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2 de Julio de 2022 - Nota vista 728 veces

El Ubajay: “Duraznero del monte”

Cuando comienza la primavera, unos árboles, próximos al castillo del Parque San Carlos, se llenan de flores de color blanco amarillentas e inundan con su perfume los caminos cercanos. La plenitud de la floración se distingue desde notable distancia porque los árboles quedan repletos de flores. Luego, con las temperaturas veraniegas, un olor entre ácido y dulce anuncia la presencia de los frutos. Es el ubajay (Eugenia myrcianthes), árbol que llega a medir hasta 10 metros de altura, muy ramificado, con copa globosa.

Las hojas son simples, opuestas, pecioladas y lanceoladas, 3 a 6 cm. de largo. El tronco tiene un tono grisáceo oscuro y presenta notables surcos longitudinales. El fruto es una drupa subglobosa, sustanciosa, muy suculenta y comestible. La cáscara es delgada, de color amarillo-anaranjado, y apenas vellosa. Mide hasta 5 cm. de diámetro. Su formato, al tener cierta similitud con el durazno, le da al árbol el nombre común de “duraznero del monte”. La pulpa es jugosa, algo gelatinosa y de un particular sabor dulce y algo ácido. Ese olor ácido es penetrante cuando el fruto está bien maduro. Por eso los guaraníes lo llaman ivá-hai, que significa “fruta ácida”. El particular aroma suele inundar, en verano, especialmente por la tarde, los caminos del Parque, y genera la curiosidad de caminantes que buscan su origen… Se reproduce por semilla que es de color marrón, y es de fácil germinación.

El ubajay es nativo de América del sur. En Argentina tiene presencia en las provincias de Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe. También se lo encuentra en los departamentos de Artigas, Paysandú y Salto de la República Oriental de Uruguay, y en el sur de Brasil y Paraguay. Es muy ornamental aunque no apto para veredas porque sus frutos caen en abundancia.

Desde la perspectiva de la soberanía alimentaria puede pensarse que el ubajay es una especie apropiada para incorporar a la agricultura, en el marco de la diversificación con enfoques agroecológicos, ya que al ser sus frutos comestibles se pueden consumir frescos y también son aptos para elaborar dulces, almíbares y jugos.

La flora nativa acerca especies de fauna autóctona que se alimentan o se refugian en ella. Es notable la cantidad de aves que pueblan los árboles de ubajay del Parque. También permiten rescatar la cultura y la identidad regional, contrastando con aspectos de la globalización que afloran en las zonas urbanizadas. En ese sentido, el Parque es un oasis, como lo pensó Antoine de Saint Exupery.

“A nuestros ambientes los cuidamos entre todos”.


Stella Toler

Mesa de Amigos del Parque San Carlos

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