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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 16 de Octubre de 2021 - Nota vista 1789 veces

Luego de su muerte, ¿qué pasó con el ejército del Gral. Ramírez?

La creciente demanda de cueros, motivada por su uso en casi todo lo que después sería dominio de otros materiales, como la goma o los plásticos. Mientras tanto, por ejemplo en Brasil la gente de fortuna dormía en un lecho de bandas de cuero. En Europa los carruajes estaban montados sobre muelles de cuero; las mangueras de incendio eran de cuero, las válvulas y juntas eran también de cuero en las máquinas de vapor. Además, por supuesto en cinturones y correajes de toda naturaleza.

Estos se obtenían mediante cacerías de ganado cimarrón en esporádicas excursiones por lo que la posesión de la tierra en forma efectiva, no preocupaba. Por eso la política con respecto a los indios era solo defensiva por una línea de fortines que iba desde la Ensenada de Samborombón hasta San Nicolás. La verdadera frontera era sin embargo el Río Salado, para ambos bandos

Fue así que se fundó Dolores en 1819, y luego, mucho más al sur, a orillas de la Laguna Kakel Hincul, la Guardia del mismo nombre. El coronel Martín Rodríguez gobernador de la Provincia de Buenos Aires desde 1820 tenía puestos los ojos más allá: en las Sierras del Tandil y en la de la Ventana. En 1822, así exploró hasta las márgenes del Chapaleufú, donde tuvo encuentros con los indios. En 1823 salió de San Miguel del Monte y tras una marcha bastante tranquila llegó hasta Tandil y fundó el Fuerte Independencia. En 1824 hizo su tercera y última expedición al sur. Tenía la intención de fundar en la Ventana un fuerte similar al de Tandil.

Allí tuvieron destacada actuación los Dragones y Húsares de la Muerte soldados entrerrianos de servicio en la frontera y motivo de esta nota.

A la muerte del Gral. Francisco Ramírez, sus bien disciplinadas tropas fueron puestas por el Gral. Lucio Mansilla de custodios de la frontera sur de Buenos Aires, porque había quedado menguado de hombres, en razón de su aporte a la formación del Ejército de los Andes en Mendoza. Ahora necesitaba hombres con experiencia y valor para sus planes con respecto a la frontera sur.

Buenos Aires comisionó a Juan García de Cossío para que se reuniera con el Gobernador Provisorio Lucio Mansilla y negociara con él la deuda de $10.000 pesos de un préstamo anterior, que se suponía que Entre Ríos con el Gral. Ramírez muerto, nunca se pagaría. García de Cossío consiguió una operación por una parte de las aguerridas tropas de Entre Ríos el 9 de noviembre de 1823 en Concepción del Uruguay que transfería al Estado de Buenos Aires “doscientos Dragones, con sus mujeres, hijos, Gefes, oficiales, armas y monturas”. “Buenos Aires pagará 30.000 pesos reconociendo fueros y grados y privilegios, sueldos y pensiones con las demás gracias y ventajas que por leyes y ordenanzas puedan corresponder y correspondan a los Dragones así incorporados. También les reconocerá la antigüedad de servicios a los oficiales y Gefes”.

Los entrerrianos tuvieron una actuación destacada en esta campaña.

El coronel Manuel Pueyrredón, Jefe de escolta del Gobernador Martín Rodríguez relata la actuación de los Dragones y Húsares a cargo de los comandantes Medina y Morel. “Al pasar el primer cañadón, disparó una caballada recién traída de Entre Ríos. Al alboroto que causó esta se asustaron los demás, y seis mil caballos dispararon a un tiempo. Era un espectáculo aterrador el que presentaba esa masa de animales cernida por entre el agua y rompiendo pajonales; con un ruido espantoso. Cuatro escuadrones de caballería se ocuparon de correrlos por la tarde y cuando se consiguió sujetarlos, se habían perdido 2.000 caballos. Estas disparadas se repetían cada vez que la caballada atravesaba un cañadón. Los baqueanos lo atribuían a la presencia de leones ocultos en los pajonales.

El escuadrón de Húsares estuvimos al mando del comandante Medina. Se destinó al solo trabajo de recoger las caballadas y evitar que se dispersaran. Peligrosa tarea porque algunos campos estaban minados de vizcacheras y otros accidentes ocultos ahora bajo el agua que inundaban las zonas elegidas para la marcha de la tropa”

Llegaron finalmente a Tandil, descansaron unos veinte días, y tras ese lapso mejoró el estado de las caballadas. Entonces reiniciaron la marcha exploratoria hacia la Sierra de la Ventana. Los indios no presentaron combate, pero se mantuvieron siempre a la vista de la columna. Tan pronto en los flancos como en el frente. Su sola presencia ponía nerviosos a los hombres. Los indios respondían con la táctica de “guerra del vacío”.

En las proximidades de la Sierra de la Ventana, los indios amagaron con presentar combate. El coronel Pueyrredón, por orden de Martín Rodríguez salió con 50 Dragones para reunirse más adelante donde los indios repitieron la táctica. Era como si estuvieran esperando algo. Seguramente en conocimiento de la naturaleza ya les anunciaba algo. Las tropas de Buenos Aires que habían desmontado, fueron sorprendidas por un verdadero huracán. En medio del viento y el polvo, los indios cargaron. Los soldados intentaron volver a montar pero fue imposible. El viento había dispersado los caballos “Entramos y nos mezclamos con estos (cuenta Pueyrredón). En las primeras atropelladas un indio boleó el caballo del mayor de los Valenzuela (los hermanos Valenzuela eran oficiales del ejército entrerriano. Mansilla los había recomendado al coronel Martín Rodríguez, relatando la estima que les tenía Artigas cuando combatieron en la Banda Oriental) Valenzuela cayó y su caballo le apretó una pierna. Pero su hermano- que solo usaba lanza porque era manco y no podía manejar la carabina) se abalanzó sobre el indio que iba a ultimar a su hermano ¡Se la clavó en la nuca sacándolo del caballo como si fuera un pajarito! Entonces el primero pudo levantarse y llegar donde yo estaba con solo la pistola en la mano, amagando con ella a cada indio que lo quería atacar, teniendo que hacer esta acción muchas veces, por el gran número que los rodeaba.

En tal estado cargaron los Colorados con los Húsares y los indios huyeron dejando algunos cadáveres en el campo”.

El regreso a Tandil fue penoso, insoportable. El frío y el hambre exterminaron los efectivos militares. Debieron comer los bueyes de las carretas cuando se les acabó la carne y luego quemar las carretas, cuando se acabó la leña. Todas las noches morían de frio de 10 a 15 soldados. Para mayor desventura, el Gobernador Martín Rodríguez recibió en camino la noticia de que había sido sustituido, mediante resolución de la Legislatura, por el general Juan Gregorio de Las Heras.

Dice Pueyrredón que, tras algunos días de descanso en Tandil, el Ejército se disolvió y los cuerpos regresaron a sus anteriores destinos.

¿Qué fue de los entrerrianos? Algunos quedaron en el Fuerte Independencia y constituyeron la segunda remesa de pobladores de Tandil.

Lo confirmaría el hecho de que el coronel Narciso del Valle, entrerriano apareció afincado y prestando servicio en Tandil poco después.

Ref: La conquista del Desierto- Coronel Juan Carlos Walter- Círculo Militar 1964

La Guerra al Malón- Comandante Manuel Prado Editorial Claridad 1970

Todo es Historia- Hugo Nario - Año 1 Nº 7 Noviembre de 1967 

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