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16 de Agosto de 2017 - Nota vista 1233 veces

Pre-juicios

... un niño de 8 años le dice a su madre, (víctima de violencia de género) “mamá, no veo las horas de ser grande para tener una novia así la puedo cagar a trompadas”.

Es interesante ver en este fragmento la violencia en las palabras de un niño de 8 años, un discurso repudiable en cualquier sujeto. Pero me interesaría analizar, cuestionar y repensar sobre este material.

Se me vienen a la cabeza frases que se escuchan en el imaginario social: “Se nace violento”, “está en los genes”, “de tal palo tal astilla”, las preguntas frecuentes que apuntan a interrogar sobre la génesis de algo tan complejo como la violencia.

En principio me parece pertinente partir de una posible definición de violencia, con el fin de tener un piso para poder empezar con la discusión y hablar el mismo idioma.

Violencia puede ser entendida como la radical idea de pertenencia de un sujeto sobre otro, de propiedad privada, cuando un sujeto considera que otro le pertenece ubicándolo a éste en una posición de objeto al cual se utiliza para cumplir todas sus necesidades. La violencia puede ser verbal, simbólica, patrimonial y/o física; como la máxima expresión de la misma es el asesinato.

En el ejemplo podemos ver claramente esta idea de posesión, en un niño que dice querer tener una novia para poder hacer con ella lo que le venga en ganas, sin contar con la resistencia del otro sujeto, sin importarle la idea de qué desea, ni siquiera sin tener la posibilidad de preguntárselo.

Este niño es: ¿un violento en potencia?, ¿lo lleva en los genes?; ¿pegará porque de chico le pegaron y quiere sanar sus heridas?, ¿pega porque no conoce otra posibilidad de amar que no sea mediante el golpe?, ¿no pudo hacer otra cosa? Son preguntas que quizás no tienen una respuesta, pero que nos permiten justamente eso, preguntarnos.

Freud dijo alguna vez algo así como “el que inventó el insulto creó la cultura” haciendo alusión a la palabra en lugar del acto. Esta frase me hace acordar a un texto escrito por una autora llamada Silvia Bleichmar en el cual analiza la posición de la víctima y del victimario en una relación, tomado como ejemplo el conocido cabezazo que le da Zinedine Zidane (jugador francés ) a su contrincante en la final del mundial de fútbol y allí plantea lo siguiente: “La agresión contra el otro o contra sí mismo puede ser un acto desesperado, algo que da cuenta del fracaso de las palabras, de la anulación de toda respuesta posible”.

Esto me hace pensar en la importancia de la palabra, en lo preventivo de la palabra y cuando hablo de palabra me refiero más bien al discurso, a la charla, al intercambio que remplaza a la acción inmediata. Sin posibilidad de intercambio no hay posibilidad de diálogo, pero para intercambiar es necesario como mínimo dos sujetos y considero que en el momento en que uno necesita que el otro le pertenezca para ser, no es sujeto. A su vez ubica al otro en posición de objeto, dejando como resultado la imposibilidad de diálogo y la aparición de la acción (golpe o insulto, ya que el insulto es muchas veces más duro que un golpe Zidane dice después del partido: “Hay palabras que son peores que los gestos, hubiera preferido que me golpee”).

Me interesa pensar ahora la “génesis” de la violencia. Génesis en tanto inicio, no en tanto genética/material genético. Inmediatamente retomo el fragmento del relato de este niño de 8 años y pienso: este nene nació en violencia, mamó violencia, literalmente hablando, ya que su padre le pegaba a su madre durante el acto de amamantamiento, un acto caracterizado por el amor, en este caso es desbordado por el golpe. Ahí pienso en las palabras del niño: quiero tener una novia para amarla=pegarle, ecuación que tranquilamente puede hacer este niño, para el cual amar a alguien es golpearlo, poseerlo y hacerle lo que yo quiera.

Entonces me pregunto, ¿cómo podría esta criatura tener otra concepción del amor que no sea de esta manera? Inmediatamente y quizás apresuradamente me respondo, hablando, cuestionando, denunciando, pero sobre todo amándolo con palabras esa es la única forma que tenemos de que este nene cambie esa idea y ni así podemos garantizar que esto ocurra.

Este nene nació en un mundo de golpe, construyó su idea de amor a partir de esos objetos identificatorios, en ese lugar, con esa historia y en esas circunstancias socio-económicas. Me resisto a pensar que sólo sea una cuestión de genes. Esta problemática tiene mucho de complejo, muchas variantes se entrecruzan para dar como resultado la violencia. Es por todo esto que me parece de suma importancia partir desde una mirada problematizadora del asunto, sin caer en lo simple.

Desde que inicié mis prácticas en esta problemática algo me queda claro, y es la importancia de preguntar sobre la historia personal de cada sujeto, no para justificar lo injustificable, ni para juzgar algo que es más que obvio, ni para decir cuál es la solución, sino para poder brindar a estas personas una posibilidad, una oportunidad distinta de poner palabras donde no las hay, de buscar recursos para no querer “una novia para cagar a palos”. ES NECESARIO PARTIR DE LA REDUCCIÓN DEL PREJUICIO, CONTEXTUALIZAR, COMPLEJIZAR, ES DECIR: DIALOGAR.

Escrito y confeccionado por el Psicólogo Emanuel Conti y revisado por el equipo de Violencia Familiar y de Género del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia.


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