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13 de Septiembre de 2017 - Nota vista 536 veces

La salud y la buena forma interior

Sabemos que mejorar la estructura mejora la postura, retarda el envejecimiento, previene la artritis, mejora todo tipo de ejercicio y movimiento y favorece el equilibrio emocional. Las personas que dedican su tiempo a su cuerpo obtienen también otros beneficios: un aumento de la soltura física y la seguridad en uno mismo, disminución de los dolores musculares, mejora del suelo y mayor facilidad para la relajación.

La buena forma orgánica

Esta expresión significa fundamental que los órganos internos funcionan mejor. A medida que la estructura cambia, la tendencia a problemas como la indigestión, el estreñimiento y los dolores menstruales parece desvanecer sola. Puesto que constituimos un organismo total, el funcionamiento de una parte no puede separarse del funcionamiento de las demás. Los órganos internos dependen uno de los otros y, trabajando al unísono, convierten el combustible ingerido (alimentos y oxigeno) en energía para accionar y mover la maquina humana. La estructura depende de los órganos internos, pero estos dependen a su vez de la estructura. El armazón del cuerpo ejerce una marcada influencia en el estómago, hígado, bazo, páncreas, intestinos, riñones, vejiga y órganos reproductivos.

La estructura y la sensibilidad

La percepción corporal, nuestro sentido cenestésico, es aún tiempo consciente e inconsciente. Podemos sentir y percibir conscientemente nuestra identidad física, pero la precepción corporal de la información sobre la tensión, el movimiento, peso y posición de los músculos se da en general por debajo del umbral de la conciencia. Nuestro sentido cenestésico es, podríamos decir, “de fondo”, pero aun así puede ser grosero y estar entorpecido y bloqueado, o bien ser fino, alerta y perceptivo, según el estado en que se halle la estructura.

La estructura y la energía

Todas nuestras actividades y salud en general vienen determinadas por nuestros ritmos y niveles de energía. La energía puede dividirse en física y mental, pero en realidad toda es la misma. En cualquier forma en que nuestra energía o falta de ella se haga más evidente, sus ritmos y niveles son una considerable indicación de nuestro estado de salud y vitalidad. La energía vital se mueve por nuestro cuerpo: para bien o para mal, circula en todo organismo vivo y, cuando queda bloqueada, disminuida o fragmentada, el organismo sufre las consecuencias de un modo u otro.

Todos los sistemas del cuerpo, tanto el endocrino como el nervioso, el digestivo el circulatorio, el respiratorio, el reproductivo, el inmunológico y el músculo-esquéletico (estructural), participan en la produccion, mantenimiento, regulación y gasto de energía vital de todos los demás y cualquier sistema que funcione por debajo del nivel indicado perjudica al estado energético del cuerpo y a la persona en su totalidad. 

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