso. Hay una desaparición de los límites de espacio y tiempo en la inter-comunicación.

Esté yo donde esté, todo puede suceder aquí y ahora; todos (o quienes yo deseo) siguen estando en mi mundo relacional. Puedo estar simultáneamente en diversos lugares y con diversos tipos de personas y grupos, conocidos o no, con maneras de pensar y sentimientos contrapuestos. Los jóvenes están inmersos en este nuevo mundo con sus oportunidades, riesgos y desafíos. La pastoral juvenil no puede quedar fuera. ¡Cuántos bienes puede traer un uso responsable de las tecnologías y los medios de comunicación! Pero también, ¡cuánto puede dañarnos y dañar un uso indebido de ellos! Vivimos en un mundo nuevo, de una riqueza impensada cuando nos permite generar nuevos modos de vínculos de comunión y solidaridad, para acrecentar el ardor de la caridad pastoral.

También la pastoral debe aprovechar el potencial evangelizador de la atracción de los jóvenes a la música, la representación y otras formas de expresión. La realidad juvenil, que tantas veces nos cuesta comprender, debe ser el punto de partida de un camino que debe conducir al encuentro profundo con Jesús, a la configuración con Él.

9 El “sentido de pertenencia” al grupo es fuerte en los adolescentes, aunque también en los jóvenes. Desde la pertenencia a la parroquia y a algún Movimiento o Asociación laical se puede animar el sentido de comunión eclesial y ardor misionero. Es necesario valorar el aporte que los movimientos y asociaciones laicales hacen, desde su carisma propio, a la formación humana, cristiana, comunitaria y apostólica de adolescentes y jóvenes. Y en esto incluimos el ámbito que ofrecen a una sana relación entre chicas y chicos. Allí comienzan muchas veces noviazgos con proyecto serio. ¡Cuántas buenas familias pueden nacer entonces! El acompañamiento de los novios y la formación de nuevas familias, con valores cristianos, es una meta de la pastoral juvenil.

Los eventos juveniles deben ser parte integral de los procesos pastorales. Por ejemplo, misiones, peregrinaciones, convivencias, jornadas, retiros, campamentos, Navidad, via crucis, Pascua o Pentecostés de los jóvenes, se complementan con los desarrollos ordinarios de la pastoral.

10 La pastoral juvenil incluye necesariamente la pastoral vocacional. Toda la existencia cristiana debe vivirse como vocación. Pero nos referimos aquí a las vocaciones de especial consagración a Dios y al servicio de los hermanos en la comunidad eclesial: el sacerdocio y la vida consagrada.

Tres acciones esenciales según el Papa Francisco caracterizan la pastoral vocacional: salir, ver y llamar. A ello corresponde en el joven llamado comenzar con fe, oración y acompañamiento espiritual, un camino de discernimiento y respuesta. Y a toda la comunidad le toca orar, alentar y sostener en el crecimiento.

El mismo Papa ha convocado para octubre de este año una nueva Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Con ello la Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor, a la vida en plenitud, y a las vocaciones particulares. La Iglesia también pide a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia.

De un modo particular ruego a las familias procuren en su seno las condiciones favorables para el nacimiento de las vocaciones, ayuden a despertar el llamado y recen en común para que la familia pueda vivir el gozo de que en su seno un hijo, un hermano, descubra y siga la vocación a la vida consagrada o el sacerdocio.

11 Desde el Equipo diocesano de Pastoral Juvenil se nos propuso convocar a un Año Juvenil Vocacional diocesano.

Motivan la propuesta el deseo de impulsar decididamente la pastoral de la juventud en el orden diocesano, y los diversos acontecimientos e instancias de la Pastoral Juvenil a nivel de Iglesia argentina y universal para el próximo tiempo:

Del 25 al 27 de mayo de 2018 se realizará en Rosario el II Encuentro Nacional de Jóvenes, organizado por la Pastoral Nacional de Juventud, con el lema “Con Vos renovamos la historia”.

En el mes de octubre de 2018 se celebrará en Roma la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada por el Papa Francisco. Su propósito es buscar caminos pastorales para acompañar a los jóvenes hacia la madurez personal para que, mediante un proceso de discernimiento, descubran su proyecto de vida y lo realicen con alegría abriéndose al encuentro con Dios y con los hermanos, y participando activamente en la edificación de la Iglesia y de la sociedad.

Del 22 al 27 de enero de 2019 se realizará en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud. “He aquí la servidora del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), es el tema de la jornada, y tiene como principales ejes a la Virgen María y las vocaciones.

12 La propuesta del Año de la juventud y las vocaciones fue tratada y valorada positivamente por el Consejo Presbiteral de la diócesis y, personalmente, como obispo, la he considerado muy oportuna, viendo también su apertura a una fructuosa proyección pastoral en todos los ámbitos diocesanos. He pensado, además, que el tema del Sínodo puede guiarnos.

Por eso hoy convoco a toda la comunidad de la diócesis de Concordia a la realización de un:

AÑO DE LA JUVENTUD

El mismo tendrá un momento muy significativo de apertura, el Encuentro diocesano de agentes de pastoral, el 21 de abril de 2018, en el predio de Juan XXIII, en Estancia Grande.

La clausura será en un día representativo del tema vocacional, la Jornada de Jesús Buen Pastor, el 12 de mayo de 2019.

El tema que animará las iniciativas pastorales del Año será el mismo del Sínodo: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Queremos vivir como Iglesia diocesana un Año juvenil vocacional para:

Revitalizar la pastoral juvenil parroquial y diocesana.

Profundizar en el discernimiento comunitario para poder responder verdaderamente a los desafíos pastorales que nos plantea la realidad joven en nuestras parroquias, zonas y diócesis.

Generar una cultura vocacional en nuestra acción pastoral, que permita procesos de discernimiento vocacional en nuestro niños, adolescentes y jóvenes.

Los proyectos, programas y acciones pastorales irán surgiendo a lo largo del Año en comunión y participación de todos.

13 Pedimos a Dios nos bendiga para recorrer nuestro Camino pastoral diocesano con ritmo juvenil. Invito a todos a sumar sus pasos misioneros.

Contemplemos el testimonio heroico de tantos santos jóvenes en la bimilenaria historia de la Iglesia y, sobre todo, en nuestros tiempos recientes. Ellos siguieron a Jesús sin recortar su entrega. Ellos nos alientan, nos dicen que todo es posible con la Gracia del Espíritu Santo.

Contemplemos e invoquemos, sobre todo, a aquél matrimonio joven de Nazaret, María y José, que dijeron un “Sí” total al llamado de Dios, aún en la oscuridad de hasta dónde los llevaría su respuesta. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

Desde lo más profundo del corazón, imploro sobre todos la bendición pastoral.

Concordia, 01 de marzo de 2018

Luis Armando Collazuol

Obispo de Concordia


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