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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 13 de Agosto de 2022 - Nota vista 616 veces

Derrota de Mitre, en Sierra Chica, por Calfucurá

El 30 de mayo de 1855 iniciaba el entonces coronel Bartolomé Mitre la crónica de sus reiteradas derrotas militares. Se decía entonces que como militar y estratega…era un buen periodista. Y esa frase tenía su razón de ser, ya que Mitre siempre tuvo la habilidad de relatar sus batallas (léase desastres) con ribetes casi heroicos, aunque con fidelidad de los hechos.

En esos años, Buenos Aires se encontraba separado del resto de las provincias que integraban la Confederación, con su capital en Paraná.

Los indios, inexplicablemente estaban al tanto de esta desinteligencia.

Con gran picardía, Calfucurá en 1854 había enviado a su hijo Manuel Namuncurá a Paraná reconociendo al general Urquiza como presidente y se convirtió al catolicismo al catolicismo.

En busca de una alianza con Urquiza, Calfucurá arrasó con el Fortín del Azul el 13 de febrero de 1855 causando cientos de muertos y llevándose 150 cautivas y 50.000 cabezas de ganado.

Buenos Aires envió al Azul al coronel Mitre con 1.100 hombres, varios cañones en dos columnas.

El plan era acercarse sin ser sentidos por los indios. Por esa razón solo se marchaba por la noche. Entre el 24 de mayo y el 1º de junio de 1855 se produjo el encuentro en una batalla de grandes proporciones.

La Batalla de Sierra Chica tuvo lugar en la localidad de Sierra Chica, en al actual Partido de Olavarría en la Provincia de Buenos Aires.

Este poderoso cacique chileno araucano que fue Calfucurá, había exterminado a los tehuelches, (verdaderos pueblos originarios establecidos desde hacía 20.000 años) a los boroganos en Salinas Grandes y a los puelches (o gentes del este) fueron absorbidos por los mapuches.

Mitre planeó ir primero contra los pampas de Catriel, en Sierra Chica. Otra columna al mando del Coronel Díaz operaría sobre la Laguna Blanca Grande y Blanca Chica donde estaba asentado el indio Cachul.

La columna al mando de Mitre buscaba sorprender a los indios de Catriel tratando de acorralarlos y a su vez, el Coronel Díaz cerraría la retaguardia para impedirles escapar.

Las tropas de Mitre compuestas por 800 hombres se integraban con el Batallón 2 de Línea y el 1 de Cazadores, Guardias Nacionales y un conjunto de indios amigos exploradores. No obstante las precauciones, la fecha elegida no fue la más propicia ya que era comienzos del invierno.

El frío y el hambre pronto se hicieron sentir en sus hombres. “Si bien no les faltó carne para comer, el agua escaseó”.

Para colmo, cuando confiaban en poder atacar el campamento de los indios… este estaba vacío. El ataque había fallado y ya no habría sorpresa.

Para colmo, una fuerza apreciable de indios coronó las sierras.

Mitre movilizó la infantería e hizo colocar las bayonetas en los fusiles para iniciar la ofensiva y controlar el campo de batalla y desbaratar la caballería de Catriel. Sin embargo, la caballería de Mitre en su entusiasmo no esperó instrucciones y se lanzó al ataque empujando también al ataque a los Guardias Nacionales, dejando aislada a la infantería. Los indios contratacaron y aunque fueron rechazados por los coraceros, algunos dispersos en retroceso crearon confusión en los infantes.

Los indios aliados habían arrebatado los caballos del campamento de Catriel, pero esa acción los dispersó por la persecución de esa masa de caballos, siendo atacados también por los pampas.

Toda la fuerza de Mitre fue rodeada y atacada en veloces ataques desde varias las direcciones. Los caballos capturados se asustaron con los disparos y se sumaron a los montados de Mitre huyendo todos juntos azuzados por los indios. Los hombres de Buenos Aires, todos a pie, consiguieron refugiarse en una altura donde fueron rodeados por los pampas.

Cuando anochecía, para completar el desastre, desde la sierra pudieron ver al grueso de las indiadas de Calfucurá coronando un cerro. Todo estaba perdido.


Ranqueles con uniformes robados a las tropas de Mitre

Durante toda la noche se oía la gritería de los indios que sitiaban el cerro. El día 31 continuaron los ataques y las armas de fuego, a duras penas lograban rechazarlos. Tuvieron que alimentarse con la carne de los caballos de los que habían logrado abatir en las escaramuzas. Faltó también el agua, aunque alguna conseguía en las vertientes de la sierra.

En la noche los vigías de Mitre advirtieron que los indios se iban agrupando silenciosamente, haciendo pensar que en cuanto amaneciera vendría el ataque final. Mitre esperaba la incorporación del coronel Laureano Díaz.

Durante la noche se oían los cañonazos del lado de las tolderías de Cachul, pero luego el sonido de la artillería cesó.

Mitre dio entonces instrucciones de dejar armadas algunas carpas y alimentar el fuego con grasa de potro, para que duren más y dar la impresión de que el campamento seguía activo.

En total silencio y con las monturas al hombro iniciaron el regreso hasta el Azul. Solo dos escuadrones de caballería quedaron montados para custodiar la marcha. El Batallón 2 de Línea cubría la retaguardia.

Después de caminar toda la noche, consiguieron llegar al Azul. Habían perdido todas las caballadas, la artillería, la banda de música tuvo que dejar los instrumentos llegando el 1º de junio a pie.

Los diario se mofaron de Mitre llamándolo “Bartolo Sierra Chica”

Las fuerzas del Coronel Díaz de 400 hombres y apoyo indio atacó las tolderías de Cachul, pero este se había retirado a Sierra Chica en apoyo de Catriel. Los días 30 y 31 de mayo fue rodeado por los indios de Calfucurá.

Siendo atacado por todos lados. Pero era este un Jefe experimentado y veterano de la guerra con el Imperio del Brasil (1825-28) y con la fusilería los mantuvo a raya y el uso de la artillería con metralla logró ponerlos en fuga. Pero no pudo perseguirlos ni unirse al coronel Mitre, retirándose a la Estancia del Saladillo el 1º de junio.

Así terminaba la campaña de Mitre que intentaba un castigo ejemplar sobre los indios.

La consecuencia de ese desastre militar fue que los indios de Calfucurá atacaron Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Cruz de Guerra, Junín, Melincué, Olavarría, Alvear, Bragado y Bahía Blanca haciendo numerosas víctimas, robos de ganado y numerosas cautivas.

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