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En Concordia y los alrededores - 17 de Septiembre de 2022 - Nota vista 820 veces

VIII – LOS FRANCESES EN ENTRE RÍOS

Continuando con el artículo anterior (27/8), en esta edición tomaremos algunos de los inmigrantes franceses y sus aportes a nuestra zona, llegados en la 2da mitad del siglo XIX y comienzos del XX.

   Como lo expresáramos antes, las circunstancias complicadas en Europa (guerras, enfermedades, pestes en las plantaciones, etc) y las “ofertas” de los agentes de inmigración en América del Sur, que se basaban en los extensos terrenos sin cultivar en nuestros campos, en la necesidad de brazos para aprovechar esas condiciones y en contratos convenientes ofrecidos por gobernantes como el Gral. Urquiza, dieron como resultado una gran inmigración desde el viejo continente, que elevó considerablemente el número de habitantes de la Argentina en esa época.

 Veamos algunas publicidades aparecidas entre 1854 y 1920 en “Le courrier des Alpes” (“A.R.E.D.E.S p.45):

AVISO A LOS INMIGRANTES:

“El 6 de octubre próximo partirá hacia Bs.As. y Montevideo el navío “El Industrial” (capitán Negri). Los pasajeros disfrutarán de todo lo necesario. Dirigirse a M. Hyacinthe Guillot, comerciante, Porte Reine, Chambéry.

AVISO

El próximo 15 de junio partirá de Sarone a Montevideo, Bs.As. y Lima el “Brick Sarde Pensiero”. Este soberbio navío, con una capacidad de 330 toneladas, presenta todas las comodidades posibles para sus pasajeros. Para comprar el pasaje, dirigirse a Héctor Julien, Chambéry, Plaza St. Léger, 61.

  Poco a poco se fueron implementando algunas exigencias más; por ejemplo, desde 1876 se exigió para entrar a Argentina un certificado de “bonnes vie et moeurs” (de buenas vida y costumbres). Por otra parte, la demanda de pasaportes no fue siempre cumplida en Saboya (vieja costumbre saboyana), y muchos se embarcaron sin esta documentación.

  Nos ocuparemos, brevemente, de algunos de esos inmigrantes, venidos de la Saboya y de otras regiones de Francia, que enriquecieron a Concordia y la zona aledaña con sus actividades.

I - Don Juan Jáuregui, nacido en los Pirineos franceses, trajo de su tierra natal, unos sarmientos de los viñedos "Lorda", originarios de Burdeos, donde fueron cultivados por tres generaciones y los plantó en su chacra entre 1861 y 1864. Las viñas se aclimataron en el suelo de Concordia, superando en calidad a otras cepas importadas. La cepa "Lorda" fue el origen de la mayor parte de las plantaciones de Concordia y Salto.

 Juan Jáuregui llegó a tener 1 ½ hectárea de viña. Él mismo preparaba el vino siguiendo la tradición familiar, siempre para su uso exclusivo, sin advertir que estaba sentando los cimientos de una rica industria entrerriana que, por circunstancias equívocas, fue cuestionada y limitada como producción industrial desde 1930 en adelante hasta su extinción en la década del 60. Felizmente hay en la actualidad varias bodegas en Entre Ríos que han comenzado a trabajar con vinos de calidad. Uno de ellos alude al Presidente Justo, de esa década mencionada, con su nombre: “Vino INJUSTO”.

II - Don Anthelme (Anselmo) Moulins llegó en 1862 desde su Saboya natal (St. Ombre, cerca de Chambéry), con su esposa y una hija pequeña. Había dejado su hijo mayor, Francisco, al cuidado de sus abuelos. Establecido al principio en Yeruá, en 1863 compra varias parcelas de terreno (2 cuadras y 40 varas) a 14 cuadras de la plaza de Concordia, y poco a poco va agregando algunas más, hasta totalizar 9 manzanas y media en la zona que hoy llamamos Estación Concordia Norte. Todas ellas, plantadas con viñas, además de cereales, verduras y frutales. En 1888 y ya contando con los tres hijos varones (venido Francisco desde Francia, más Luis y Carlos que nacieron acá), la bodega fabrica y vende, tanto en la ciudad como en provincias vecinas, vinos de calidad (tinto, rosado), y es reconocida con premios en exposiciones en Paraná y Bs.As.

Los primeros sarmientos y consejos los recibió de Don Juan Jáuregui, otro pionero como él. La actividad genuina de esas viñas se vio frustrada por la expropiación y compra del terreno, por parte del Ferrocarril, y, posteriormente, por las leyes injustas que cercenaron esta actividad industrial.

III - Don Augusto Niez fue un inmigrante francés que llegó a nuestra tierra en 1872, con su bagaje de conocimientos artesanales y deseos de trabajar, para sumarse a los constructores de América de entonces.

Había nacido en Prades, departamento de Ardèche (Pirineos orientales), de una familia de agricultores. Participó como soldado del ejército francés en la guerra franco-prusiana de 1870/71. Al final de la misma, decidió emigrar hacia América, como muchos otros compatriotas. Vivió un tiempo en la República Oriental del Uruguay y luego llegó a nuestro país.

Su trabajo con la piedra (era “pedrero”) le dio los medios para comprar, poco a poco, en 1881, un total de 7 manzanas ubicadas en la zona de la actual Terminal de Ómnibus.

Edificó con piedras de su elaboración su casa de familia, también la bodega y sótano donde fabricaba el vino de las uvas de su propio viñedo, de gran calidad y muy conocido en Concordia.

Pero no solo el cultivo de la vid le debemos a Don Augusto Niez. Una circunstancia inesperada favoreció otra importante actividad: el cultivo del citrus. Un hotelero de nuestra ciudad, conocido de él, le hizo llegar varios plantines de mandarinas, olvidados por un viajero. De esas primeras mandarinas se difundió el cultivo del citrus en general, que hizo de Concordia, la llamada “Capital del citrus”. Su quinta se llamó “Les mandarines” y allí trabajaba rodeado de hijos y otros obreros y enviaba parte de su producción al mercado del Abasto, en Bs As. Hoy, una calle y una escuela recuerda a este pionero francés.

IV - Don Julio José Durocher. Llegado a Concordia en 1894, desde Châteauroux, provincia de Indre, era de profesión mecánico. Instaló finalmente, luego de una búsqueda de terrenos propicios para su establecimiento, un gran galpón en la esquina de 25 de Mayo y San Martín. Allí ubicó un taller de fundición de hierro y bronce. Él y sus hijos, con algunos obreros, fabricaban tanques, bebederos, máquinas para los molinos y para sulfatear las viñas, bombas para extraer agua y malacates. También se hacía tornería, se arreglaban motores de vapor y hasta se fabricaban máquinas fumigadoras que fueron patentadas a nivel nacional. En la Exposición de 1910, el Centenario, la firma (ya había fallecido Don Julio José) obtuvo una medalla de oro como premio. Cuando se inauguró la Primera Exposición Ganadera de Concordia (1899), construyó y presentó un molino para sacar agua para la hacienda, con un tanque de 35.000 litros y los respectivos bebederos. Por encargo de la Municipalidad de Concordia, el taller Durocher fabricó también un carro regador.

  Además de estos cuatro pioneros que, como podemos apreciar, se relacionaron y complementaron para engrandecer la zona y aportar progreso a toda la región, hubo muchos más que creyeron en un futuro mejor para ellos, sus familias, y su nuevo país.

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