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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 18 de Junio de 2022 - Nota vista 1050 veces

La Pampa de Soler: el palacio inconcluso

Doña Flora de Urquiza, luego de la muerte de su padre, el General Justo José de Urquiza heredó, entre otros bienes, una propiedad rural de casi diez leguas cuadradas y que durante su niñez administraba su madre Doña Dolores Costa de Urquiza.

La casi totalidad de esos campos estaban dedicados a la explotación ganadera y también algo de agricultura, aunque siempre vinculada a ese tipo de actividad, o sea maíz, heno alfalfa y también algo de huerta, para consumo de los puesteros y personal.

Esos bienes, luego del matrimonio de Flora, pasaron a ser administrados por su esposo Don Gregorio Soler con un criterio más moderno y con ideas de diversificar la producción

Esas ideas progresistas comenzaron a tomar forma cuando Don Goyo Soler destinó un predio en el ejido de Concordia, asociándose con gente experimentada en el cultivo de la vid y en la producción de vinos como Don José Fabregat y Don José Oriol encargados estos de la parte técnica y de laboreo mientras él financiaba la nueva sociedad que pasó a llamarse “Granja Buena Vista”, ubicada esta a unos 8 km de Concordia y cercana a las vías del Ferrocarril Argentino del Este destinados al cultivo de la vid y algunos árboles frutales. Específicamente para la plantación de la vid se han utilizado las secciones correspondientes a las alturas y laderas de los cerros, formando parcelas hasta totalizar 5.000 plantas en cada una. El sitio elegido de una tierra suavemente ondulada y la existencia de pequeños valles con manantiales de rica agua dulce potable que le dan condiciones especiales para el cultivo. Las variedades implantadas fueron: 150.000 plantas de la variedad “Lorda” o francesa que en realidad se llama Tannat.

83.000 de la variedad “Cariñena” o española originaria de Aragón

8.000 de la variedad “Picapoll” o española de Cataluña

2.000 de la variedad “Gamais” francesa

2.000 de la variedad “Moscatel” romano

2.000 de la variedad “Chasselas”, Moscatel Morado, Malbec y otros. Totalizando 255.000 plantas en 50 hectáreas de viñedos

Mientras se desarrollaban los viñedos, es decir cuando adquirieron su carácter especial para dedicar la uva a la producción de vino, se comenzó la construcción de la bodega (modelo en su género) que tenían 30 metros de ancho y 100 de largo, aunque dividida en tres cuerpos, uno de ellos destinado a la fermentación, otro para los vinos recientes y por último para los vinos maduros, teniendo como anexo la tonelería, carpintería, gabinete para estudio y espacio destinado al escritorio.

“Las paredes eran de doble muro para facilitar la doble circulación del aire para evitar en el verano el caldeo del interior. La altura era de 10 metros, sosteniendo un techo de bóveda provisto de tragaluces con resortes, para dar salida al exceso de ácido carbónico y renovar la atmósfera de la bodega”.

La sociedad Oriol-Soler se disolvió, otorgando Don Gregorio Soler a Don José Oriol tierras plantadas con viñas, de acuerdo al contrato celebrado entre ambos. Fabregat se había desvinculado de la sociedad a fines de 1885. Don Gregorio Soler, entre las líneas de viñas intercaló plantas de citrus, cultivo este que lo convertiría en el mayor productor de la zona.

La casa estaba muy bien situada en un pintoresco cerrito de pedregullo y que dominan unas alamedas y eucaliptus. La propiedad tenía teléfono. La centralita se llamaba Viñas y el número era el 5.

Hoy en día es propiedad de la arquitecta Marta De Pedro y se denomina Viñas del Este de Pampa Azul y vuelve a existir la vid como cultivo. Existe además un viejo tronco de olivo cuya edad se calcula en 130 años que se niega a morir y sigue dando retoños. En 1925 Flora Urquiza de Soler destinó una parte de las tierras heredadas de su padre, el General Urquiza al establecimiento de Colonias y de su iniciativa surgieron Colonias como La Criolla, Los Charrúas, San Bonifacio, General Roca y Osvaldo Magnasco. La plaza principal de La Criolla se llama precisamente “Flora Urquiza de Soler” en homenaje a quien destinara sus propiedades a colonización. Los vecinos de La Criolla, especialmente de Patrimonio Cultural Fabiana Pezzelato y Ana Reeschuch de Ecoplaza Saludable quieren implantar un retoño del “Olivo de Soler” en esa plaza.


Restos de la bodega

Ref.: Guía de Concordia 1936

Talleres Gráficos Casa Seguí

Entre Rios Viñas y Vinos

Susana T.P. de Domínguez Soler

Editorial Dunken

Sr. Enrique Niez

Referencias orales

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