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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 17 de Julio de 2021 - Nota vista 1046 veces

Amado Bonpland: Una vida aventurera y apasionante

Aimé Jacques Goujard, había nacido en La Rochelle (Francia) el 28 de agosto de 1773. Si bien su apellido real era Goujard, siempre fue conocido por el de Bonpland (Bon-Plant), traducido como Buena Planta, ya que así lo llamaba su abuelo y con ese apellido trascendió al reconocimiento desplazando el propio.

Hacia 1791 se trasladó a Paris para estudiar medicina en la Universidad de Paris, profesión esta que lo introduciría en el estudio de las Ciencias Naturales, especialmente la Botánica, donde encontró su verdadera vocación escuchando a sus maestros Jean Baptiste Lamarck, Antoine Laurent de Jussieu y René Desfontaines, todos ellos seguidores del sueco Karl von Linneo. Siguió con sus estudios de la ciencia que eligió, la medicina trasladándose a Rochefort para estudiar cirugía naval.

Luego en Paris conoció al naturalista alemán Alexander von Humboldt entre 1788 y 1799. Este encuentro fue determinante en la vida de ambos jóvenes. Apenas se conocieron, nació entre ambos el deseo de compartir esa curiosidad por las Ciencias Naturales. Intercambiaban conocimientos, especialmente porque Humboldt se interesaba más en la mineralogía y la meteorología y Bonpland por la anatomía comparada y la botánica. Como resultado de esa afinidad comenzaron a recorrer Francia y España, recogiendo especímenes y estudiando las rocas, las plantas, los animales, el cielo, todo despertaba su curiosidad y era analizado. ¡Todo un mundo de misterios y enigmas por descifrar los aguardaba! Finalmente se embarcaron para Sudamérica desde La Coruña en una corbeta de guerra española la “Pizarro” con destino a La Habana. Sin embargo no llegaron a destino porque tuvieron que desembarcar en Cumaná (Venezuela) por una epidemia a bordo. Lejos de arredrarse, pasaron entonces a recorrer Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, México y Estados Unidos.

En estos recorridos Bonpland obtuvo unas 60.000 plantas, siendo desconocidas en Europa unas 6.000 variedades no clasificadas. Esta impresionante colección fue depositada como donación en el Jardin des plantes en Paris.

Del minucioso estudio de todo este material y sus correspondientes dibujos, editó cuatro volúmenes que denominó Voyaje aux regions equinocciales du noveu continent fait en 1799- 1804. Luego en colaboración con Humboldt, los siete volúmenes de Nova genera et species plantarum. La colección constaba de 45 cajones.

En 1805, el Gobierno Imperial Francés aceptó la donación asignándole a Bonpland una pensión anual de tres mil francos, que fuera recomendada por quienes fueron sus maestros Lamarck, Jussieu y Desfontaines.

En Londres conoció a Bernardino Rivadavia, quien lo entusiasmó para viajar a Buenos Aires. A fines de 1816 se embarcó con su esposa Adelaide, su hija Emma y dos jardineros. Arribó a Buenos Aires en 1817 trayendo su biblioteca, semillas, 2.000 platas, 500 sarmientos de vid, 600 sauces y 40 naranjos y limoneros. Estuvo un tiempo alojado en una posada cerca del Fuerte de Buenos Aires. Luego se estableció en un sitio denominado “Hueco de los sauces”, donde hoy se encuentra la Plaza Garay en el Barrio de Constitución. Antiguamente era atravesado por un arroyo denominado “Tercero del Sud” donde plantó algunos sauces y también otras especies en los alrededores de Buenos Aires como así también en la Isla Martín García, donde encontró plantas de yerba mate que habían traído los sacerdotes jesuitas. Era la primera vez que Bonpland veía una planta del llamado “te del Paraguay”. Luego la yerba mate y su cultivo pasarían a ser una verdadera obsesión para él.

Bonpland vivía del ejercicio de la medicina, pero su vida aventurera y su pasión por descubrir y conocer todo lo que ignoraba, lo llevó a viajar a las antiguas Misiones Jesuíticas, entre los ríos Paraná y Uruguay donde la yerba mate crecía silvestre.

Partió en octubre de 1820, dejando a su esposa y a su hija, a las que no volvería a ver, ya que luego de un tiempo, se volvieron a Francia.

En la denominada República de Entre Ríos y que comprendía también a Corrientes y Misiones, Bonpland decidió fundar un establecimiento agrícola y dedicarse al cultivo de la yerba mate. En Corrientes conoció al General Francisco Ramírez, quien se interesó y lo alentó en sus proyectos. Se estableció entonces en Santa Ana, en la actual Provincia de Misiones, territorio este disputado entre el Paraguay y las Provincias Unidas. La comercialización de la yerba mate era un monopolio del Paraguay, y el establecimiento de Bonpland fue creado sin permiso del gobierno paraguayo. El Dictador Supremo del Paraguay, Dr. Gaspar Rodríguez de Francia envió 300 hombres y dispuso la destrucción del establecimiento y el arresto de Bonpland por considerarlo un espía por ser francés y amigo de Ramírez y los caudillos artiguistas.

Bonpland fue encadenado y llevado a Itapúa, donde tuvo que permanecer cautivo durante mucho tiempo. Estuvo cautivo en el Paraguay durante 9 años pero luego de un tiempo le permitieron establecerse en Santa María, al sur del Paraguay. Donde dedicaba sus días a la práctica de la medicina y la farmacia, además de dedicarse a la destilación de esencias y obtención de medicamentos de origen vegetal.

Personalidades de todo el mundo intercedieron por su libertad, sin resultado. Hasta Simón Bolívar se interesó en su caso. Así vivió, hablaba guaraní con sus pacientes, cultivaba la tierra, y descalzo sentado en el suelo vendía miel en la recova de Itapúa.

Un buen día, en febrero de 1831, fue liberado sin ninguna explicación pero intimado a hacer abandono del Paraguay de inmediato. Un año después arribó a Buenos Aires después de un largo viaje. Tenía entonces 59 años. Nunca se quejó de su prisión. Por el contrario hablaba con bondad del dulce pueblo paraguayo y de la belleza de esos lugares.

En algunos de sus libros manifiesta que su cautiverio fue “parcial” ya que podía desplazarse libremente dentro de un determinado número de kilómetros. Según dice el mismo Bonpland, fueron esos “los años más felices de su vida”. Relataba una especie de conversación con las plantas y con los animales y agregaba que “conoció” el alma de los aborígenes de la zona, los que le demostraron con sus actitudes nobles y solidarias, ser más puros que los demás hombres que había conocido en su Francia natal. Y al tratar de cerca con los animales ratificó que el lenguaje de estos -inversamente a los hombres- solo expresa verdades. Cuando lo liberaron de su agradable cautiverio se trasladó a San Borja (Brasil) en aquel momento territorio uruguayo por la acción de Artigas. Sus últimos años vivió en Paso de los Libres donde murió el 17 de septiembre de 1858 a los 85 años y allí descansa. Horas antes de morir pidió que lo acercaran a la ventana. “Permítanme oír el canto de los pájaros, quiero morir oyéndolos” fueron sus últimas palabras.

Bonpland fue también el organizador del Museo de Ciencias Naturales de Corrientes.

Lleva su nombre la antigua población de Santa Ana en Departamento Candelaria, (Misiones) y una localidad en el Departamento de Paso de los Libres (Corrientes).

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